La pascua en la tradición judeo-cristiana

La pascua en la tradición judeo-cristiana

En Jerusalén se prepara la fiesta de la Pascua que celebra la libertad de los judíos que escaparon del yugo de la esclavitud en Egipto en tiempos de Moisés y conmemora la noche en que los esclavos hebreos marcaron sus casas con la sangre de un cordero para que la venganza no alcanzara a los primogénitos de Israel.

¡ Dios de Abraham, Isaac y Jacob ! , ¡ Dios Justo ! , ¡ Dios Santo !, ¡ Dios Inmortal ! , ¡Dios Universal !, ¡ Dios Padre Omnipotente !, ¡ Dios Padre Piadoso!, ¡ Dios Padre Eterno !, cuanto hemos esperado que llegara el día de nuestra liberación, como Moisés que escapando de la espada del Faraón se convirtió en el libertador de los hebreos que huyeron del cautiverio de Egipto.

Ya han transcurrido generaciones desde el primer enfrentamiento de Sansón y los israelitas contra los filisteos hasta su derrota definitiva con la unción del gran Rey David, origen del linaje y ascendiente directo del libertador de la casa de Israel que tanto esperaban los judíos, como en la época del exilio en tierras de Babilonia que tan amargamente profetizó Jeremías, y que bajo la dominación del Imperio Romano el pueblo israelita sentía en su propia tierra.

¡ Alegraos !, ¡ regocijaos !, porque nuestro cautiverio ha terminado, Cristo ¨El Ungido¨ está entre nosotros, es de la estirpe de David y de sus descendientes nos ha venido la salvación, de Belén de Judea es el hijo de Dios.

Jesucristo, el “Rabí” o maestro como le llamaban, era hijo natal de Belén, de un “nagar” o carpintero del pueblo de Nazareth en Galilea que se llamaba José y que había hecho voto de nazareno o de consagrarse a Dios, y de una muchacha llamada María que era la madre virginal de Jesús.

Jesús, el hijo de Dios, predicador galileo, se encontraba cerca del lugar a orillas del río Jordán en Perea recordando donde su primo Juan el Bautista, el mayor de los profetas de la Biblia, había estado bautizando y anunciando la llegada del Mesías. Estaba allí con sus discípulos, Simón Pedro o Cefas y su hermano Andrés, Juan y su hermano Santiago el Mayor o Zebedeo, Judas Tadeo, Santiago el Menor o Alfeo, así como Simón el Zelote o Cananeo, Mateo el publicano, Tomás al que llamaban el gemelo, Bartolomé o Natanael, y Felipe.

¡ Oh Jerusalén !, proclama la gloria del Señor porque hoy es el día de tu liberación.

Entretanto, el Rey Herodes Antipas, tetrarca de Perea y Galilea, había hecho encarcelar y decapitar en su fortaleza de Maqueronte a Juan el Bautista, porque consideraba a Jesús de Nazareth como a un usurpador. La clase dirigente judía de los “haberim” o pertenecientes al “Sanedrín”, o Supremo Consejo, también veían con recelo a Jesucristo porque el pueblo lo aclamaba y proclamaba como el Rey de los Judíos que les traería la libertad. La secta de los fariseos y saduceos que tenían la autoridad nacional y religiosa, los “soferim” o maestros de la Ley y estudiosos de las Escrituras, lo consideraban como a un perturbador que ponía en entredicho sus enseñanzas.

¡ Oh Señor !. ¡ Rey de Reyes !, que amas a tu pueblo y que escapaste de la espada de la casa de Herodes has venido para liberar a los oprimidos.

Que humilde condición la de aquellas gentes que como era habitual cada año se reunían procedentes de todas partes para dar gloria al Señor, eran “amhaares” de toda índole despreciados por los escribas y fariseos, “goims” o paganos, con “cuttonas”, túnicas por vestido, y “simlahs”, mantas de abrigo, desgastadas por el tiempo, en contraposición con aquellos que se distinguían por las “zizith”, borlas o franjas que los israelitas llevaban en los vestidos para recordar los mandamientos de la Ley de Dios, con las “cufiehs”, prendas para la cabeza, o “taliss”, que caían sobre sus hombros, y que solían llevar cuando oraban en la sinagoga.

¡ Santo !, ¡ Santo !, ¡ Santo !, es el Señor, Dios del Universo, llenos están el Cielo y la Tierra de tu Gloria, ¡Hosanna! en el Cielo, bendito el que viene en nombre del Señor, ¡Hosanna! en el Cielo.

