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Soy tesoro porque llevo un tesoro

Reflexión dominical para el 25 de Mayo de 2014

“El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a Él”. Aleluya.

No solemos pensar mucho esto. Pero es el Espíritu Santo lo más grande que ofrece Jesús a los suyos: cuando hay un gran tesoro se guarda en un estuche apropiado.

Dios se hizo tesoro nuestro y nos preparó un cuerpo maravilloso y puso dentro un alma capaz “de cargar a Dios”.

Ahí sólo puede entrar nuestra voluntad que es la que acepta el tesoro y lo cuida.

Los enemigos están por todas partes haciéndole el juego al diablo.

San Pedro nos lo advierte:

“El diablo, como león rugiente, ronda en torno a nosotros buscando a quien devorar. Resistidle firmes en la fe”.

Hoy la sociedad nos presenta unos espejismos maravillosos para robarnos el gran tesoro, la presencia de Dios.

Este versículo de Juan (14,23) no entra en el párrafo del Evangelio de hoy pero nos lo recuerda el versículo aleluyático.

El Evangelio de hoy es continuación de las maravillas que Jesús trató con los suyos en la última cena y lo recordamos en estos días de Pascua.

De todas formas, hoy tenemos nuevas promesas maravillosas de Jesús:

“Si me amáis guardaréis mis mandamientos”. Y nos hará otro regalo maravilloso que es “el otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad”.

El primer Consolador es Jesús. Se va y al mismo tiempo quedará con nosotros.

Pero ahora promete el otro Paráclito.

La palabra Paráclito puede significar abogado, ayudador, consolador, incluso Jesús le dará el significado de acusador o fiscal más adelante durante la misma conversación.

La gente metida en el pecado, “el mundo, no puede recibirlo porque no lo ve ni lo conoce”, no puede verlo ni entenderlo ni aceptarlo.

Pero los amigos de Jesús, “vosotros, lo conocéis porque vive con vosotros y está con vosotros”.

¿Has pensado muchas veces que el Espíritu Santo vive contigo… está contigo?

Sí, en tu interior hay otro más íntimo y, por supuesto, más importante que tú mismo: es el Espíritu Santo, es Dios. Tú eres su estuche. ¿O no recuerdas lo que Pablo decía a los corintios: “sois templo de Dios y el espíritu Santo vive dentro de vosotros?”.

“Templo” que guarda a Dios. Es otra comparación para que entiendas lo importante que eres.

A veces no entendemos por qué se persigue a los cristianos.

Satanás sí lo sabe y por eso persigue a los cristianos portadores de diamantes más bellos que los de Sierra Leona.

Hay más promesas:

“No os dejaré huérfano. Volveré”. Es decir ¡Resucitaré!

Y ahora se acerca la frase que ya hemos comentado:

La unidad plena entre Dios, Cristo, tú y yo: “Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre y vosotros conmigo y yo con vosotros”.

Y continúa Jesús: “el que acepta mis mandamientos y los guarda ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre y yo también lo amaré y me rebelaré a él”.

Éste es el pedido de Jesús: guardar sus mandamientos, especialmente el mandamiento del amor que es su distintivo:

“Éste es mi mandamiento “que os améis unos a otros como yo os he amado”.

¿Nos amamos?

¿Amamos a los enemigos?

¿Amamos a todos como ama Dios?

Si no es así, somos teóricos del Evangelio pero no cristianos.

Los Hechos de los Apóstoles nos siguen contando cómo iba creciendo la Iglesia en sus primeros tiempos.

Felipe va a Samaria. Hace milagros. Se arma un verdadero “lío” (como dice nuestro Papa Francisco) y tienen que venir Pedro y Juan para llenarlos del Espíritu Santo:

“Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo”, como tú en la confirmación.

Posiblemente en aquellos samaritanos se notaba esa bendita presencia más que en los que se confirman ahora.

¿Se nota en ti el Espíritu que recibiste en la confirmación?

Un consejo: si te confirmaste, recibiste el Espíritu Santo y lo olvidaste, ahora hazte su amigo de una manera consciente.

Aprovecha su presencia real y verás cómo surgen en ti los dones y frutos del Espíritu Santo y encontrarás una alegría profunda. ¡Y la paz!

Esto te hará apóstol e irás por el mundo repitiendo a todos los cristianos y a los que quieran serlo:

¡Dios está contigo y te ama!

Finalmente, la carta de Pedro nos recuerda una vez más en este tiempo pascual, la Resurrección de Cristo, el hombre Dios: “como era hombre, lo mataron; pero como poseía el Espíritu fue devuelto a la vida”.

Esto nos invita a pensar que si llevamos dentro este tesoro maravilloso que es Dios, resucitaremos también, seremos devueltos a la vida.

Porque llevas a Dios dentro, tú también resucitarás a una vida eterna.

Cuando la gente te diga “cuídate”, aprovecha para pensar cómo cuidas al que llevas dentro de ti.

¡Cuida tu tesoro!

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo