Jornadas de Misericordia

Jornadas de Misericordia

Esta semana se celebra una nueva convocatoria internacional de la Jornada Mundial de la Juventud. Todas ellas han sido enormemente significativas para tantos jóvenes que han tenido ocasión de celebrar su fe cristiana, su encuentro con Cristo, en un ambiente festivo e internacional.

Todos los cristianos tenemos necesidad de encontrarnos una y otra vez con el Señor, de que ese hecho excepcional que nos hizo un día reconocerle de manera inequívoca vuelva a suceder, y los momentos en los que la comunidad viva de la Iglesia se expresa como un pueblo que se sabe cuerpo de Dios son ocasiones privilegiadas para que algo así suceda.

Esta Jornada Mundial de la Juventud va a ser muy especial y para eso se ha preparado desde hace tiempo según su lema: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. En su primera misa abierta tras ser elegido obispo de Roma Francisco ya puso en evidencia el mensaje central que iba a constituir su pontificado. Entonces dijo: “El mensaje de Jesús es la misericordia. Para mí, lo digo desde la humildad, es el mensaje más contundente del Señor”.

Poco después, durante la JMJ celebrada en Río de Janeiro a finales de julio de 2013, anunció que la siguiente celebración internacional de esta índole sería en Cracovia, la patria de San Juan Pablo II, pero también de Santa María Faustina Kowalska, conocida como “el apóstol de la Divina Misericordia”. Allí, en Cracovia, está el santuario de la Divina Misericordia, que se va a constituir en el centro de los actos más importantes del fin de semana.

No es, por lo tanto, una casualidad. De hecho, cuando regresaba en el avión de aquel viaje a Río Francisco ya reflexionaba así: “Es mamá, la Iglesia, y debe seguir por el camino de la misericordia. Y tratar con misericordia a todos (…) Cuando hay alguno…, no sólo hay que esperarlo: ¡vayan a buscarlo! Esta es la misericordia. Y creo que esto es un kairós: este tiempo es un kairós de misericordia. Esta primera intuición la tuvo Juan Pablo II cuando comenzó, con Faustina Kowalska, la Divina Misericordia… Él tenía algo, había intuido que era una necesidad de esta época.”

Francisco es un hombre espontáneo, pero percibe lo que la Iglesia necesita y tiene una propuesta para todos nosotros que esta semana, vayamos o no a Cracovia, podemos intentar comprender y vivir.



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