El caso Wesolowski y la voluntad de justicia del Papa

El caso Wesolowski y la voluntad de justicia del Papa

“Siéntase en la libertad de ir a fondo, para asegurar la justicia”. Son palabras de Francisco al procurador general de la República Dominicana. El Papa las repitió dos veces cuando saludó a Francisco Domínguez Brito el miércoles 3 de diciembre en la Plaza de San Pedro. Lo hizo para dejar en claro su voluntad de justicia en el proceso por abusos sexuales a menores conducido en los tribunales civiles del Vaticano contra el ex nuncio Jozef Wesolowski. Un juicio en el cual la Santa Sede se juega su credibilidad internacional.

El diálogo entre ambos fue clave, en el marco de la colaboración inédita entre los jueces vaticanos y dominicanos por el caso del clérigo polaco. El pontífice expresó su deseo porque las autoridades judiciales de ambos Estados “actúen con plena libertad y dentro del marco de las normas (vigentes)”. Y antes de despedirse del procurador le insistió: “Siéntase con la libertad para actuar”.

El proceso Wesolowski no tiene precedentes. Nunca antes un diplomático vaticano enfrentó la justicia con posibilidades reales de terminar tras las rejas. Reviste mayor gravedad por los delitos adscritos al imputado: abuso a menores y posesión de material de pornografía infantil.

Al menos tres jóvenes han prestado testimonio contra aquel hombre mayor con quien tuvieron encuentros ocasionales, en una zona turística de Santo Domingo. Al momento de los hechos lo conocían sólo como “Giuseppe” o, simplemente, “el americano”. Por sus cabellos rubios y su extraño acento. Nunca hubiesen imaginado que se trataba del representante papal en el país.

Las andanzas de Wesolowski se salieron de control. Por eso en agosto de 2013 Francisco lo removió de su puesto y lo convocó a Roma, donde fue sometido a un juicio eclesiástico que lo halló culpable y lo condenó a perder su calidad de sacerdote. No obstante el parecer desfavorable de su abogado, el ex nuncio apeló la sentencia. La Congregación para la Doctrina de la Fe aún no estudia su recurso de revisión y mientras no lo haga, la condena a la dimisión del estado clerical no es ejecutiva, se encuentra en suspenso.

Mientras tanto, en septiembre pasado y a instancias de Francisco, inició un proceso penal en los tribunales civiles del Estado Vaticano y se determinó la medida cautelar de arresto domiciliario contra el imputado, mientras se llevan a cabo las pesquisas de la “investigación previa”.

Dominicana está dispuesta a facilitar todo lo necesario para asegurar un castigo ejemplar contra el ex nuncio. Y confía en el Vaticano. Por eso el procurador Domínguez Brito viajó esta semana a Roma para reunirse con Gian Piero Milano, promotor de justicia (fiscal) asignado al caso, con quien sostuvo (el martes 2) un encuentro de más de una hora sobre aspectos técnicos de colaboración. Después fue recibido durante 30 minutos por Angelo Becciu, sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado.

No obstante la buena voluntad de las partes, ya se registró el primer cortocircuito el en canal de comunicación. Al salir de su reunión con Milano, el procurador Domínguez Brito aseguró a la prensa que el arresto domiciliario contra Wesolowski había sido “ratificado” y, en virtud de esa medida cautelar, el clérigo no podía abandonar por ningún motivo su habitación dentro del Vaticano.

Pero unas horas después el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, señaló a los periodistas que tras vencerse los términos de la custodia preventiva y “en consideración a sus condiciones de salud”, le fue autorizada “una cierta libertad de movimiento” pero “con obligación de permanencia en el interior del Estado y sujeto a oportunas limitaciones en las comunicaciones con el exterior”.

Esa declaración cayó como un balde de agua fría al nuncio actual en Dominicana, Jude Thaddeus Okolo, artífice de la visita del procurador a Roma y entre quienes empujan para que prevalezca la justicia. Esa contradicción interna no lo dejó bien parado. Detalles como ese pueden echar por tierra un proceso que requiere máxima atención, seriedad y profesionalismo de parte de la Santa Sede.

Según pudo saber el Vatican Insider, Wesolowski puede moverse con cierta libertad dentro del Vaticano. Se le permite ir a la farmacia, a la clínica y al supermercado. Esto no obstante hasta ahora nadie ha aclarado oficialmente cuál es su padecimiento físico, su enfermedad o el mal que lo aqueja (por el cual se le concedió el arresto domiciliario y no la prisión preventiva).

Por lo pronto la magistratura vaticana continúa sus investigaciones y ya cumplió un primer interrogatorio del imputado, al cual seguirán otros. En los próximas semanas los jueces podrán requerir información a la República Dominicana y después de un “tiempo prudencial” los magistrados decidirán –con base en las pruebas recopiladas- si envían o no al imputado a juicio.

Serafines susurran.- Que en Roma consideran correcta la actuación del arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez Fernández, en el horripilante escándalo sexual que invistió en las últimas semanas a su arquidiócesis. En agosto pasado el Papa se comunicó por teléfono con Daniel, el jóven víctima de un grupo de sacedotes abusadores que tuvo la valentía de denunciar. Al regreso de su viaje a Turquía, el pontífice reconoció que él mismo había intervenido para responder a la denuncia.

Pero quienes conocen de cerca el proceso aseguran que, casi simultáneamente a la llamada del Papa, el arzobispo entró en contacto con la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano para dar rápida ejecución a los pasos a seguir. Todo ocurrió en cuestión de días y las medidas judiciales aplicadas por Martínez Fernández, todas sin excepción, se tomaron en acuerdo con la Santa Sede. Fue también considerado como un gesto adecuado la petición de perdón realizada por el arzobispo y varios sacerdotes en la catedral, postrados por tierra.

Aunque en España ya se habla de la remoción del arzobispo de su puesto, en Roma llaman a la prudencia y aseguran que el Papa no ha tomado una decisión definitiva sobre el particular. Al menos por ahora.

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