Una maravilla del Perú

Una maravilla del Perú

En el centro histórico de Lima, la capital del Perú, a sólo dos cuadras de la Plaza Mayor y a una cuadra del Palacio de Gobierno, en el cruce de la calle de San Francisco y la calle de la Soledad, se encuentra el extraordinario conjunto conventual de San Francisco, conocido en Lima como “San Francisco el Grande”. Está conformado por el convento con su iglesia principal -de fachada barroca-, el santuario de nuestra Señora de la Soledad -de portada neoclásica-, la capilla de la Virgen del Milagro -de frontis neoclásico- y por un atrio que lo hacen ser uno de los más representativos conjuntos arquitectónicos de Lima y uno de los más grandiosos legados de la época virreinal.

La historia de este lugar sagrado se originó con la fundación de Lima, cuando el 18 de enero de 1535 el conquistador Francisco Pizarro trazó el plano de la ciudad y distribuyó los terrenos. Uno fue para la provincia de los Doce Apóstoles, de la orden de los frailes menores, sobre el que fray Francisco de la Cruz levantó una pequeña ramada que usó como capilla. En 1546, fray Francisco de Santa Ana, edificó una modesta capilla, que después fue ampliada durante la construcción del Convento gracias al virrey del Perú Andrés Hurtado de Mendoza, protector de los frailes franciscanos. En el siglo siguiente, la capilla fue objeto de decoraciones que la convirtieron en una maravilla del arte virreinal, pero el terremoto del 4 de febrero de 1655 derribó el esplendor logrado tras un siglo de embellecimiento artístico.

Para edificar la nueva iglesia del convento, fray Francisco de Borja -Comisario general de la Orden- contrató al arquitecto portugués Constantino de Vasconcelos. La primera piedra se colocó el 8 de mayo de 1657 y se dedicó el 3 de octubre de 1672, aunque los trabajos en el convento se extendieron hasta 1929.

La fachada de la iglesia es de estilo barroco limeño adornada por un almohadillado de rocas que recorre sus muros. Al interior, es de estilo neoclásico con techo de estilo mudéjar. El retablo principal, también neoclásico, es obra del retablista español Matías Maestro.

La Sacristía, que se concluyó en 1730, posee una cajonería de madera para guardar ornamentos litúrgicos, que es una joya. Sus muros están adornados con hermosos lienzos del Taller de Francisco de Zurbarán.

La portería que da acceso al convento está revestida con azulejos sevillanos de extraordinaria belleza, colocados con una maestría tal que resalta su armónico origen arabesco. Los muros de la portería fueron decorados con un hermoso tríptico del Señor crucificado, pintado en óleo sobre tela; varias pinturas de las escuelas limeña y cusqueña del siglo XVII, de gran valor artístico, y una escultura en madera de Cristo crucificado.

El claustro es un patio cuadrilátero, con agradables jardines, rodeado de galerías en forma de arcos de medio punto. Cada lado es de once arcos y cada galería está sostenida por pilastras. Sus paredes también se decoraron con azulejos sevillanos, del año 1620, que ilustran temas referentes a la orden de los frailes menores y a los santos franciscanos, y con 39 lienzos, pintados en 1671 por artistas limeños, que presentan escenas de la vida de san Francisco. Además, cuando en 1974 se descolgaron los lienzos para ser restaurados, se descubrieron pinturas murales, al temple y al óleo, correspondientes a la escuela manierista italiana del siglo XVII. Cada una de las cuatro esquinas del Claustro alberga un retablo de madera -elaborados entre 1638 y 1640- con escenas de la vida de san Francisco de Asís. Los techos del claustro son bellísimos, también de estilo mudéjar, elaborados con madera de cedro procedente de Costa Rica.

Una historia curiosa y cercana a este convento la refiere el escritor peruano Ricardo Palma en su libro “Tradiciones peruanas” al narrar que los azulejos que fueron traídos de Sevilla para adornar los muros fueron colocados por el español Alonso Godínez, quien había sido condenado a la horca por haber matado a su esposa, pero que al momento de confesarse con el sacerdote franciscano que le acompañó antes de su ejecución, le hizo saber que su trabajo consistía en colocar (con una maestría fuera de serie) los azulejos en el convento. De inmediato, el Padre confesor acudió ante las autoridades para solicitar la indulgencia de Alonso Godínez a cambio y bajo promesa de que jamás saldría del convento y viviría como Hermano lego vistiendo el hábito franciscano.

La iglesia del convento de san Francisco -una maravilla del Perú, en Lima- fue elevada a rango de basílica menor por el papa san Juan XXIII el 11 de enero de 1963.

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