viernes, marzo 22, 2019
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¿Es la astrología una ciencia?

La astrología pretende por medio de los cuerpos celestes conocer el destino de las personas, de los pueblos, así como vaticinar los acontecimientos históricos y el futuro por llegar. Así comienza el artículo que ha publicado el portal Aleteia, escrito por Vicente Jara Vera, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES). Lo reproducimos a continuación.

La astrología, si quiere ser una ciencia, debe hacer afirmaciones que puedan comprobarse y falsarse sometiéndolas a un proceso de ensayo y error, planteando afirmaciones, premisas y postulados claros y determinados con capacidad de contrastarse. Si no cumple estas condiciones y se cae en generalidades vagas e imprecisas que pueden aplicarse a cualquier comportamiento o hecho, suceda algo o su contrario, no es ciencia. Además, quien afirma algo debe sostener el peso de lo declarado, estando sobre él la carga de la prueba, no en quien lo niegue.

Sus orígenes

La astrología no es previa a la astronomía, sino coexistente. Es falso que la astrología derivara en la astronomía, de carácter ésta última verdaderamente científica, sino que ambas coexistieron, siendo así que los pueblos antiguos como los caldeos, mesopotámicos o egipcios, así como en el ámbito chino, azteca y maya, mezclaban el conocimiento de magias y oráculos planetarios junto con el estudio de fases lunares, eclipses o medidas del tiempo, las estaciones y la creación de calendarios.

El Zodiaco

El pueblo caldeo-asirio inventó el Zodiaco de 18 constelaciones, si bien posteriormente llegó a ser de 11 y luego de 12 como los meses del año en base a las lunaciones. Lo cual deja de lado constelaciones como Ophiucus, que tiene una extensión temporal de casi tres veces más que el signo de Escorpio, pero que ha sido descartada del conjunto, sin explicación alguna por parte de los astrólogos.

La astrología y sus signos depende de las civilizaciones que consideremos: babilónica, egipcia, greco-latina, china, japonesa, centro-sud-americana, etc. ¿Cómo es posible? ¿Con cuál quedarnos? Ninguna respuesta de los astrólogos.

Por otro lado, la distribución de las constelaciones varía con el paso del tiempo, y así, Ptolomeo en el siglo II d. C. y a una distancia de unos seis siglos de las distribuciones celestes de los babilonios podía mantener los errores de la precesión de los equinoccios, error que hoy es muy elevado. Así, en la actualidad el cielo del Zodiaco está movido más de un signo de lo que en realidad marca el propio cielo.

Por lo tanto, para la mayoría de los astrólogos los signos del cielo ya ni tienen un sentido efectivo, sino simbólico, pues los astros y las constelaciones de estrellas no corresponden a lo que dicen sus tablas. De ahí que algunos astrólogos olvidándose de los signos zodiacales simplemente tengan en cuenta el calendario marcado por el movimiento de la Tierra en torno al Sol, y con ello hacen todo tipo de predicciones.

Además, los astrólogos dividen en 12 sectores iguales el Zodiaco, si bien en el cielo son de distinta extensión. Incluso el movimiento de las estrellas lleva a que las constelaciones cambien con el paso de los milenios sus formas. Es más, ¿por qué sería tan importante el Zodiaco si muchos planetas son incluso más brillantes que muchas de las estrellas de las constelaciones? ¿O por qué no contar solamente con el Sol y la Luna, tan prominentes en el cielo terrestre y olvidarnos del resto?

Nada tienen las constelaciones de la zona zodiacal de especial frente a las del resto del cielo, ni existe razón alguna para tomar unas estrellas y no otras para configurarlas, siendo además absurdo el método, pues entre ellas distan inmensas distancias, sólo desde la Tierra con parecida cercanía, pero sin ninguna relación real en el espacio celeste tridimensional. Mucho menos sentido tienen las alineaciones, conjunciones o los trígonos, oposiciones, cuadraturas o sextiles, con las que intentan enmascarar la ignorancia y la falsedad astrológica, o el uso de palabras llamativas para situar a los planetas, ya en domicilio, exilio, caída o exaltación.

