Hay tanto poder en cada gesto litúrgico que hace temblar a los demonios

Hay tanto poder en cada gesto litúrgico que hace temblar a los demonios

Pablo VI, en la audiencia general del 15 de noviembre de 1972, dijo algo que heló a muchos: «Se creía que, después del Concilio, el sol habría brillado sobre la historia de la Iglesia. Pero, en lugar del sol, han aparecido las nubes, la tempestad, las tinieblas, la incertidumbre».

Según declaraciones del cardenal Virgilio Noé, que trabajó por muchos años en la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino durante el pontificado del Papa Montini, Pablo VI había aceptado con sumo placer la reforma litúrgica que tuvo lugar tras el Vaticano II, pero  muy pronto vio con alarma cómo se propagaba una ola de abusos litúrgicos.

El humo de Satanás

Siempre será recordada también aquella otra afirmación del Papa Montini respecto de que «el humo de Satanás ha entrado por alguna fisura en el templo de Dios». Con esto, al parecer, se refería a todas las consecuencias nefastas que se produjeron tras la crisis post-conciliar, si bien el cardenal Noé está seguro de que, más que nada, lo decía por los atentados contra la liturgia, perpetrados por «todos esos sacerdotes, obispos y cardenales que no adoraban correctamente a Dios al celebrar mal la Santa Misa debido a una interpretación equivocada de lo que quiso implementar el concilio Vaticano II. El Papa habló del humo de Satanás porque él sostenía que aquellos sacerdotes que convirtieron la Santa Misa en basura en nombre de la creatividad, en realidad estaban poseídos de la vanagloria y el orgullo del Maligno».

¿Quiénes podrían ser los más interesados en que la Santa Misa fuera deformada?  Sin duda, Satanás y sus secuaces. Y la razón es muy sencilla: cada acto, cada gesto litúrgico bien realizado en modo e intenciones es un verdadero azote para los demonios; la liturgia correctamente practicada los debilita.

Ejemplo de ello ocurre en el Exorcismo Mayor, que es un rito de carácter litúrgico; como sacramental, los efectos que produce se obtienen por la intercesión de la Iglesia a través del cumplimiento de dicho rito. No es que Dios no expulse o no pueda alejar demonios por otros medios —por oraciones de liberación, ayunos, etc.—, pero es el modo «oficial» a través del cual Él decide intervenir porque no se desdice del poder que le ha otorgado a su Iglesia.

liturgia sin aprecio

El ex católico, y ahora líder de su propia secta, Mario Alberto Piedra Ulloa, cayó en la misma trampa en la que sucumbieron los «creativos» deformadores de la liturgia: dejaron de entender el verdadero valor de ésta. Por algunos años colaborador —pero no exorcista—en el ministerio de exorcismo de la diócesis de Querétaro, Piedra dijo en una entrevista: «Renuncié al ministerio de exorcistas porque Jesús… nunca se apropió el título de exorcista, simplemente a la persona que veía mal, en el poder de su Santo Nombre le ordenaba que se fuera, el demonio salía y así era. Ahora el exorcismo son rezos, son fórmulas que no van de acuerdo con la Palabra de Dios; para mí no van de acuerdo».

Este señor perdió de vista que la misma Palabra de Dios  afirma que los carismas no son generalizados sino que son repartidos según el querer de Dios  (cfr.  I Co 12, 7-11;  28-30 ); entre ellos existe el carisma de expulsar demonios, frecuentemente ligado a la vida de algunos santos, como la francesa santa Solange: ante la sola presencia de ella, los posesos quedaban inmediatamente liberados. Pero si Dios no ha suscitado, por la razón que sea, el carisma de exorcista en una diócesis, ¿significa que desea que los posesos queden bajo el dominio del diablo? Ciertamente que no (cfr. Mt 10, 8); pero la falta del auténtico carisma de exorcista el Señor la contrarresta con el poder de atar y desatar que ha depositado sobre la Iglesia (cfr. Mt 16, 19;  18, 18), y es por ese mismo poder que la Iglesia ha establecido las fórmulas litúrgicas efectivas que constituyen el ritual de los exorcismos.

Un poder tremendo

Pero, como ya se dijo, toda liturgia —y no sólo el Exorcismo Mayor— tiene un grado de poder sobre los demonios. Si hay alguien que ha entendido como nadie esta verdad es el gran Benedicto XVI; es por eso, y no por nostalgia de las viejas tradiciones, que rescató muchos elementos litúrgicos olvidados. Es verdad que muchos de éstos no eran «esenciales», en el sentido de que, sin ellos, la Misa y demás ritos seguían siendo igual de válidos; pero  cada elemento litúrgico tiene una razón de ser, una fuerza y una riqueza que la Iglesia no tiene por qué arrinconar en un baúl cuando existe la posibilidad de darle el uso que le corresponde.

Y nadie como el Papa Ratzinger le ha dado a la liturgia su digno lugar, tanto que, literalmente, el demonio ha tenido más miedo de él que de otros santos como Gema Galgani, el padre Pío o incluso Juan Pablo II, ante cuyos nombres se revuelca el Adversario.

Así lo dice el exorcista de la diócesis de Roma, padre Gabriel Amorth, en su libro El último exorcista (2012): «Satanás teme muchísimo a Benedicto XVI. Sus Misas, sus bendiciones, sus palabras, son como poderosos exorcismos… Creo, sin embargo, que todo su pontificado es un gran exorcismo contra Satanás. Eficaz. Poderoso. Un gran exorcismo que mucho debería enseñarles a los obispos y a los cardenales… La manera como Benedicto XVI vive la liturgia, su respeto a las reglas, su rigor, su postura, son eficacísimos contra Satanás. La liturgia celebrada por el Pontífice es poderosa. Satanás es herido cada vez que el Papa celebra la Eucaristía».

Esto queda confirmado por monseñor Andrea Gemma en su libro Confidenze di un esorcista (2009), en el que cuenta que el diablo admitió en un exorcismo: «El vejestorio [así llamó este ángel caído a Juan Pablo II] nos ha hecho un daño enorme, pero el que está ahora [Benedicto XVI] es peor».

Por Diana R. García B.



Comentarios cerrados.