Comentario al mensaje de Su Santidad Benedicto XVI para la cuaresma del 2011

Comentario al mensaje de Su Santidad Benedicto XVI para la cuaresma del 2011

Amigos /as, al iniciar el tiempo de Cuaresma, me permito ofrecerles un breve comentario mío del hermosísimo mensaje cuaresmal de nuestro Papa Benedicto, con la finalidad de que nos ayude a vivirla con profundo e intenso sentido religioso. Se trata, por cierto, de un tiempo valiosísimo de “purificación en el espíritu, oración y caridad operosa, para caminar hacia la Pascua temporal y la eterna”.

I. La comparación de la Cuaresma con el Bautismo.

Tratemos de vivir la cuaresma, nos dice el Papa, como “la aventura gozosa y entusiasta del discípulo”, aquella misma que iniciamos, tal vez un tantito desprovistos, el día de nuestro Bautismo. Sea, en efecto, esta Cuaresma la gran oportunidad que la Gracia nos otorga para redescubrir y revivir las sobrenaturales bondades del Bautismo recibido: “la muerte del hombre al pecado, la participación de la vida nueva en Jesucristo Resucitado y la acogida del Espíritu Santo”. La noche de la ‘gran vigilia pascual’, en efecto, seremos invitados a “sumergirnos en la muerte y resurrección de Cristo mediante el Sacramento del Bautismo” para estar disponibles y abiertos, nuevamente, a Dios y al prójimo. Vivamos, por tanto, esta Cuaresma como si se tratara de un nuevo ‘catecumenado’, en la espera de nuestra transformación final en discípulos ‘crucificados con Cristo’ y ‘resucitados con Él’.

II. La iluminación de la Palabra evangélica de cada domingo de Cuaresma.

En este ‘camino cuaresmal’ hacia la Pascua y para prepararnos a celebrar gozosamente la Resurrección del Señor, el Papa nos invita a dejarnos guiar por la Palabra de Dios y, especialmente, por los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma:

1. Primer domingo. “El primer domingo del itinerario cuaresmal –nos explica el Papa- subraya nuestra condición de hombre en esta tierra. La batalla victoriosa de Jesús, contra las tentaciones, en efecto, es una invitación a tomar conciencia de nuestra propia fragilidad para acoger la Gracia que libera del pecado e infunde nueva fuerza en Cristo”. La fe cristiana, en el pensamiento de Benedicto XVI, implica siempre la lucha ‘contra los Dominadores de este mundo tenebroso’. A este punto, considero importante que identifiquemos, con realismo, cuáles son las fuerzas y las ideas que, de facto, nos están dominando, en aras de nuestra fidelidad y congruencia a Cristo.

 
2. Segundo domingo. La Transfiguración del Señor, que nos viene relatada por el evangelista Mateo, es “anuncio de la posible ‘divinización’ del hombre, de cada hombre, y de su futura gloria”. Una invitación, además, “a alejarse del ruido de la vida diaria para sumergirse en la presencia de Dios”. Considero muy oportuna la sugerencia del Papa para reencontrarnos, en este tiempo cuaresmal, con nosotros mismos, en la profundidad de nuestra conciencia y en condiciones necesarias de soledad y silencio interior.

3. Tercer domingo. El episodio de la ‘samaritana’, quien dice a Jesús ‘dame de beber’, de un lado, expresa la ‘pasión de Dios’ por todo hombre y, de otro lado, “quiere suscitar en nuestro corazón el deseo del don del <agua que brota para la vida eterna>, o sea, el don del Espíritu Santo”. Es Él, en efecto, que hace de nosotros los cristianos <adoradores verdaderos>, o sea, capaces de orar al Padre. Además, “sólo esta agua, que nos da el Hijo, irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha”. La presencia del Espíritu Santo, desde luego, es imprescindible si deseamos, de verdad, experimentar, en nuestra vida, la presencia deliciosa del Señor y la gratificación de ser discípulos suyos.

