El mundo conspira contra uno

El mundo conspira contra uno

En esta misión donde estoy me ha tocado estar de encargado de las llaves de los diferentes cuartos y más de una vez los hermanos vienen para pedirme la copia de la llave de su puerta. Cuando lo hacen me dicen: “Préstame la llave de mi cuarto porque se me cerró”. En broma y en serio les digo que la puerta no tiene dominio propio y si la llave se les quedó adentro no fue porque la puerta se haya negado a dárselas o quieran hacer un complot contra ellos. Al final aceptan que ellos por descuido dejaron la llave dentro y no quitaron el seguro. Otras veces he escuchado la expresión: “Me dejó el autobús”. En estos casos veo escondida la intención de no aceptar las fallas, de no aceptar la culpa. Esto es un mal congénito, es decir que es un mal que nace con la persona, es natural y no aprendido. Ya nuestros primeros padres así lo hicieron. Dios se dio cuenta que había pecado, que había desobedecido y decidió buscarlos:

“El hombre y su mujer escucharon que Dios el Señor andaba por el jardín a la hora en que sopla el viento de la tarde, y corrieron a esconderse de él entre los árboles del jardín. Pero Dios el Señor llamó al hombre y le preguntó: — ¿Dónde estás? El hombre contestó: —Escuché que andabas por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escondí. Entonces Dios le preguntó: — ¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? ¿Acaso has comido del fruto del árbol del que te dije que no comieras? El hombre contestó: —La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí. Entonces Dios el Señor le preguntó a la mujer: — ¿Por qué lo hiciste? Y ella respondió: — La serpiente me engañó, y por eso comí del fruto”. (Génesis 3, 8 – 14)

Dios pregunta a Adán y este no acepta su culpa y dice que fue Eva, ella dice que fue la serpiente. Nadie asume su culpa. Nosotros podemos estar caminando siempre en esos mismos errores. Reconocer nuestros errores es comenzar a corregirlos. Después tendremos que cambiar algunas cosas para que esos errores cambien. ¿Te ha pasado que alguien que conoces no acepta sus errores? ¿Has escuchado esas expresiones con las que siempre nos queremos justificar en la vida por nuestras fallas? ¿No seré yo uno de esos que siempre busco culpables o me justifico?

ORACIÓN

Señor, dame sabiduría para reconocer las veces que fallo. Dame humildad para aceptar esos errores y pedirte ayuda, fortaleza y mucho amor. Yo sé que cuando no hay amor no hay intención de mejorar las cosas, de hacerlas mejores. Dame mucho amor para poder ayudar a otros que quizá caminan por este mismo sendero de la soberbia y siempre busco escusas o le echo la culpa a otros.

Hasta la próxima.

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