¿No volverá a ocurrir?

¿No volverá a ocurrir?

Lo escuchamos o lo decimos con seguridad, desde lo más profundo del alma: “no volverá a ocurrir”. Porque nos duele lo que pasó. Porque deseamos que se tomen medidas inmediatas para arreglar las cosas. Porque suponemos que a partir de ahora todo será diferente.

Pero el mundo es mucho más complejo y rompe los esquemas de nuestros deseos e imaginaciones. Porque después de haber puesto un paso a nivel volvió a ocurrir un accidente en el mismo lugar. Porque pensamos que el jefe de trabajo había aprendido la lección y mañana nos sorprende con una nueva decisión ingrata. Porque nosotros mismos somos volubles, inconstantes y egoístas…

A pesar de todo, deseamos un mundo con menos errores, con menos desperfectos, con menos malicia; un mundo seguro, transparente, con reglas claras y con corazones abiertos al bien, la verdad y la justicia.

Ese mundo, al final tenemos que reconocerlo con pena, no existe. Es cierto que algunas decisiones, incluso radicales, han mejorado las cosas y han prevenido daños. Pero también es cierto que otras decisiones, orientadas precisamente a promover seguridades, han sido contraproducentes: o porque fueron precipitadas; o porque quienes deberían aplicarlas carecen de la necesaria prudencia o son, tristemente, deshonestos; o porque algunos aprenden en seguida a burlar las nuevas normas y siguen actuando maliciosamente.

Por eso, en muchos casos llegará ese día en el tendremos que reconocer que aquello que tanto temíamos volvió a ocurrir. Nos dolerá mucho, por el daño que sufrimos o por ver a otros gravemente perjudicados. Nos dolerá, sobre todo, al descubrir que los males reaparecen una y otra vez en la vida humana.

A pesar de todo, no hay que desanimarse. Aunque los males se repitan, aunque sobreviven mentes maquiavélicas que preparan trampas a lo largo del camino, podemos hacer propósitos firmes y realistas orientados a promover ese poco (o ese mucho) de bien que está en nuestras manos. Luego, miraremos al cielo y confiaremos en Dios, que es quien dirige los caminos de la historia humana y es capaz de superar el mal con bienes insospechados y maravillosos.



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