4. Cuarto domingo. El evangelio de este cuarto domingo nos relata el milagro, por parte de Jesús, del ‘ciego de nacimiento’. Es, por tanto, el domingo de Cristo ‘luz del mundo’ y de la ‘luz de la fe’. En efecto, el ciego, al recobrar la vista, reconoce a Jesús, cree en Él hasta exclamar: “¡Creo en ti, Señor!”. Excelente oportunidad, también para nosotros, para reactivar y consolidar nuestra fe en Cristo luz. “Él es –nos anuncia el Papa- quien ilumina todas las oscuridades de la vida y lleva al hombre a vivir como <hijo de la luz>”. No olvidemos, por tanto, continúa su Santidad: “que privado de la luz de la fe todo el universo acaba encerrado dentro de un sepulcro sin futuro”. El estar viviendo, de hecho, en un mundo, que hace de todo para marginar y eclipsar a Dios, nos hacemos testigos de secuencias sin límites de maldades y de muertes violentas e inocentes. La regresión ética de nuestra sociedad, el utilitarismo imperante, la difusión de conceptos falseados de libertad y el relativismo ideológico son las raíces nefastas de la destrucción de los valores, principios, instituciones y religiosidades, que todo mundo lamenta.
 
5. Quinto domingo. La proclamación de la resurrección del amigo Lázaro, hermano de Marta y María, nos enrostra al misterio último de nuestra existencia, o sea, a nuestro futuro y esperado tránsito a la vida eterna. Cosa, ésta, que es posible gracias a Jesús, quien se auto proclamó ‘resurrección y vida’. Para la comunidad cristiana, afirma el Papa: “es este el momento de volver a poner con sinceridad, junto a Marta, toda la esperanza en Jesús de Nazaret”. Por cierto, continúa diciéndonos el Papa: “La comunión con Cristo en esta vida nos prepara a cruzar la frontera de la muerte, para vivir sin fin en Él”. Dios, por cierto, ha creado al hombre para la resurrección y para la vida. El caos materialista de la cultura dominante y la estrechez del pensamiento débil imperante, por cierto, dejan poco espacio a las propuestas trascendentes y sobrenaturales que el Evangelio de Jesús nos anuncia con amorosa insistencia.

III. Las prácticas tradicionales de la Cuaresma: oración, ayuno y caridad (limosna).
El mensaje cuaresmal del Papa, en fin, se concluye con la invitación a seguir practicando, durante la Cuaresma, lo tradicional, es decir: la oración, el ayuno y la caridad. Estas, por cierto, siguen siendo las expresiones más auténticas de nuestro compromiso de ‘conversión’ real y la forma de vivir, cada vez más radicalmente, nuestro amor a Cristo. Nada más que, en esta ocasión, para que sepamos valorarlas adecuadamente, el Papa nos proporciona nuevas motivaciones ‘religiosas’:

a) Acerca del “ayuno”, en efecto, escribe: “Haciendo más pobre nuestra mesa aprendemos a superar el egoísmo para vivir en la lógica del don y del amor…y reconocer a Dios en los rostros de tantos de nuestros hermanos”.

b) Acerca de la “limosna-caridad” así se expresa: “Se trata de la capacidad de ‘compartir’. En seguida, resalta las implicaciones y consecuencias destructivas del apego enfermizo a los bienes materiales: “La idolatría de los bienes –sigue escribiendo el Papa- en cambio, no sólo aleja del otro, sino que despoja al hombre, lo hace infeliz, lo engaña, lo defrauda sin realizar lo que promete, porque sitúa las cosas materiales en el lugar de Dios”.

c) Acerca de la “oración”, el Papa sugiere que sea enriquecida de Palabra de Dios, o sea, que sea ‘Palabra de Dios’ hecha oración. Además, nos recuerda lo trascendente y meritorio que es “encontrar tiempo para Dios” y “entrar, así, en íntima comunión con Él, que ‘nadie podrá quitarnos’, y que nos abre a la esperanza que no falla y a la vida eterna”.

A manera de conclusión, finalmente, el mensaje cuaresmal del Papa nos señala la necesidad de “convertirnos”, realmente y siempre más, a la voluntad y a los proyectos de Dios en nuestra vida y en la historia humana. Para eso, el Papa nos recuerda en qué consiste, propiamente, la conversión auténtica:

* En dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo, a la manera de la conversión de Saulo por la vía de Damasco.
* En orientar nuestra existencia según la voluntad de Dios.
* En liberarnos de la calamidad del ‘egoísmo’.
* En abrirnos a la caridad hacia los necesitados inspirándonos al Maestro Jesús.

Desde luego, no podía faltar la recomendación para que todos nuestros propósitos y proyectos de conversión sean puesto bajo la protección y el auxilio de la Virgen María: “que engendró al Verbo de Dios en la fe y en la carne, para sumergirnos como ella en la muerte y resurrección de su Hijo Jesús y obtener la vida eterna”.

CORDIALMENTE: EL PATER.



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