Y lo que es peor, ¡las personas nacidas en las cercanías del Polo Norte, por ejemplo al norte de Alaska, Noruega, Finlandia o Rusia no tienen signo zodiacal, ya que la eclíptica está en el horizonte y no pasa por ninguna casa astrológica! En fin, el Zodiaco y los signos astrológicos poco pueden decir sobre las personas y el destino.

¿Qué explicación podría tener la astrología? ¿Qué fuerzas podrían ser la causa de su supuesta influencia en el destino?

Estas son las posibles fuerzas que podemos considerar:

-Fuerza de la gravedad: actúa en todo el universo inversamente al cuadrado de la distancia y proporcionalmente a las masas involucradas. Desconocemos que esto afecte al destino de las personas como dice la astrología.

La acción gravitatoria de la Luna es mucho mayor que la del Sol, Júpiter, Saturno o el resto de los planetas de nuestro sistema solar. Pero es altísimamente inferior a la de las casas, coches, montañas, árboles y objetos que nos rodean, por la distancia a nosotros, a pesar de su masa tan inferior. Así, en el momento de nacer, el influjo de la madre sobre el bebé es millones de veces mayor que la de todos los planetas del sistema solar incluyendo al Sol. Y lo mismo de los médicos y el aparataje que circunda al nonato. ¿Por qué no hacer cartas astrales con los objetos que nos rodean al tener mayor influencia gravitacional?

No existen estudios que avalen que la Luna influye en los partos, ni en la fertilidad o la menstruación de las mujeres. La gravedad afecta al agua, si bien su acción en las mareas se debe a las grandes masas acuosas, pero no a las personas, aunque nuestro porcentaje de agua sea del 65%, si bien no libre en nuestro interior, sino dentro de las células, tejidos y circulación sanguínea.

Los efectos gravitatorios de la Luna son alrededor de dos veces los efectos del Sol. Y por poner el caso del mayor planeta del sistema solar, Júpiter, su efecto es 50.000 veces inferior al de la Luna. No tiene por lo tanto sentido igualar los influjos de cualquier cuerpo celeste, como hacen los astrólogos. Pero si los influjos se igualaran, ¿por qué no tienen en cuenta los astrólogos los efectos de las estrellas y galaxias alejadas de nosotros, aún las más masivas y cercanas, o de los mismos agujeros negros?

Las llamadas alineaciones astrológicas de cuerpos celestes no tienen en cuenta el cálculo de fuerzas y las distancias en la suma vectorial, incluso el que las fuerzas gravitatorias se anulen entre sí, o incluso más, que la representación tridimensional de la realidad, al dibujarse en un papel de dos dimensiones, olvide una tercera dimensión, generando errores de cálculo obvios.

-Fuerza electromagnética: la fuerza electromagnética es millones de millones y millones más fuerte que la de gravedad. Pero apenas hablan de ella los astrólogos. En cambio la moderna ciencia de la astronomía hace un amplio uso de esta fuerza tanto en el estudio de los cuerpos lejanos como en el análisis de radiaciones primeras, lo que entra dentro de la astrofísica. Así, los cuerpos celestes emiten no solo luz visible, sino especialmente radiaciones de longitudes de onda mayores y menores que las de la luz, como rayos ultravioletas, infrarrojos, X, gamma,… que ayudan a estudiar cuerpos invisibles al ojo humano. Así, los radiotelescopios no tienen elementos de visión, sino antenas que captan estas radiaciones invisibles, y que tantos datos aportan al científico.

Sin embargo, todas estas radiaciones tan intensas no son comparables a los efectos de los aparatos que la vida cotidiana ha colocado a nuestro alrededor, como electrodomésticos, telefonía móvil, antenas, wi-fi, líneas de alta tensión, o cómo no, una radiografía o una sesión de rayos en una recuperación médico-traumática, no siendo estas capaces de marcar nuestro futuro ni lo que nos haya de acontecer en nuestra suerte y destino. ¿Por qué sí las radiaciones electromagnéticas de los cuerpos celestes, si así fuera la causa?

