Decisiones, procesos y resultados

Decisiones, procesos y resultados

Cada decisión genera un proceso. Pequeño o grande, irrelevante o decisivo, pero siempre imparable: no es posible detener la piedra cuando ya ha sido lanzada por la mano.

Una palabra dicha en un mal momento generó un proceso de ruptura en un matrimonio. Un instante de atención al entrar en la curva evitó un accidente y así el médico llegó a tiempo al quirófano. Una negativa ante un soborno salvó la conciencia de un político y permitió que no fuese aprobada una ley inicua.

Así en la vida: continuamente se generan procesos, y muchos de esos procesos surgen desde las decisiones humanas. Los resultados, luego, son tan diversificados que sorprenden.

Ser conscientes de lo anterior ayuda a pensar mejor nuestras opciones. Vivir al día y dejarse llevar por las impresiones del momento genera daños que luego lamentamos por meses o incluso por años. ¿Qué hubiera ocurrido con decisiones más serenas y con gobernantes amantes de la paz y la justicia en la Europa llena de tensiones en julio de 1914?

El mundo de hoy necesita hombres y mujeres maduros, equilibrados, honestos, prudentes. Personas así sabrán ponderar aquellas decisiones que más peso tienen para la vida de quienes están cerca o lejos.

Las buenas decisiones tienen en sí un germen de fecundidad y de bien, aunque no siempre se logren los resultados esperados: el mundo es un misterio de encrucijadas y de enredos, donde la opción justa de uno queda arruinada por la mala elección de otro.

También ocurre, gracias a Dios, que quien decidió un crimen político sumamente grave se vio imposibilitado por la ruptura del neumático de su coche, “arreglado” por un mecánico negligente…

Vivimos, por lo tanto, en un mundo lleno de procesos terribles o magníficos, simpáticos o repugnantes. Cada uno puede poner lo mejor de sí mismo para iniciar procesos que esperamos buenos, y para evitar aquellos procesos que vemos como malos.

Los resultados definitivos escapan a las mejores previsiones: están dirigidos, misteriosamente, por un Dios que al final sabe cómo sacar bienes también de los males…



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