La sexualidad está ligada al desarrollo de la personalidad y cumple un rol fundamental durante toda la existencia humana.
La sexualidad está ligada al desarrollo de la personalidad y cumple un rol fundamental durante toda la existencia humana. Además de consolidar la identidad de masculinidad y feminidad, a través de la misma se consuma el amor, en el más profundo grado de intimidad, y se transmite la vida.
Las conquistas y logros de la 'revolución sexual', de los años 60' y 70', reivindicaron el valor de la mujer y desmitificaron el sexo, durante mucho tiempo tema prohibido o tabú. Sin embargo, esa misma revolución, por estar basada mayormente en el individualismo, trajo consigo lamentables consecuencias que hoy es necesario asumir y enfrentar: la ruptura familiar, el abandono infantil, los embarazos prematuros no deseados, las enfermedades de transmisión sexual (ETS), etc.; que se sumaron a un sinnúmero de otros problemas sociales que potenciaron sus resultados nefastos: pobreza, adicciones, ignorancia, etc.
¿Qué hacer entonces? Es necesario rescatar de esa revolución aquellos ideales 'de amor y paz' que la impulsaron y ampliar ese horizonte hacia la plena realización y felicidad perdurable, como una meta real y alcanzable, exaltando el valor de la responsabilidad social de cada acto, y dando continuidad a los cambios sociales y culturales que estos tiempos de desafíos requieren.
En este marco resulta esencial una educación que, ante el goce individualista del sexo, propicie una comprensión integral de la sexualidad desde una perspectiva de valores. Esta busca aclarar este tema, no solo en su dimensión físico-biológica, sino observando los aspectos emocionales y éticos que la misma implica. Esta comprensión abarcadora de la sexualidad, que se enlaza en el amor y es capaz de transmitir una nueva vida y herencia, cuestiona el énfasis puesto en el aspecto meramente genital, que provocó lamentables consecuencias.