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“Spe SalviI” (V parte)

Image La esperanza también puede entenderse como “paciencia”; que hace referencia a una esperanza vivida, una existencia basada en la certeza de la esperanza. En el Nuevo Testamento, esta espera de Dios, este estar de parte de Dios, asume un nuevo significado: Dios se ha manifestado en Cristo. Nos ha comunicado ya la “sustancia” de las realidades futuras y, de este modo, la espera de Dios adquiere una nueva certeza. Se esperan las realidades futuras a partir de un presente ya entregado. Es la espera, ante la presencia de Cristo, con Cristo presente, de que su Cuerpo se complete, con vistas a su llegada definitiva.

Por María del Pilar Gpe. Gómez

  “Pues compartisteis los sufrimientos de los encarcelados; y os dejasteis despojar con alegría de vuestros bienes, conscientes de que poseíais una riqueza mejor y más duradera” Hb 10,34.  (5)

Lo que en la vida terrenal constituye el sustento, la base, la “sustancia” con la que se cuenta para la vida. Esta “sustancia”, la seguridad normal para la vida, se la han quitado a los cristianos durante la persecución, nos explica el Papa. Lo han soportado porque después de todo consideraban irrelevante esta sustancia material. Podían dejarla porque habían encontrado una “base” mejor para su existencia, una base que perdura y que nadie puede quitar.

“La fe otorga a la vida una base nueva, un nuevo fundamento sobre el que el hombre puede apoyarse, de tal manera que precisamente el fundamento habitual, la confianza en la renta material, queda relativizado.” (6)

Esta nueva libertad, nos dice, la conciencia de la nueva “sustancia” que se nos ha dado, se ha puesto de manifiesto en el martirio, “…en el cual las personas se han opuesto a la prepotencia de la ideología y de sus órganos políticos, renovando el mundo con su muerte.” (7)  Pensemos en Edith Stein, Santa Benedicta de la Cruz, quien muere mártir y víctima de la ideología nazi.

También se ha manifestado en las grandes renuncias, desde los monjes de la antigüedad hasta Francisco de Asís, o las personas de nuestro tiempo, y de todos los tiempos que en los Institutos y Movimientos religiosos modernos, han dejado todo por amor de Cristo para llevar a los hombres la fe y el amor de Cristo, para ayudar a las personas que sufren en el cuerpo y en el alma.

“En estos casos se ha comprobado que la nueva “sustancia” es realmente “sustancia”; de la esperanza de estas personas tocadas por Cristo ha brotado esperanza para otros que vivían en la oscuridad y sin esperanza.”(8)

“Para nosotros, que contemplamos estas figuras, su vida y su comportamiento son de hecho una “prueba” de que las realidades futuras, la promesa de Cristo, no es solamente una realidad esperada sino una verdadera presencia: Él es realmente el “filósofo” y el “pastor” que nos indica qué es y dónde está la vida.”(9)

Ahora bien, el creyente necesita de paciencia, perseverancia y constancia, necesita saber esperar soportando pacientemente las pruebas para poder “alcanzar la promesa”: “Tenéis necesidad de paciencia para cumplir la voluntad de Dios y conseguir así lo prometido”. Hb 10,36  (10)

Benedicto XVI nos explica cómo en la religiosidad del antiguo judaísmo, esta palabra (hypomone) se usó expresamente para designar la espera de Dios característica de Israel: su perseverar en la fidelidad a Dios basándose en la certeza de la Alianza, en medio de un mundo que contradice a Dios… “Así, la palabra indica una esperanza vivida, una existencia basada en la certeza de la esperanza. En el Nuevo Testamento, esta espera de Dios, este estar de parte de Dios, asume un nuevo significado: Dios se ha manifestado en Cristo. Nos ha comunicado ya la “sustancia” de las realidades futuras y, de este modo, la espera de Dios adquiere una nueva certeza. Se esperan las realidades futuras a partir de un presente ya entregado. Es la espera, ante la presencia de Cristo, con Cristo presente, de que su Cuerpo se complete, con vistas a su llegada definitiva.” (11)

Así, nuestra “esperanza futura” se basa, se cimienta en la realidad de Cristo: la manifestación del mismo Dios vivo. Dios se ha hecho presente en Cristo, de modo que nuestra esperanza ha sido colmada para siempre y por todos los siglos venideros. La esperanza se ha objetivado, se ha vuelto hecho, realidad presente, siguiendo las enseñanzas anteriores del Papa de la fe como sustancia objetiva –frente a los subjetivismos del protestantismo-.

 Por el contrario, otra especie de sustancia diversa de la paciencia implicaría un modo de vida diferente, se expresa en el retraerse de quien no se arriesga a decir abiertamente y con franqueza la verdad quizás peligrosa. El esconderse ante los hombres por espíritu de temor ante ellos lleva a la “perdición”.

“Pero nosotros no somos cobardes para perdición, sino hombres de fe para la salvación del alma.” Hb, 10,39.   (12)
La Segunda Carta a Timoteo indica la actitud a fondo del cristiano: “Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio” (1,7).  (13)

 

 

 

 

(5) San Pablo, Carta a los Hebreos, 10,34.
(6)Benedicto XVI, Encíclica SPE SALVI, p.6.
(7) Idem.
(8) Idem.
(9) Idem.
(10) San Pablo, Op.cit. 10, 36.
(11) Benedicto XVI, Op. Cit. p.7.
(12) San Pablo, Op. Cit., 10, 39.
(13) San Pablo, Segunda Carta a Timoteo, 1,7.