El arcángel y san Juan Pablo II

El arcángel y san Juan Pablo II

San Miguel arcángel ha bajado a nuestro mundo y se ha aparecido en diversas ocasiones: En Roma, Italia, en el año 590 ante el papa Gregorio Magno en la parte más alta del Castel Sant’Angelo; en Mont San Michel, Francia, en el año 708 para pedir al obispo Aubert -de Avranches- que se le edificara y consagrara allí un santuario, mismo que se consagró el 16 de octubre del año 709 y luego, en el 966, se construyó en la cima del monte la famosa abadía benedictina de Mont Saint Michel; en Tlaxcala, México, en el año 1631 se apareció al indígena Diego Lázaro para hacer brotar ante él una fuente de agua milagrosa que sanara todas las enfermedades y necesidades espirituales.
Además de estas tres apariciones, el arcángel san Miguel se apareció en la gruta del Monte Gárgano, en Italia, en cuatro ocasiones:

La primera ocurrió el 8 de mayo del año 490 cuando se le apareció al obispo de la localidad luego de que un hombre encontrara a uno de sus toros perdido en el fondo de la gruta y arrodillado por el cansancio. Compadecido del animal, su dueño le disparó una fecha para acabar con su sufrimiento, pero la flecha dio la vuelta en el aire y se volvió hacia él. Sorprendido, fue a enterar al obispo, quien ordenó que se hicieran tres días de ayuno y oración afuera de la cueva para discernir si lo ocurrido provenía del cielo. Mientras oraban afuera de la cueva, san Miguel se apareció al obispo y le dijo: “Yo soy el arcángel san Miguel, y siempre estoy ante la presencia de Dios. Esta cueva es sagrada para mi; es de mi elección. No debe haber más sacrificios de sangre de toros y esta gruta debe consagrarse al culto cristiano. Deseo que este lugar se venere en toda la tierra y sea privilegiado, pues es Dios quien me ha constituido Protector y Defensor de este sitio. Lo que aquí se pida en oración, será concedido”.

La segunda tuvo lugar el 19 de septiembre del año 492 durante la que el arcángel se apareció nuevamente al obispo, le prometió librar a la ciudad de una invasión de los Godos si confiaba y tenía fe, y le pidió que se le edificara una iglesia en la gruta.

La tercera aparición sucedió el 29 de septiembre del año 493 luego de que el Papa indicara al obispo que hiciera oración afuera de la gruta durante tres días pidiendo la intercesión de san Miguel para decidir si se edificaba su iglesia en este sitio. Nuevamente el arcángel se apareció al obispo y le dijo. “No es necesario que me dediques esta iglesia, yo mismo la he consagrado con mi presencia. Entra, y bajo mi asistencia ora y celebra el sacrificio de la Misa. Te enseñaré cómo yo mismo he consagrado este lugar”. Al entrar a la gruta, el obispo encontró un espléndido altar revestido de un mantel rojo y una cruz de cristal. En una roca de la entrada quedó impresa la huella de un pie, confirmando la presencia del arcángel.

La cuarta ocurrió el 22 de septiembre de 1655 a fin de salvar al reino de Nápoles de una severa epidemia; para ello, el arcángel le dio algunas indicaciones al obispo al decirle:“Sepa, ¡Oh! Pastor de este rebaño, que he obtenido de la Santísima Trinidad la gracia de que cualquiera que utilice con verdadera devoción las piedras de mi gruta, alejará de su casa, de la ciudad y de todo lugar, la peste. Entere a todos de esta gracia divina y bendiga las piedras en mi nombre con la señal de la cruz”. El obispo así lo hizo y de inmediato terminó la epidemia.

Son muchísimos los peregrinos que acuden a la gruta en el Monte Gárgano, de Italia, para rezar al arcángel san Miguel y encomendarse a su poderosa protección; también son muchos los santos que han visitado este lugar, como san Agustín, san Francisco de Asís, san Antonio de Padua y san Pío de Pietrelcina. Uno de ellos, san Juan Pablo II, acudió allí para encomendarle la situación de la Iglesia. El 24 de mayo de 1987 llegó a la gruta, rezó la oración del papa León XIII a san Miguel arcángel y luego expresó: “he venido a venerar e invocar la protección del arcángel san Miguel y pedirle que defiende a la Santa Madre Iglesia. La batalla contra el demonio -por lo que él se distingue- es real todavía hoy, ya que el demonio está vivo todavía y muy activo en el mundo moderno”.



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