martes, diciembre 4, 2018
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¡Dar al mundo lo que el mundo necesita de vosotros!

Cuando me propusieron escribir sobre el papel de los laicos en la Nueva Evangelización, lo primero que me vino a la cabeza fueron estas palabras de Juan Pablo II: “Cada laico cristiano es una obra extraordinaria de la gracia de Dios y está llamado a las más altas cimas de la santidad”.

¡Qué extraordinaria manera de llamarnos a la responsabilidad ante este gran reto que supone nuestra vocación a la santidad!

Una santidad que se logra en la normalidad de cada una de nuestras vidas, y con las circunstancias concretas que Dios ha elegido para cada uno de nosotros. Porque es en la familia, el trabajo, la cultura y los medios de comunicación, la política y el deporte, etc., donde, sin rarezas, y dejando a un lado apariencias forzadas y/o forzosas, tenemos que hacer presente el rostro de Cristo.

Es verdad, que “a veces, los seglares, hombres y mujeres, no parecen apreciar del todo la dignidad y vocación que nos es propia como laicos”, tal y como afirmaba Juan Pablo II. Pero nosotros sabemos que “no, no se puede hablar de un “vulgar seglar”, porque todos vosotros habéis sido llamados a… desempeñar vuestro papel en la evangelización del mundo”. (Juan Pablo II, Limerick (Irlanda), 1-X-1979).

De ahí que un conocido mío diga con frecuencia: “Si los laicos no existieran en la Iglesia, habría que inventarlos”. A fin de cuentas, los fieles laicos estamos en todas partes, porque nuestro lugar es el mundo, porque somos “de todas partes”; no somos “como ellos”, como los demás hombres y mujeres del mundo; no, somos “ellos”; y tenemos la responsabilidad divina de “transformar, iluminar y redimir” nuestro mundo, haciendo atractivos el Bien y la Verdad.

Puesto que, como viene recordándonos Benedicto XVI:”uno de los principales objetivos de la actividad del laicado es la renovación moral de la sociedad, que no puede ser superficial, parcial e inmediata. Debería caracterizarse por una profunda transformación del ethos de los hombres, es decir, por la aceptación de una oportuna jerarquía de valores, según la cual se formen las actitudes”.

Y para esta tarea inmensa que tenemos ante nosotros, para “tocar” los corazones de los que nos rodean, se necesitan personas piadosas, alegres, valientes y sin complejos. Hombres y mujeres bien formados, que tengan argumentos para hacer frente a los ataques contra la familia, la vida, el matrimonio, la educación, etc. Cristianos de una pieza, sin doblez ni engaño, que cautiven a los hombres con su ejemplo lleno de optimismo, de amor y de esperanza. Puesto que, “el hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros; cree más en la experiencia que en la doctrina, en la vida y en los hechos que en las teorías” (Redemptoris Missio, n. 42).

El secreto es sencillo: estar enamorados de Cristo. Esta es nuestra fuerza: el amor a las personas porque amamos a Jesucristo.

Y como “consejos sin ejemplo, letra sin aval”, a continuación dejo algunos de ellos:

Susana Moreu. Master de Orientación Familiar por la UMA.Autora de Y fueron felices….

“Es mucho lo que los “cristianos de a pie” podemos y debemos de hacer por llevar los valores cristianos a la sociedad”.

Es evidente que los laicos debemos asumir nuestra responsabilidad de evangelizar dentro de las circunstancias personales de cada uno, si bien no es tanto lo que podemos decir como lo que podamos hacer, ya que cuando el evangelio se hace Vida es infinitamente más atractivo. Personalmente me he sentido urgida a formarme en temas de Orientación Familiar para poder impartir cursos, escribir artículos y publicar un libro sobre amor conyugal, que en un principio escribí pensando en todas las personas que intentan ser felices en pareja pero desconocen el verdadero sentido del amor, del compromiso y de la entrega. Mis lectores son muchas personas alejadas de la fe, pero también sacerdotes y grupos cristianos que lo utilizan como material de trabajo en sesiones de matrimonio.

Margarita Mir. Profesora de filosofía y religión católica

“Mis alumnos tienen que sentirse queridos desde el primer día”

Nuestra presencia pasa a menudo desapercibida porque no siempre llevamos un signo visible de nuestra fe.Mi lugar es el aula, rodeada siempre de jóvenes adolescentes. Cada año una promoción nueva. Mi reto diario: querer a cada alumno como es y no como quisiera que fuera.Me repito a menudo que Jesús quiso a todos sin distinción: al listo y al torpe; al bien parecido y al tullido, al joven y al viejo, al rico y al pobre, al maleducado y al amable… Como fiel cristiana, me preocupa que tengan un encuentro personal con Jesús. En mis clases intento contar anécdotas que puedan llegar a su corazón (en apariencia duro). Les muestro testimonios valientes de cristianos con sus luchas, sus fracasos y sus éxitos. Les animo a asistir a actos que pueden sacarles de su aparente letargo, y que constaten que no están solos.Esta es mi misión y mi apostolado. Y rezo para ser un buen instrumento a pesar de mi torpeza y de mis limitaciones.

Juanjo Romero Remos. Director de Conoze.com

“Internet es el mundo real con todas sus bondades y maldades, pero que estamos llamados a llevar al Señor de un modo natural”.

Llevo metido en esto [Internet] mucho tiempo, he fundado y dirigido varias publicaciones y participo como asesor en otras. Puede parecer que eso de la “Nueva Evangelización en Internet” es un tema de tipos raros o de expertos. Y no es eso. Es una gran oportunidad para el cristiano, que lucha porque sus afanes sean para el Señor y para los demás.

Un “lugar” fantástico para ejercitar las virtudes humanas y sobrenaturales: el orden, la paciencia, la laboriosidad, la fortaleza, la prudencia –¡ay, la prudencia!–, la caridad, es bueno tener presente que detrás suele haber personas detrás. Todas las virtudes, sin excepción. Un medio en el que podemos compartir, como nunca había sido posible en la historia, nuestro trabajo, nuestras inquietudes, nuestras aficiones. Como los primeros cristianos, evangeliza el apasionado de la historia o las maquetas que tiene un blog, o el que comenta una noticia matizando, animando, dando una visión más veraz, más cristiana, de una noticia. O el que decide compartirla con su grupo de amigos en Facebook o Twitter, sean cristianos o no. O vota en una encuesta de su periódico favorito o no tan favorito. Podemos enterarnos casi instantáneamente de lo que dice y quiere el Santo Padre