La familia, esperanza social

La familia, esperanza social

La violencia social, es una realidad en la cual los medios han dado relieve al fenómeno del bullying, se trata de una violencia que se manifiesta en todos los órdenes humanos aunque en este caso se refiera solo a la que se da en el contexto escolar.

Es un indicador de descomposición social que las nuevas generaciones consideran normal al no conocer otro estado de cosas. Principalmente porque ven los valores humanos perdidos entre las brumas que parten desde sus propios hogares.

Ante el S.O.S de las   noticias, el gobierno se lanza a la “solución” en el necesario protagonismo de lo que es políticamente correcto ante lo que considera auténticas demandas sociales, que las más de las veces solo reflejan una opinión publica influida por los medios. Lo hace con más leyes, de esas que suelen quedar en letra muerta, pero que dan la impresión de responsabilidad por su parte. La pretendida reacción de los gobiernos, recuerda el caso de un enfermo que consulta a su médico por una infección en la garganta, este le receta medicamentos para los malestares, pero no antibióticos que ataquen el agente infeccioso, de momento el paciente se siente mejor, pero poco tiempo después se encuentra aún más enfermo; ya que al haber ocultado los síntomas de la enfermedad, esta simplemente siguió su curso. Es decir, el medico ofreció soluciones pero no resolvió el problema. No es lo mismo atacar el efecto que la causa.

Algo similar pasa en el caso del problema de la violencia social, cuya causa se debe en mucho a que siendo la familia una institución natural, no un invento social del hombre, se ha intentado modificar sus estructuras, reinventándolas al antojo, desnaturalizándola, dañándola. Nada puede cambiar la realidad de que la familia es la primera escuela de las virtudes humanas en cuya esencia se integra toda la persona, al ser educada por amor y para el amor. Aquí se encuentra el verdadero daño que parece desconocerse en cuanto a su naturaleza, por lo que no se atiende el problema en su origen para redescubrir, sanar y vigorizar las inmensas posibilidades de las funciones estratégicas de la familia en el seno de la sociedad.

Veamos cuatro de estas funciones y la enorme contradicción de los marcos legales y/o ideologías que atentan contra su naturaleza, con medidas o conductas que lejos de resolver alientan el curso de sus enfermedades, entre ellas la violencia social.

1-            La familia es el agente protagonista del recambio generacional en un plano insustituible de riqueza afectiva y cuidado de los hijos.

Al aumentar la expectativa de vida y nacer cada vez menos personas, la población tendera a envejecer, quiérase que no. Pero en el insolidario aquí y ahora, los hijos estorban por lo que la oferta antinatalista que amasa fortunas de quienes producen preservativos, pastillas y demás, esgrime el eslogan “pocos hijos para darles mucho”, o el cacareado derecho de la mujer sobre su propio cuerpo, para legitimar el asesinato del más indefenso, solo porque es “no deseado” por no decir que estorba. Una sociedad que mata legalmente, se hace una violencia a si misma que la rebasa.

2-            El aspecto educativo es tan propio de la familia, que si este falla resulta imposible suplirla, pues estructura la personalidad armónica de los individuos mediante la identificación y experiencias vividas con aquellos referentes de la identidad: el padre, la madre, los hermanos, los abuelos, que sustentan el equilibrio psicológico y la adquisición de los valores necesarios para alcanzar la madurez. Constituye pues, una garantía de arraigo para las generaciones jóvenes y también una garantía de cohesión social hacia el futuro. Un futuro en un mundo que experimenta cambios acelerados y perdida de raíces e identidades, en el que la familia es, casi, lo único estable en la vida del individuo: siempre se es y se será hijo, hermano, tío, etc.

Pero ahí están las leyes divorcistas con su respectivo apoyo cultural, las corrientes desintegradoras que atentan contra su naturaleza como el mal llamado matrimonio del mismo sexo; la nueva cultura de padre o madre soltera; la oferta de bancos de semen para hijos a la carta, que hacen innecesario el amor humano de donación personal en el matrimonio, y por lo tanto, lo excluyen como proyecto de vida. Todas las patologías confluyen en frustraciones que generan violencia.

3-            La familia ofrece la mejor protección social. El núcleo familiar es la fuente primaria de seguridad personal, esta seguridad no hace referencia solo al apoyo en lo material o económico para los miembros que se encuentren en dificultades, sino también a la esencial ayuda y compañía mutua.

Pero en algunos países se promueve la eutanasia por “conmiseración, reconocimiento al derecho del enfermo y respeto a su dignidad”, sobre el aliento del amor sin medida de los parientes y el auxilio de cuidados paliativos. Se parte de suponer la existencia del desamor y egoísmo como una “nueva realidad” entre familiares, y como un hecho insanable. Se proponen así soluciones grotescas cuando el antibiótico es precisamente el amor que nace de la relación familiar.

4-            la familia es el primer ámbito de socialización, aprendizaje y trasmisión de pautas de conductas y de valores. El buen funcionamiento de las familias, es clave para la estabilidad social y solución de problemas como el bullying.

Presionan el entorno de la familia el permisivismo de licencias para expendios de alcohol en cada esquina y a cualquier hora; pornografía en panorámicos, quioscos de revistas y cajas de pago de supermercados; tv violenta; música anticultura; corruptelas de drogas, antros, etc.

Así las cosas, mientras no se promuevan y protejan las cualidades naturales de la familia, las soluciones que ofrecen las leyes son algo que no atacan el problema de raíz, y la enfermedad seguirá un curso en donde se le puede considerar “normal”, pero el estar enfermo, no lo será.

<<El estado es “para la familia” entendida esta como institución natural, pero faltan políticas familiares que las promuevan y sirvan de apoyo para sacar adelante sus propias responsabilidades sin quitárselas. El grave problema es que se parte de una idea equivocada del hombre, del matrimonio, de la familia; y por lo tanto de la vida en sociedad. Lo que hace difícil entender de fondo los problemas de la misma y saber resolverlos>>.

Revista Ser Persona, a partir de éste artículo desarrollará un programa temático que ayude al lector a adquirir criterios correctos sobre la ética de los valores matrimoniales y familiares, en relación a los problemas de actualidad que la atañen, inquietando y confundiendo.

Por Orfa Astorga de Lira

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