“Perdono, perdono, perdono”

“Perdono, perdono, perdono”

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Perdonar a alguien que nos ha ofendido o lastimado  no se improvisa en un momento.

 


"Sor Leonella todavía estaba viva, su sudor era frío. Nos dimos la mano, nos miramos y, antes de apagarse como una vela, en tres ocasiones, me repitió sus palabras de perdón: "Perdono, perdono, perdono". Estas fueron sus últimas palabras", afirma sor Marzia Feurra, misionera de la Consolata y compañera de la misionera italiana asesinada este domingo en Mogadiscio, Somalia.

Perdonar a alguien que nos ha ofendido o lastimado  no se improvisa en un momento. Se necesita mucho amor, comprensión, coraje, humildad  y estar muy cerca de Dios para – en un caso como el que nos ocupa- no pensar en la venganza, ni  sentir odio o  rencor por el que nos hace daño físico o moral. Pero, sobretodo, haber vivido durante muchos años estas palabras de Jesús: "La caridad no toma en cuenta el mal" (l Cor 13,5).

Porque, amigos míos, hay una pequeña diferencia entre los seguidores de Mahoma y los católicos. Los conflictos, malentendidos y, los rencores que vemos a nuestro alrededor necesitan cada vez de más perdón para llegar a la reconciliación. No nos podemos quedar indiferentes ante el odio y la violencia que nos rodea.

Mientras que unos no dejan de atribular y amenazar de muerte hasta que se castiga una falta, supuestamente acogidos a las palabras del Corán: "Les mostraremos nuestros signos sobre los horizontes y en ellos mismos, hasta que se les haga claro que Él es la Verdad" (Corán, XLI, 53) "Rechaza el mal con lo que es mejor. Conocemos muy bien las cosas que alegan. Di: ‘Mi Señor, en ti busco refugio contra las sugestiones de los rebeldes. Y en ti busco refugio, mi Señor, para que no se me acerquen’…" (23/97-99).

Otros, los católicos, ven en el perdón el acto de amor por excelencia y no se quedan indiferentes ante los conflictos, la violencia, el odio, los  malentendidos y los rencores que pululan  a nuestro. Es más, hoy más que nunca , comprenden la necesidad del perdón para llegar a la reconciliación, a la paz.

Ya lo dijo, en una ocasión, Juan Pablo II: "El único camino de la paz es el perdón. Aceptar y ofrecer el perdón hace posible una nueva cualidad de relaciones entre los hombres, interrumpe la espiral de odio y de venganza, y rompe las cadenas del mal que atenazan el corazón de los contrincantes. Para las naciones en busca de reconciliación y para cuantos esperan una coexistencia pacífica entre los individuos y pueblos, no hay más camino que éste: el perdón recibido y ofrecido. ¡Cuan ricas de saludables enseñanzas resuenan las palabras del Señor: "Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos!" (Mt 5, 44-45). Amar a quien nos ha ofendido desarma al adversario y puede incluso transformar un campo de batalla en un lugar de solidaria cooperación".

A lo que me gustaría añadir estas palabras de Benedicto XVI :"Nada puede mejorar en el mundo, si no se supera el mal. Y el mal sólo puede superarse con el perdón."

Parece difícil, ¿verdad? Pero cada día estoy más  convencida de que  no es  imposible.



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