Con el amor para el amor

Con el amor para el amor

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El cariño verdadero mueve la historia en sus mejores páginas. La destrucción y el mal nacen cuando el amor se desvanece.

Jérôme Lejeune, uno de los expertos en genética más importantes del siglo XX, dijo en una ocasión: “La anticoncepción es hacer el amor sin hacer el nińo; la fecundación ‘in vitro’ es hacer el nińo sin hacer el amor; el aborto es deshacer el nińo; y la pornografía es deshacer el amor”.

Ningún enamorado quiere deshacer el amor. Ningún padre de verdad quiere perder a su hijo. El cariño verdadero mueve la historia en sus mejores páginas. La destrucción y el mal nacen cuando el amor se desvanece, y entonces la vida se hace gris, triste, a veces teńida con finas o gruesas gotas de sangre…

La humanidad está empezando un nuevo milenio. Lo estamos escribiendo un poco cada uno. Querríamos que fuese más limpio, más hermoso, más grande que los milenios que nos han precedido. Será mejor en la medida en que amemos.

Por eso nos resulta urgente recuperar el verdadero sentido del amor y de la vida. Las dos cosas no pueden separarse. Una vida sin amor es vida, pero empobrecida, coja, en declive. Un carińo que quiera abrirse a la plena madurez, que quiera llegar plenamente al amor, no puede prescindir de la vida. Por eso sólo en el matrimonio tienen sentido las relaciones sexuales. Por eso el mejor lugar para el nacimiento de un hijo es una familia unida, abierta a los demás, llena de un amor sin fisuras.

Cuando el amor crezca disminuirá la injusticia y el miedo. El aborto desaparecerá. La pornografía no tendrá lugar en nuestros hogares. Y la fecundación “in vitro” dejará lugar a la forma de concepción humana que es más digna de todo hijo y de los mismos padres: la de los nacimientos que son acogidos como don, que no son forzados por la manipulación de la ciencia. Esa ha sido la forma “ecológica” de transmisión de la vida que ha dado resultados durante siglos. Esa es la forma humana de amar, que lleva a la plenitud de los esposos y de los hijos. Nos urge ponerla en práctica, para que el milenio que empieza sea un poco mejor, un poco más alegre, un poco más hermoso, para las generaciones que lo comenzamos y para las generaciones que lo van a recibir de nuestras manos.



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