Los mismos que promueven el diálogo quieren relegar la religión a la vida privada. Si la religión es relegada únicamente a la esfera de la vida privada, entonces se niega su capacidad para tener un positivo impacto en la sociedad.
Parece que las corrientes actuales van por el camino de promover el entendimiento intercultural, interreligioso e interétnico. No obstante, crear una colaboración exige diálogo. De todas las maneras, el diálogo no es más que el primer paso, que debería llevar a identificar un fundamento común y sólido sobre el cual construir una colaboración duradera entre culturas y religiones.
Los mismos que promueven el diálogo quieren relegar la religión a la vida privada. Si la religión es relegada únicamente a la esfera de la vida privada, entonces se niega su capacidad para tener un positivo impacto en la sociedad. En nuestra sociedad, desgraciadamente, se dan numerosos casos de ridiculización de la religión o de las culturas, hechos que se dan particularmente en los medios de comunicación.
En estos casos parece que los comunicadores no tienen clara la relación entre libertad de expresión y el derecho a no ser ofendido en los sentimientos religiosos, elemento fundamental de la libertad religiosa.
Por tanto, si en nombre de una incorrecta interpretación de la libertad de expresión, los estados permiten que sean ofendidos los sentimientos religiosos de individuos o de comunidades enteras, esos mismos estados no sólo serían incapaces de contribuir efectivamente al diálogo entre diferentes religiones, culturas, y grupos étnicos, sino que además correrían el riesgo de sembrar prejuicios.
El respeto y la protección de los derechos fundamentales de libertad de expresión y de libertad de religión, en una sociedad madura, deberían estar garantizados, promoviendo un delicado equilibrio y salvaguardando el ejercicio de ambos.