No existen estudios que indiquen que los espermatozoides y óvulos, ni ninguna célula, sufran alteraciones por estas fuerzas electromagnéticas celestes, y con ello condicionen de una forma clara el futuro comportamental y el destino de las personas. Nada. La verdad es que la casi totalidad de la radiación electromagnética que nos llega del exterior del planeta Tierra o bien es filtrada por la atmósfera o bien pasa a nuestro través sin interactuar con nosotros de manera alguna que nos afecte.

Además, ¿por qué afectaría alguna de estas fuerzas o radiaciones al ser humano en el momento de su nacimiento y no en el momento de su concepción, o en algún momento de la formación de la mórula o en cierto momento de la segmentación celular del ser humano en gestación? ¿Y por qué no al resto de nonatos ya fuera del vientre materno? Y los bebés prematuros que aún están acabando de formar algunos de sus órganos y son nacidos antes de tiempo, ¿cuándo les afecta su carta astral, ya que aún están en las circunstancias temporales de deber estar en el vientre materno? Como vemos, preguntas todas que los astrólogos ni se han hecho jamás y ni saben responder. Poca ciencia, pocos estudios serios y fundados y mucho engaño e ignorancia.

-Fuerzas nucleares: tampoco las fuerzas nucleares fuerte y débil, que operan en los ámbitos de lo pequeño sobre los nucleones y en el interior de los mismos, y que por tanto podemos descartar, pueden ser causa de que los planetas o las estrellas afecten a nuestro futuro y destino.

-Otras posibles causas: tampoco el viento solar, los efectos de ionización, las auroras boreales, la luz zodiacal de los micro-meteoritos, las ondas de sonido,… ninguna de estas causas ni realidad o variable física conocida parece que sea razón de que el destino humano esté sellado o pueda la astrología predecir acontecimientos en base a ellas. No tenemos, a pesar de los aparatos de los que disponemos, tan sensibles y sofisticados, razón para suponer que los cuerpos celestes ejerzan alguna fuerza capaz de modelar nuestra vida y destino tal y como afirman los astrólogos.

¿Alguna fuerza desconocida por descubrir? No parece que exista, y de existir, debería ser sumamente débil, no siendo detectada por los sistemas actuales. ¿Cómo podría esta debilísima fuerza influir en nuestro destino y acontecimientos? No tenemos evidencia por lo tanto, de lo que afirman los astrólogos, y sí evidencia en contra de que no hay algo serio en sus cartas astrales, horóscopos o demás formas pseudo-científicas con las que engañan a otras personas, a veces a cambio de dinero, manipulando las aspiraciones, frustraciones y deseos de muchas personas que necesitan ayuda, consejo o simplemente alguien que les escuche.

La astrología: un fraude sin ninguna respuesta coherente, no una ciencia

Ninguna de las fuerzas físicas conocidas logra explicar lo que afirman los astrólogos. Si el efecto de las leyes físicas consideradas (que no parecen ser causa de lo que afirma la astrología) y su dependencia de la distancia, la masa o la velocidad de transmisión no importan, ¿por qué no considerar entonces todos los planetas y cuerpos del espacio en su inmensidad, ya que no importa la distancia a nosotros? ¿Y cuántos cuerpos hay ahí fuera, y dónde están en las cartas astrales representados? ¿Y cuánto de energética es esa fuerza que se mueve al instante superando el límite de la velocidad de la luz para que actúe de manera inmediata en nosotros? Este tipo de preguntas, este continuo poner en contraste, refutación, verificación y falsación, es lo que se llama hacer ciencia. Donde no existan este tipo de preguntas no hay método científico.

Si esta fuerza de los astros que nos es desconocida (supongamos) sigue otros patrones físico-matemáticos desconocidos, ¿cómo es posible que los astrólogos sepan los planetas que nos afectan y descarten el resto en sus horóscopos y cartas astrales? ¿En base a qué lo saben si no dan pruebas ni razonamiento alguno?

La astrología carece del rigor que la ciencia de la astronomía posee, y no tiene en cuenta incluso sucesos cercanos como los asteroides o los cometas, aunque han sido en la historia vistos como mensajeros de presagios y catástrofes. La astrología no tiene en cuenta ni la nube de Oort ni el cinturón de Kuipert, que son las zonas que los originan.

