Respuestas del Concilio Vaticano II a los desafíos de hoy

Respuestas del Concilio Vaticano II a los desafíos de hoy

De los numerosos documentos del Concilio, podríamos resumirlo en tres grandes desafíos:

1. Separación entre fe y vida.
El principal problema de hoy es la separación entre fe y vida cristiana. Surge con la ciencia que opone la razón a la fe: creo lo que puedo probar y lo demás no creo. Y culmina en una separación del mundo de los hombres en la tierra, del mundo de Dios. Son mundos distintos. En muchos, se da una doble vida: el domingo cristianos y durante la semana paganos. El espíritu del Concilio es recuperar la visión del hombre antiguo, del cristiano de todos los tiempos: que fe y vida van unidos,

Surge así la primera idea fundamental, el hombre que vive con una fe especial, que tiene presente en todo momento al Dios providente; es la Fe práctica en la Divina Providencia. ¿Qué es eso? Significa que Dios está detrás de todo lo que pasa en nuestra vida, en la historia.

Se encarnó y creó las cosas, no independientes, sino en relación profunda con Él, la fe práctica debe ser camino, huellas, guiarnos hacia Él, así nuestra tarea de hombre con esa fe en la Divina Providencia, es descubrir, detrás de todas las cosas que pasan en este mundo que nos rodea, ver al Dios que actúa en estas cosas.

O sea, es una visión de una fe viva, y no una fe en artículos de fe. Es una fe en un Dios de la vida, que está presente, que me acompaña y actúa en mi vida concreta.

2. Camino para la fe práctica es María. El segundo tema conciliar presenta a María, como un camino hacia esa fe viva y la razón es ese lugar tan especial que ocupa la Virgen en la historia de salvación.
¿Pensaron Uds. su extraordinaria posición? Es la madre de Dios, que se hace hombre a través de una persona humana como nosotros.

Elige una mujer entre millones como madre de su hijo. Es una vocación fuera de lo común y creo que Dios, le dio esa posición no sólo para aquella época sino para todos los tiempos. Así la Iglesia y los cristianos debemos darle esa importancia, esa posición.

Además de madre de Jesús, es el gran modelo del cristiano de todos los tiempos; Uds. dirán: ¡el modelo es Cristo!, es verdad, pero ella es la persona que refleja ejemplarmente a Cristo, y nosotros tenemos que reflejarlo, pues no somos Cristo. Especialmente para la mujer, es la gran imagen de Cristo, en forma femenina, así María es el modelo de cómo reflejar a Cristo, de como acercarnos, como seguirlo, como entregarnos a Él.

Es modelo para responder a los problemas actuales, como la unión armónica de fe cristiana y vida humana, y es el modelo de esa fe prác¬tica en la Divina Providencia, expresada en la vida concreta de cada día, a través de ese diálogo con Dios que esta presente en cada momento de nuestra vida y María no es sólo la intercesora, el modelo, que es lo más conocido, sino que también es madre y como tal una educadora.

María es nuestra gran educadora de ese cristiano que necesita el mundo de hoy. Es la formadora de ese hombre educado según el modelo de Ella, y educado por Ella. Es ese hombre quién hará vida el Concilio Vaticano II.

3. Nueva conciencia de misión. Es el tercer logro. Reconquistó la conciencia de misión. Hasta entonces la Iglesia se presentó como acomplejada, a la defensa contra la ciencia, los protestantes, los errores, etc., condenando herejías y cosas por el estilo, pero muy poco consciente de su identidad y de su misión.

Así surgió una fuerza nueva, se renovó la imagen de una Iglesia estática como una piedra, que no muda. Surgió una nueva Iglesia, instrumento de Dios para el mundo y los hombres de hoy, esa Iglesia que quiere hacernos a los hombres más hombres, en el sentido de que eso lo lograremos, cuando más miremos a Dios, a María, a Cristo, porque esa es la imagen verdadera del hombre.

Así la Iglesia no se opone, sino que ayuda a surgir esa fraternidad nueva que el mundo de hoy busca. El hombre fraternal unido con los demás o sea, no es un obstáculo para eso, como parecía antes, sino que esa es su gran misión. Y la fe, la unión con Dios es el camino para llegar a eso. Surge un nuevo concepto de la Iglesia: la fe, está al servicio del hombre y de un mundo más humano.



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