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Los Juegos Olímpicos

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Veremos si estos juegos dejan ver la explotación que se hace a millones de personas, el atropello a los derechos humanos y, por supuesto, la represión y la persecución a la libertad de culto.

Pierre de Coubertin dejó un legado muy valioso a la humanidad al rescatar aquellos juegos griegos de la antigüedad. Cuando pasen los tiempos, el siglo XX será recordado por este esfuerzo de paz que cada 4 años nos recuerda que quizás juntos hagamos bueno el décimo primer Mandamiento que Jesús nos dejó hace dos milenios. Los Juegos representan y son por sí mismos una manifestación de lo que el hombre, la raza humana, puede llegar a organizar cuando se lo propone. La columna vertebral de los Juegos modernos se encuentra en el seno del Comité Olímpico Internacional (COI). Se integra por casi todos los países del mundo, representados por personalidades que por meritos propios o por su capacidad de relación ocupan estas distinguidas sillas. Así, el COI es un especie de club de amigos. Lo interesante es que los Juegos son producto de la cooperación. Cada país prepara a sus atletas paga sus traslados, una buena parte de sus viáticos, y al anfitrión en turno le toca nada más poner las instalaciones y la logística, no solo deportiva, sino la de seguridad, la protocolaria, la de medios, alimentación, hospedaje, entretenimientos paralelos, etc. A cambio, el anfitrión tiene la oportunidad de ponerse ante los ojos del mundo. La historia de las olimpiadas ha dejado ejemplos de ello. México 68, le dejo a nuestro país un legado formidable; puso a México en el mapa del concierto global. Y Barcelona 92: su alcalde Magadan, que gobernó casi 16 años, ya que en España los alcaldes es posible reelegirlos, transformó a aquella ciudad, convocó al pueblo catalán para inclusive hacerle playas. Hoy Barcelona es un destino turístico infaltable en Europa. Pero aún pagan la deuda financiera que significó aquello.

La violencia también ha aparecido. Munich 72 quizás sea el recuerdo mas amargo, cuando unos terroristas dieron muerte a deportistas israelitas. Los Juegos han sido motivo para manifestar pugnas entre potencias: en Moscú 80 Estados Unidos no fue, y en Los Ángeles 84 los soviéticos les regresaron la cortesía.

Los actuales Juegos Olímpicos son organizados por un país comunista, con todas las implicaciones que esto tenga, positivas y negativas. Los chinos tratan de darle la mejor cara que puedan al mundo. Inclusive en la propia villa olímpica se cuenta con espacios de oración budistas, hindúes, musulmanes, judíos y cristianos; con ello se pretende dar una cara de libertad de culto. De acuerdo con datos disponibles, se estiman 12 millones de cristianos, alrededor del 1% de la población.

Un testimonio, de muchos que hay, según el sacerdote Bernardo Cervellera en su libro China, el reverso de las medallas, es el siguiente: «Mientras el Gobierno proclama, a los cuatro vientos, que durante las olimpiadas habrá plena libertad religiosa, la policía de las distintas regiones ha efectuado redadas y limpieza pública de varios líderes de comunidades clandestinas».

Veremos si estos juegos dejan ver la explotación que se hace a millones de personas, el atropello a los derechos humanos y, por supuesto, la represión y la persecución a la libertad de culto.

Sergio Ibarra / El Observador (México)