Jamás se han logrado pruebas estadísticas de que lo que dice la astrología se haya cumplido. Y todos los estudios (Silverman, Tyson, Cookes & Cooles, Bastedo, Culver, etc.) han llegado a negar la influencia de los astros. Incluso el ejemplo más claro, que serviría de experimento crucial para descartar la astrología como válida, las personas nacidas en el mismo instante, tampoco ellas tienen destinos similares.

A posteriori es fácil afirmar lo que sea de cualquier acontecimiento personal o histórico, pero una batería de preguntas sobre el futuro, sobre la vida de una persona, con capacidad de discriminar eventos, suficientemente adecuado como experimento, con una gran cantidad de datos para poder extraer valores representativos, jamás ha logrado mostrar que la astrología acierte. La verdad es que acierta tanto como lanzar una moneda al aire, unas veces sí y otras no, puro azar.

Y de nada vale aislar un caso concreto para hacer una teoría, algo tan típico de la pseudo-ciencia, o de la ignorancia ante la estadística y la probabilidad, que cree que dos coincidencias confirman la totalidad de casos, descartando el resto que no se adapten a los prejuicios ya tomados. Así, no existen parecidos entre los Libra, los Tauro o los Géminis, ni que unos se lleven mejor con otros o que los Leo sean más valientes que los Piscis, ni que afecte a la profesión en el futuro, la muerte o los demás acontecimientos en la vida de una persona.

Incluso es corriente que todos los astrólogos digan cosas diferentes a una persona que va a su consulta, o bien generalidades que valen para cualquiera. Algo inaudito en la ciencia, que se basa en la regularidad y la repetición, permitiendo que cualquier científico y laboratorio pueda repetir (o refutar) las afirmaciones que haga cualquier otro.

Tampoco la astro-medicina tiene ningún sentido, no existiendo correspondencia entre los cuerpos celestes y las partes del cuerpo o las enfermedades y dolencias que sufrimos. No hay ley de correspondencia entre macrocosmos y microcosmos, esto es una falacia sin fundamento científico y experimental.

El estudio de las mareas, los cálculos de sus desplazamientos, los efectos de las costas y su trazado, la resonancia originada en ciertos lugares costeros amplificando los efectos, las mareas en perihelio, las aproximaciones de los cometas, la posibilidad de colocar un módulo como la sonda Philae en ellos, los desplazamientos también de masas terrestres (menores que los de masas de agua), el estudio de los primeros instantes del Universo, son todo resultados de la ciencia, de los cálculos matemáticos, la investigación y la observación científica, la experimentación y el análisis riguroso, con datos, con laboratorios, con hipótesis, con demostraciones… nada que ver con las vaguedades y generalidades de los astrólogos, los cuales entre ellos se oponen. Incluso los planetas Neptuno y Plutón fueron descubiertos teóricamente mediante cálculos astronómicos antes de ser avistados por telescopio, al no encajar los movimientos orbitales de los planetas cercanos, todo un maravilloso logro de fino cálculo científico de lo que la astrología no puede ni lejanamente lograr.

La astrología es un cúmulo de respuestas generalistas que valen para todo, algo de psicología y consejos morales,… no hay más, aunque revestido con cierta apariencia de conocimientos ocultos y esotéricos y un baño de pseudo-ciencia. En definitiva, la astrología, como nos enseña especialmente la ciencia (esta sí) de la astronomía, es un fraude y un engaño.

La astrología, que intenta dar respuesta a decisiones del día a día, o que quiere determinar si un asunto resultará en éxito o fracaso, o la que determina por el nacimiento el destino de la persona, o la que dice marcar la prosperidad de los pueblos, de la vida en la Tierra, el destino de la humanidad, no tienen ninguna base racional o científica. Simplemente son reductos de pensamiento mágico, irracionalidad, miedo y pánico ante lo desconocido de la vida diaria y nuestro futuro, ante la necesidad del ser humano de dar respuesta a sus preguntas más íntimas. Respuestas que sólo podrá encontrar con el esfuerzo racional, la metodología científica y el trabajo y dedicación de la colectividad humana, así como en la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios, Creador del Cielo, Señor del Tiempo, el Alfa y el Omega, Pasado y Futuro, Rey del Universo.