El poder del César, el Emperador de Roma, era omnisciente, y divinizado por el paganismo del Imperio, el politeísmo era la religión oficial. Y Judea era una provincia romana que por el pasado histórico monoteísta de la tradición judaica, depositaria de las tablas de la Ley que Moisés recibió en el monte Sinaí, la convertía en caldo de cultivo de insurrecciones y sublevaciones por su reticencia a adoptar las costumbres y usos de sus conquistadores.

Especialmente en estas fechas las guarniciones romanas de la Torre Antonia de la ciudad estaban en estado de alerta permanente, pues los judíos alentados por su exaltado sentido del nacionalismo y exacerbados por la convicción de ser el pueblo elegido, hacía ya largo tiempo que consideraban al ejército de ocupación como al opresor.

El Gobernador romano, el procurador Poncio Pilato, alertado por los disturbios y motines ocasionados por miembros de fanáticas y agresivas sectas judías como la de los zelotes o los sicarios, con un tal Barrabás al frente que había sido encarcelado, también juzgaba la fama que precedía al galileo como un signo de inestabilidad para lograr imponer en su provincia la voluntad del César Tiberio retirado en Capri y cuyo regente era Calígula, y porque ponía en peligro su soberanía y era un estorbo para sus fines en aras del orden público establecido.

¡Escucha Oh Israel !. No endurezcas tu corazón como hicieron nuestros antepasados junto a la montaña sagrada del Sinaí, porque tuvieron que vagar por el desierto durante una generación hasta encontrar la tierra prometida de Canaan.

Se acercaba el día de los panes ácimos cuando hay que sacrificar el cordero pascual, y por entonces Jesús se dirigió al Templo de Jerusalén para orar al Señor, y encontrando en sus atrios a cambistas y mercaderes que negociaban con el precio de las ofrendas que se habían de entregar a la casta de los sacerdotes para llenar sus arcas del tesoro, arremetió contra sus puestos derribándolos y desparramando las monedas por el suelo, y a latigazos les expulsó del Templo.

¡ Pídeme ! y te daré las naciones en herencia y extenderé tus dominios hasta los límites de la tierra. Los regirás con vara de hierro y como vaso de alfarero los romperás.

Y buscando la manera de quitarlo de en medio sin que la gente se enterara, dos días antes del día de los panes sin levadura se había tramado una traición contra Él, entre un tal Judas Iscariote, habitual entre sus allegados que administraba los ases de cobre que recibían de las gentes para atender sus necesidades y había decidido entregarle a cambio de dinero, y el Sumo Sacerdote, Caifás, que para apresarle había acordado una recompensa de 30 siclos de plata, única moneda nacional judía en circulación.

Llegado el día en que se celebraba la noche de la pascua judía, y hacia el atardecer cuando empezó a cesar el bullicio de las gentes por las calles, Jesús después de predicar en el Templo se retiró con sus discípulos a un cenáculo de la ciudad.

El Señor es mi vara y mi cayado, ¡ nada temeré !. El Señor es mi pastor, ¡ nada me falta ! …

El lugar de encuentro con la Guardia del Templo donde habían acordado prenderlo sería durante la noche después de la cena pascual en el huerto de los olivos, llamado Getsemaní, con el fin de llevarle acto seguido a juicio y condenarlo a pena de muerte. Los cargos de que se le acusaría serían de sedición, por proclamarse rey de los judíos, y blasfemia, por llamarse “el mesías” hijo de Dios, y antes de despuntar el alba sería llevado ante Poncio Pilato para su crucifixión porque el poder romano se reservaba el “jus gladii”, es decir, tenía la última palabra para decidir entre la vida o el suplicio en cruz de un reo.

¡ Ay de ti Jerusalén ! que matas a tus profetas, destruye este Templo y Sagrario del Espíritu Santo y en tres días lo reconstruiré, porque la piedra del fundamento que desechasteis será la piedra angular.

Referencias bibliográficas.

Amenós, J. – Carrére, G. – Castellanos, J. – Correa, M. – García-Roca, F.J. – Mandingorra, J. – Martínez, C. Ética, Psicología y Cristianismo. Enciclopedia y Biblioteca de Ciencias Jurídicas, Económicas y Sociales. Dpt. Economía Política. Facultad de Derecho. UMA – Universidad de Málaga. España (2007).

Amenós, J. – Correa, M. – Mandingorra, J. Psicología y Martirio. El testimonio de fe del s. I-IV d. J.C. en el Imperio Romano. Conferencia del VI Congreso de Psiquiatría – Interpsiquis. UIB – Universidad de Islas Baleares. España (2005).



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