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Un año del Papa Francisco

Hoy -13 de marzo- hace un año, hacia el mediodía hora México, sabíamos que teníamos nuevo Papa, recibiendo con ello el consuelo por el dolor tras la inesperada noticia de la renuncia del Papa Benedicto XVI.

El nuevo Papa era quien había sido hasta entonces Cardenal Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, y asumía el nombre de Francisco, explicando días después el motivo: quería inspirarse en el pobrecillo de Asís para convocar a la Iglesia a ser pobre entre los pobres y para los pobres.

A un año de tiempo que lleva el Papa Francisco, ha provocado una profunda renovación en la Iglesia y de la Iglesia ante el mundo.

No necesito repetir lo que está en la mente y el corazón de muchos; pero más que fijarme en su lenguaje sencillo y accesible, y su estilo de actuar, cercano a todos, me fijo en que el Papa insiste repetidamente en que oremos por él, que mucho lo necesita; además, que él no es la persona importante, sino Jesucristo, el Hijo de Dios hecho Hombre y que continúa presente en su Iglesia.

Recojo también el llamado que hace a todos los bautizados –laicos, religiosos, religiosas, sacerdotes, obispos, cardenales- para nuestra conversión y camino de santidad. El Papa mismo está siendo testimonio radiante y eficaz de conversión y santificación.

¿A qué nos sentimos llamados, con las palabras y el testimonio del Papa Francisco? ¿De qué manera concreta queremos responder?

Oremos por el Papa Francisco, acojamos sus palabras y su testimonio, sigamos con más firmeza y pasión a Jesucristo, vivamos su Evangelio, anunciémoslo, celebrémoslo, sirvámoslo en la persona de los más pobres y alejados.

+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán