Función sacerdotal de la Familia

Función sacerdotal de la Familia

La Iglesia en su función sacerdotal, ofrece sacrificios espirituales al Padre y conduce el mundo hacia Él. “Los bautizados vienen a ser “piedras vivas” para edificación de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo…”

El Bautismo hace participar en el sacerdocio común de los fieles. Conducir la familia al Padre, ser educadores de la vida religiosa de nuestros hijos, esa es nuestra difícil tarea de padres. En el sacramento del matrimonio recibimos la gracia necesaria para realizar esta tarea.

De esta función podríamos sacar muchísimas consecuencias para nuestra vida cotidiana. ¿Cómo hemos desarrollado nuestra creatividad en las celebraciones de la Pascua y Navidad? Recordemos que somos parte viva de la Iglesia y que participamos de su vida litúrgica. La Eucaristía es la “fuente y cumbre de la vida cristiana” y por lo tanto también debería serlo de nuestra vida familiar. “Que nuestra vida diaria sea una perpetua repetición de la presentación de las ofrendas, de la consagración y de la comunión. Así participaremos de la función sacrificial del sacerdote”. Somos sacerdotes para nuestros hijos y nuestra tarea es ayudarlos a crecer en su vida de oración. Aquí tiene un rol particular la madre en la enseñanza y el padre presidiendo las oraciones familiares y bendiciendo a los hijos.

La Iglesia participa de la función real de Cristo en el gobierno del mundo. Pero lo hace como el Buen Pastor sirviendo a los suyos. Los padres realizan esta tarea en primer lugar para con sus hijos. “La salvación de mi familia ha sido puesta en mis manos. Esto es muy importante para nuestra actitud personal y espiritual. Yo soy el buen pastor previsto por Dios desde la eternidad para mi Iglesia en miniatura; sobre mis espaldas descansa la felicidad o la desgracia de mis hijos”.

Las tres virtudes esenciales del buen Pastor son su amor, su fidelidad y su solicitud.

1. El buen Pastor es el que da la vida por sus ovejas, el que ama a los suyos. Esa es la actitud interior de los padres frente a los hijos. Se trata de comprender bondadosamente a los hijos.

Los padres tratan de escuchar y entender lo que sus hijos llevan en su corazón. Confían en el bien del otro y lo estimulan. Son respetuosos de la originalidad de cada uno y del misterio de pequeñez que hay en cada persona.

2. La fidelidad es la característica particular de este amor. La fidelidad entre los esposos no se trata solamente de no engañar a nuestro cónyuge con otro varón u otra mujer, sino fidelidad significa luchar cotidianamente, en las pequeñas cosas para que este amor crezca.

Un empleado fiel es aquel con el que podemos contar en cada momento y hace bien su trabajo, no sólo el que no nos engaña trabajando para la competencia. Qué importante es valorar este aspecto que está tan debilitado en nuestra vida familiar. Qué importante es rezar por nuestra mutua fidelidad.

3. La solicitud de pastor nos lleva a luchar para que nuestra familia sea abierta y preocupada para los que nos rodean. Una familia solidaria con el entorno que le toca vivir. Si queremos constituir una gran comunidad, tenemos que solidarizarnos con las familias que se nos unen. Preocupémonos de ellas, hagamos sacrificios y oremos por ellas. Queremos conformar un pequeño reino, no sólo en el marco de nuestra propia familia, sino más allá de ella; queremos ser una sola alma y un solo corazón con todas las familias.

Si alguien viniese y preguntase dónde está la Iglesia, mi respuesta tendría que ser: mi familia. ¡Qué gran tarea!

Mi familia es una Iglesia en pequeño. Allí esta Cristo presente y desde allí realiza su obra redentora. Si antiguamente fueron los conventos los lugares entorno a los cuales creció el occidente cristiano ahora serán las familias, verdaderos talleres de vida cristiana, en torno a las cuales occidente volverá a ser cristiano

Preguntas para la reflexión

¿Es mi familia una Iglesia doméstica?

¿Somos una familia solidaria con los demás



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