Cristianos hoy y ayer

Cristianos hoy y ayer

¿Pasa el Cristianismo?  El Cristianismo no es una ideología, ni pasa de moda. Siempre está en pie, aunque no siempre los cristianos disfruten de libertad y, en algunos países, sean perseguidos hasta el martirio. Aunque haya cristianos alejados de la Iglesia, las conversiones también abundan  (conozco a varios, y, en “Religión en libertad” y en “Cambio de Agujas” You Tube, se ven muchos testimonios).

Algunas de las causas del alejamiento de la práctica religiosa, quizá sean éstas: la propaganda negativa, apoyada en la manipulación y en la mentira e intensificada en los últimos años;  los horarios del culto,  que  coinciden con las horas de descanso de muchos jóvenes que, ahora, en vacaciones y fines de semana,  viven como los búhos; el respeto humano, al no saber, muchos, conjugar ser cristinos y modernos, y, sobre todo, la ignorancia religiosa y moral, por lo que no aciertan a buscar la fuente que puede llenar su vacío (Dios).

Con todo, cada vez son más, los que siguen las enseñanzas de la Iglesia, y se sabe que no faltan  jóvenes que lo dejan todo por Cristo (familia, carrera…),  enamorados de  Él; por ejemplo, cientos de muchachas  que marchan a monasterios y a conventos de regla rigurosa (Carmelitas Descalzas, Jesu Conmunio, Hermanitas de la Cruz…) .

¿Y cómo son los cristianos? A los cristianos auténticos de hoy, como a los de ayer, podemos describirlos así: “Los cristianos no se distinguen de los demás hombres (…)  ni llevan un género de vida distinto. Su sistema doctrinal no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan, como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres (…) Siguen las costumbres de los habitantes del país (…) en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble (…) Igual que todos, se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho. Viven en la carne, pero no según la carne.

Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el Cielo. Obedecen las leyes establecidas, y con su modo de vivir superan estas leyes. Aman a todos (…), y se los condena sin conocerlos(…) Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores (…) Los mismos que los aborrecen no saben explicar el motivo de su enemistad.

Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo (…); El alma inmortal habita en una tienda mortal; también los cristianos viven como peregrinos en moradas corruptibles, mientras esperan la incorrupción celestial (…) . Tan importante es el puesto que Dios le ha asignado, del que no les es lícito desertar” ( de  la carta a Diogneto, s. II).

Josefa  Romo



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