Soy provida y no me avergüenzo

Soy provida y no me avergüenzo

Cuando el 7 de enero de 2015 dos islamistas atentaron en Francia contra la revista satírica “Charlie Habdo” por sus caricaturas sobre el Islam y su profeta, los políticos, periodistas y gran parte del pueblo francés levantaron la voz y defendieron el derecho a la libertad de expresión. Poco antes, la misma revista publicó ofensivas imágenes sobre el Papa y la Santísima Trinidad basándose en el mismo derecho a pesar de herir sentimientos religiosos de millones de creyentes.

En 1948, Francia firmó la Carta Universal de los Derechos Humanos que en el Artículo 19 se lee: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones.” Hasta el momento todo parece lógico y correcto. Sin embargo, en febrero de 2017 el Gobierno Francés prohibió por ley los sitios web que ofrecen alternativas al aborto. Si, se apoya las páginas de internet que promueven y animan a abortar mientras se castiga a los responsables y activistas “provida” con las multas que superan 30.000 dólares.

Ya no es la cuestión de ideologías o creencias sino el mismo hecho que a los ciudadanos franceses que están a favor de la vida se les priva de uno de los derechos fundamentales que es el derecho de expresión. En este caso ni los políticos, ni periodistas ni tampoco el pueblo levantaron la voz defendiéndolo del mismo modo y con el mismo fervor como lo hicieron con “Charlie Habdo”. Más aun, las personas que públicamente se declaran como defensores de los niños no-nacidos son discriminadas y ridiculizadas. Entonces, ¿Hay libertad de expresión para todos o no la hay?

En Europa hay varias especies de aves protegidas por las leyes. Si vas por el bosque y rompes el huevo de uno de estos, las autoridades te castigan de tal forma que tienes que pedir el crédito al banco para poder pagar la multa.

Desgraciadamente no se protege así la vida de un ser humano que está en la fase de desarrollo en el vientre de su madre biológica. En estas circunstancias no pido más, solo que la vida humana se respete al menos igual que la vida de un pájaro. El derecho de vivir es el más importante que cualquier otro. Si no se permite vivir a un niño, ¿para qué le sirven los derechos a la salud, educación y expresión?

Por Dominik Kustra



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