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Una rosa que era santa

Reflexión dominical para el 31 de Agosto de 2014

Hoy vamos a compartir unos pensamientos muy breves sobre la liturgia de la fiesta de santa Rosa y unas pinceladas sobre su vida para enriquecernos espiritualmente y al final un brevísimo pensamiento sobre el Evangelio del domingo XXII del tiempo ordinario.

Eclesiástico:

Da unos buenos consejos que sin duda santa Rosa los cumplió durante toda su vida:

“Cuanto más grande seas más debes humillarte… Dios revela sus secretos a los mansos”.

San Pablo dice a los filipenses:

“Por Él lo perdí todo y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en Él”.

Ésa fue la “locura” de santa Rosa.

El Evangelio nos recuerda dos parábolas muy pequeñas sobre el Reino.

El grano de mostaza que, siendo la más pequeña de las semillas, llega a convertirse en un arbolito. Algo así pasó con santa Rosa que, habiendo sido tan humilde en su vida, ahora es como un frondoso árbol a donde acuden continuamente miles de personas para aprender de ella.

De la misma manera ha sido la influencia de la santa en el ambiente de su tiempo y a través de los siglos, no solamente en Lima sino también como Patrona del Perú, de América y Filipinas.

A continuación recordemos algo de su vida.

* Cierto día su madre, tomando en brazos a la pequeña Rosa, dijo: “mientras yo viva no la llamaremos con otro nombre que el de Rosa”.

A la Santa le dolía este nombre que ofendía su humildad, pero un día la Virgen del Rosario, su confidente, le dijo que a Jesús le gustaba el nombre de “Rosa” e incluso quería que se agregara el de “Santa María”.

A partir de ese momento ella misma se llamó “Rosa de Santa María”.

* Su amor al prójimo llevó a Santa Rosa a sacrificarse económicamente por los suyos, pero también, en medio de su pobreza, ayudaba a los más necesitados. Destinó, incluso, una de las habitaciones de su casa para albergar a pobres y enfermos a los que ella asistía personalmente.

* Su amor al sufrimiento, para acompañar los dolores de Cristo, es muy conocido.

Dormía pocas horas, su cama era dura, la almohada primero fue de piedra y después de algodón pero entre los algodones metió palillos que la lastimaban. Afligía su cuerpo con cilicios, cadenas, púas.

* A los doce años de edad, para imitar a Jesús coronado de espinas, se ciñó la primera corona hecha con sus propias manos. Era de lata torcida con clavos muy punzantes por la parte de dentro.

Más tarde usó una de plata con 99 púas muy punzantes, distribuidas en tres hileras de 33 cada una, en honor de los años que Cristo pasó en la tierra.

* El amor de santa Rosa hacia la Virgen en la advocación de Nuestra Señora del Rosario, es conocida por todos los devotos de la Santa. Esta imagen sigue en el convento de los dominicos de Lima y fue testigo de sus oraciones, súplicas, propósitos y lágrimas. Santa Rosa pasaba horas enteras ante la Virgen del Rosario.

* Nos dicen que Rosa vivía continuamente en la presencia de Dios mientras hacía las labores del día. Repetía constantemente esta jaculatoria: “Dios sea bendito y en mi alma esté”.

Aunque pasaba todo el día metida en Dios cuentan que dedicaba doce horas completas a la oración, teniendo un verdadero trato familiar con Jesús.

* La Eucaristía la recibía con extraordinario cariño, siempre que se le permitía, porque entonces no era tan fácil recibirla a diario.

Las fiestas eucarísticas la llenaban de gozo y ha quedado en el recuerdo cómo, ante una amenaza de que los calvinistas vinieran a Lima a destruir los templos y profanar el Santísimo, ella manifestó un deseo grande de dar la vida por Jesús.

* Es importante en la vida mística de santa Rosa el momento en que vivió el desposorio con Jesús cuando Él, desde los brazos de la imagen del Rosario, le dijo: “Rosa de mi corazón, sé mi esposa”. A lo que ella respondió: “Sí, Señor, aquí está tu esclava”.

Y conservó toda su vida en el anillo que se mandó hacer, por el lado de dentro, las palabras de Jesús.

* Finalmente, entregó su alma a Dios con grandes sufrimientos, sin quejarse nunca. Y sus últimas palabras fueron: “Jesús, Jesús”.

En cuanto al Evangelio de este domingo pensemos que muchas veces nos ha podido pasar lo que a Pedro: Él quiso aconsejar a Jesús que no permitiera, de ninguna manera, que se realizara lo que les había dicho sobre su muerte y resurrección.

Jesús escandalizado rechazó a Pedro con aquellas duras palabras: “Retírate satanás. Tú piensas como los hombres, no piensas como Dios”.

Para que no te pase como a Pedro al dar un consejo importante, pide antes luces al Espíritu Santo y aconseja desde los criterios del Evangelio y no desde tu parecer puramente humano.

José Ignacio Alemany Grau, obispo