Verdad y misericordia

Verdad y misericordia

Los primeros párrafos de la Encíclica Caritas in Veritate formaban una preciosa danza entre la caridad y la verdad. La verdad está dentro de la caridad, la caridad está llena de verdad. La verdad abre al sentido del amor, la caridad es la síntesis de toda ley. Un vaivén con el que Bernedicto XVI quería mostrar la unidad entre ambas esferas. No hay amor en mantener a las personas engañadas, de la misma manera que la verdad nunca puede ser una losa que se arroje sobre la cabeza de quien se está ahogando, sino una cuerda que aferra el salvavidas en su extremo y se pone con cuidado al alcance del otro.

El pasado viernes 20 de mayo el Papa Francisco pronunció una homilía en la Residencia de Santa Marta en la que señaló algunas claves dirigidas a interpretar Amoris Laetitia. Esta exhortación apostólica ha sido duramente criticada por pequeños sectores de la Iglesia que, normalmente con buena voluntad, no habían asumido Caritas in Veritate, es decir, la unidad entre el amor y la verdad. Al no comprender este punto se pierde de vista un hecho fundamental: la verdad cristiana no es como un ticket de entrada, que se te exige en la puerta y si lo tienes pasas y si no lo tienes te quedas fuera, sino que debe ir allí donde el otro esté y acompañarle con paciencia, cariño y humildad hasta que él mismo descubra, en el testimonio, la vocación que Dios le ofrece para que su vida se cumpla. Por eso indicaba Francisco la importancia de “las dos cosas que Jesús nos enseña: verdad y comprensión”.

El Evangelio nos exhorta a buscar al que está perdido y hacer con él un camino. Solo que, si no hay verdad, si no tenemos una orientación para nuestros pasos, nos vamos a perder nosotros también. Como dijo San Pedro: sin palabras de vida eterna, ¿a dónde iremos? Para ayudar tenemos que estar movidos por el amor de Cristo y así dar testimonio de Él. Si vamos a decir lo que dicen todos solo repetiremos los mensajes de la televisión; y si vamos a acompañar como acompañan los demás, es decir, sin afecto por el destino del prójimo, mejor nos dedicamos a cuidarnos a nosotros mismos, que falta nos hace.



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