Asamblea del episcopado mexicano

Asamblea del episcopado mexicano

Dos veces al año nos reunimos los obispos del País. Estamos en una de ellas. Somos un poco más de 100.

Hemos tenido la evaluación de los trabajos pastorales de los tres años pasados, del 2012 al 2015. En vista de la próxima visita del Papa Francisco a nuestra Patria, las elecciones de los nuevos responsables para los trabajos de los tres años que vienen, se hará hasta abril del año próximo.

Somos Iglesia en México que quiere caminar con la Iglesia Universal, en concreto en comunión con el Papa y bajo su magisterio y servicio.

En el pasado Sínodo en Roma, en el que hemos orado, reflexionado y dialogado sobre la familia, el Papa Francisco nos ha insistido en dos aspectos centrales: caminar en espíritu sinodal, o sea juntos, escuchándonos mutuamente y todos escuchando al Espíritu Santo; además hacerlo a la luz de la misericordia, el rasgo por excelencia de Dios Padre y que nos es manifestado por Cristo Jesús.

En esta Asamblea, los obispos hemos escuchado y hablado en este sentido, de caminar juntos y de vivir la misericordia, cercanos unos a otros y todos recapacitando cómo estar cercanos al pueblo de Dios, para llevar a todos la misericordia de Dios.

La visita del Papa anhelamos que sea una experiencia significativa. Ya el pueblo mexicano sabe de lo que es una visita del Papa: 5 veces recibimos al Papa Juan Pablo II, ahora santo, y 1 vez al Papa Benedicto XVI. Ahora recibiremos al Papa Francisco. Será en febrero, pero no se han definido totalmente los días y lugares de su visita. Esperaremos a que el Papa nos lo diga posteriormente. Lo que sabemos es que tiene muy en cuenta llegar a la Basílica del Tepeyac y luego ir a otros lugares que no hayan sido visitados por los Papas anteriores.

Por lo pronto vayamos preparando la mente, el corazón y la posibilidad de acercarnos físicamente a alguno de los lugares que luego se anuncie. Hagamos oración por el Papa, como él mismo nos lo pide reiteradamente. Ya está grande de edad y los viajes le cansan mucho; pero no rehuye hacerlos. Y hagamos oración también para escucharlo atentamente y con disponibilidad a comprometernos en lo que nos diga, para bien nuestro, no sólo de manera personal o familiar, sino para bien de nuestra Patria.



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