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“Ha amado mucho”

Me conmueve y me llena de esperanza el nuevo decreto del Santo Padre  por el que a partir de ahora María Magdalena será “festejada” litúrgicamente como el resto de los apóstoles.

Y no sólo porque, como explica el Arzobispo Arthur Roche, Secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, “en el contexto eclesial actual, se requiere una reflexión más profunda sobre la dignidad de la mujer, la nueva evangelización y la grandeza del misterio de la misericordia divina”. Sino, más bien porque  Santa María Magdalena es un “ejemplo de evangelización verdadera y auténtica” para todas aquellas mujeres que nos consideramos pecadoras.

Más aún si cabe, me enternece ver como Cristo tiene con María, a la que llamaban Magdalena, “de la que habían salido siete demonios”, una consideración y una compasión especial por esta mujer, que manifiesta su amor por él, buscándolo en el huerto con angustia y sufrimiento, con “lacrimas humilitatis”, como dice San Anselmo”. Como señalaba Benedicto XVI en Asís (17-6-2007): “Impresiona la ternura con la que Jesús trata a esta mujer, a la que tantos explotaban y todos juzgaban. Ella encontró, por fin, en Jesús unos ojos puros, un corazón capaz de amar sin explotar. En la mirada y en el corazón de Jesús recibió la revelación de Dios Amor”.

Y estas palabras, como mujer pecadora,  me dan paz, mucha paz y mucha esperanza.

Así pues, pongo en mi boca las palabras del salmista:

“Con mi Dios, asaltaré los muros” de mi corazón que me aparten de ti Señor. ¡Cuánto tiene que enseñarme “la apóstol de los apóstoles”, como la define santo Tomás de Aquino, que lloró por sus debilidades en público, sin ningún rubor, pero que – por amor y por fe- acompañó al maestro y a su madre al pie de la cruz, cuando todos le habían abandonado.