¿Para qué sirve la vida?

¿Para qué sirve la vida?

¿Para qué sirve una olla? Para cocinar. Puede tener otros usos, pero está hecha para eso.

¿Para qué sirve la vida? La pregunta resulta extraña, porque la vida no es como una olla, con un fin concreto que explica cuál sea su uso adecuado.

A pesar de lo extraño de la pregunta, surge en nuestro interior: ¿para qué nací, para qué trabajo o estudio, para qué bebo, para qué duermo, para qué vivo?

La pregunta busca un sentido que ordene las mil actividades de cada día, desde que despertamos hasta que llega el momento del descanso.

Preguntar sobre la vida presente implica dirigir la mirada hacia la vida futura. En cierto sentido, lo que hacemos ahora cobra su sentido pleno si hay “algo” más allá de la muerte.

Ese “algo” no puede ser ajeno a mis mejores deseos, ni a mis ideales más nobles, ni a mi necesidad de amor. Ese “algo” sólo tiene sentido si vale de verdad, si es completamente bueno, bello, justo, verdadero.

¿Para qué sirve la vida? Para alcanzar la meta del cielo, para encontrarnos eternamente con un Dios que es Padre Bueno, Justo y Misericordioso.

Esa es la verdadera finalidad de nuestro vivir terreno. Esa es la meta que permite distinguir entre lo que hicimos mal (aquello que nos apartó de Dios y de los hermanos) y lo que hicimos bien (lo que nos acercó a Dios y a los demás).

Este día será útil si me prepara al gran encuentro, incluso si ya en cierto modo lo anticipa: entre los pucheros ya está presente el Señor, como enseñaba santa Teresa de Jesús.

Ahora, simplemente, puedo abrir los ojos del alma y caldear el corazón, para escoger, entre tantas opciones, aquel Camino que es también la Verdad y la Vida: Jesucristo, el verdadero Amor y el fin definitivo de toda existencia humana…



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