Un mundo sin curas 1

Un mundo sin curas 1

Me desperté sobresaltado. Soñaba que no había curas en el mundo. Desaparecieron sin saber como ni por qué. Tardé unos segundos en recuperarme,  y pensé que un mundo sin curas sería un mundo sin Cristo, un mundo sin Dios.

Toda nuestra cultura se desvanecería. Cortar las raíces de un árbol es la mejor manera de que este muera. Eliminemos la cultura cristiana y Europa desaparecerá como la Europa que conocemos.

Los templos y conventos serían reconvertidos en Hoteles para turistas, los tañidos de las campanas no sonarían más, se olvidarían las fiestas de Semana Santa y de Navidad. Las fiestas de los patrones o patronas de nuestra Patria, de las Comunidades y de nuestros pueblos se olvidarían sustituidas por las precristianas. Los símbolos cristianos desaparecerían: crucifijos, cadenas con medallas de la Virgen, Rosarios, devocionarios, etc. Los cristianos vagarían sonámbulos sin norte ni guías.

Algunas poblaciones que viven de los monumentos cristianos  se hundirían en la miseria: Roma, Toledo, Santiago de Compostela, Monasterios de la Virgen de Guadalupe española y mexicana, Lourdes, Fátima, Salta,… etc. Más de la mitad de los ingresos de Roma proceden de los turistas religiosos.

Las Universidades fueron un invento   de la Iglesia. La transmisión de los conocimientos griegos y romanos a la Iglesia se deben. Catedrales, Iglesias, Conventos, pinturas, esculturas y monumentos de valor incalculable sucumbirían. Sólo la Piedad de Miguel Ángel se ha calculado que vale más de dos mil millones dólares.

¿ Y, qué perderíamos en el aspecto moral? La moral cristiana es una moral con principios y mandatos eternos, dada por Dios, que se ha mostrado a los largo de tres mil años algo  dura, humanamente hablando,  pero suficiente e insustituible  para enfrentarnos al mundo y obtener la gloria en el cielo. Con ella todo está claro: lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo,…sin admitir discusiones.

¿ Qué podemos ganar con la nueva moral de los “sin Dios”? Su moral, si se le puede llamar así, es el Relativismo Moral: nada es buen ni malo, nada es bello ni feo,… todo está supeditado a que  mi me interesa, me de fama, honor, salud o gloria. Todo cambia cada vez que cambia  o muere el “mandamás” o la “ideología” de turno. Resultado: Comunismo, fascismo, totalitarismo, o el progresismo actual, todos  ramas de un mismo árbol. Consecuencias: La Europa y la América actuales, incluyendo a la España de ZP dando tumbos por el mundo. Frutos: Aborto libre, drogas, divorcios por cualquier motivo, etc.  Y entre los políticos, llamados demócratas:  prevaricaciones, robos, mentiras a todas horas; si algo sale bien es porque somos muy buenos; si sale mal la culpa de aquel otro. Coge el dinero y corre, ya se pagará, sin controles económicos,… y al final de esta crisis moral, como fruta madura, una crisis económica brutal.

Como las cosas no suceden porque sí, para que el pueblo pueda admitir sin rechistar, que un Gobierno fomente y legalice el aborto libre, la eutanasia, el divorcio Express o una educación perversa, ha sido preciso que a lo largo de muchos años se haya  ido atacando, disolviendo, desprestigiando, injuriando, a la Religión y a su moral, a la sociedad cristiana, a la enseñanza, a las costumbres ancestrales.

Se ha creado un ambiente que permite y justifica todos esos desafueros. ¿Quienes lo han creado? ¿No serán los mismos que crucificaron a Cristo? Aquellos fariseos hipócritas, raza de víboras, cuyos hijos y nietos han llegado hasta nosotros a través de las alcantarillas de la historia? Ahora tienen otros nombres y utilizan otro métodos. Su meta es, en todos los  casos, la destrucción de Cristo. Y son más culpables que quienes legislan los abortos, han arruinado a la justicia o persiguen a la Iglesia, lacayos de otros hombres superiores, encuadrados en organizaciones mundiales y secretas que operan  bajo la capa de libertad, igualdad, fraternidad utilizadas con significados diferentes de los suyos .

Los pobrecitos hombres no tienen inteligencia ni capacidad  para llevar a la práctica ideales tan bien definidos y tan nefastos para ellos mismos y contra Cristo. Los endemoniados, los  presos del demonio son, somos, la masa con la que el demonio construye su particular reino infernal. La desaparición del mundo cristianos  no podría ser más que obra de Satanás. Al diablo le basta con elegir y apoderarse de un Hitler, un Stalin , un Mao Tse Tung o a cualquier otro de análogo pelaje para conseguir que los países que aquellos dominan pasen, en gran parte, a ser esclavos de su reino satánico. El diablo ofreció, tentó,  a Cristo antes y,  ahora  tienta los hombres: “ Todo esto te daré (reinos, fama, poder,… ) si de rodillas me adorases”. Esos hombre poderosos son los que pican el anzuelo , pensando ser como dioses, para terminar bailando frenéticos en el aire, enganchados en el anzuelo.

Únicamente la religión Católica en el ámbito Europeo y Americano, es decir en el mundo rico, se opone decididamente a esas pretensiones. En esta oposición, en esta guerra, los sacerdotes diocesanos y los misioneros, los monjes y las monjas son los combatientes de la primera fila. Si se los derrota, los demás “son pan comido”. Así que ¡ Leña al cura! Pero, ¿Cuál es el papel de los sacerdotes en todo esto?

Mérida (España), 27 de octubre de 2009

Por Alejo Fernández Pérez



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