La Iglesia, ¿conservadora e intransigente?

La Iglesia, ¿conservadora e intransigente?

Para muchos la palabra “conservador” es casi un insulto, una señal de falta de apertura y de necedad, porque iría contra el “progreso”. Para esos muchos, la palabra “intransigente” resulta todavía más negativa.

Para sorpresa de esos muchos, el beato Pablo VI usó las palabras “conservadora” e “intransigente” para referirse a un aspecto fundamental de la Iglesia. ¿Cómo y por qué?

En una audiencia general (19 de enero de 1972) el Papa Montini habló de la Revelación, del conjunto de verdades que Dios transmitió a los hombres. Esas verdades, recogidas bajo la expresión latina del “Depositum fidei” (Depósito de la fe), son inmutables, definitivas, por venir directamente de Dios.

Tras recordar que la Revelación llegó a su momento culmen con Jesucristo, Pablo VI explicó algunas consecuencias de este acontecimiento.

La primera, que la doctrina católica se separa de errores recientes, que encontraron su caracterización concreta en el “modernismo” condenado por san Pío X.

La segunda, que entonces “podemos comprender por qué la Iglesia católica, ayer y hoy, da tanta importancia a la rigurosa conservación de la Revelación auténtica, y la considere un tesoro inviolable, y tenga una conciencia tan severa de su fundamental deber de defender y de transmitir en términos inequívocos la doctrina de la fe”.

Por eso, continuaba el Papa en su discurso, la Iglesia tiene como primera preocupación la ortodoxia, conservar la doctrina en toda su pureza, como parte irrenunciable de su misión.

Es aquí donde se introducen las siguientes frases: “La Iglesia maestra no inventa su doctrina; ella es testigo, es custodia, es intérprete, es trámite; y, por lo que se refiere a las verdades específicas del mensaje cristiano, ella puede ser llamada conservadora, intransigente; y a quien le solicita hacer la fe más fácil, más relativa a los gustos de las mentalidades mudables de los tiempos, responde con los Apóstoles: ‘non possumus’, no podemos (Hch 4,20)”.

Sí, respecto del gran regalo del mensaje cristiano, la Iglesia es conservadora, porque preserva un tesoro inmenso que no es suyo, sino del mismo Dios; y es intransigente, porque ese mensaje no puede quedar rebajado para contentar al mundo con sus mentalidades antievangélicas, relativistas o totalitarias.

Son palabras de Pablo VI que recobran nueva vida tras su beatificación y ante las presiones de quienes hoy, como en tantos otros momentos de la historia, piden a la Iglesia que se adapte a la mentalidad del mundo.

La barca de Pedro, sin embargo, está llamada a mantener en alto la bandera de Cristo. Así, solo así, podrá ofrecer a los hombres y mujeres de nuestro tiempo un mensaje maravilloso de esperanza, de misericordia y de amor, que no es invención suya, sino que viene directamente de Dios.



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