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La nación guadalupana: el hogar más allá de muros y puentes

No importa en dónde estén ni a dónde vayan los guadalupanos, la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe les acompaña personalmente, su sola estampa lleva a sus devotos frente a su presencia, ellos la miran y Ella les vuelve la mirada: “Bajo su contemplación, un sentimiento de paz y de confianza desciende como un manto sobre ellos y su familia; su pueblo está en casa”, así lo relata Dreirdre Cornell, autor de Nuestra Señora Americana: cruzando las fronteras con la Virgen María quien recoge algunas de las expresiones cotidianas de fervor entre los migrantes que llevan su devoción mariana más allá de las fronteras de sus naciones.

Aunque la Virgen de Guadalupe eligió México y al indio san Juan Diego Cuauhtlatoatzin para levantar su casa y expresar su mensaje de consuelo, los devotos guadalupanos llevan a cada rincón del mundo sus palabras “¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?” y las sienten tan ciertas como llegar al hogar. San Juan Damasceno, doctor de la Iglesia, decía que las imágenes religiosas son “significados muy precisos de remembranza” y, para los guadalupanos, el recuerdo del cobijo que da el hogar aunque se encuentre a miles de kilómetros está plenamente sintetizado en la Morenita del Tepeyac.

“La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe actúa en los creyentes como un poderoso catalizador para despertar hacia una realidad espiritual siempre presente pero difícilmente perceptible. No importa dónde estén, los devotos de Guadalupe pueden recibir su ‘aparición’. En esa interacción, ellos son confirmados en su verdadera identidad: ser los hijos amados de una poderosa madre que les fortalece”, explica Cornell.

Estar en casa

En el 427 de la 155 Street, justo en el Bronx de Nueva York, se encuentra un alto edificio propiedad de religiosos franciscanos en cuyo costado fue pintado un mural de la Virgen de Guadalupe. Cada madrugada, volviendo de su trabajo en Manhattan, Silvestre Chávez, pasa frente a ella y se siente un poco más en casa. Llegó a Nueva York en 1995 huyendo de la crisis económica en México. Tras su turno en el restaurante, Silvestre toma el autobús Bx41 hasta la avenida Melrose. Camina hasta la estación de bomberos en la 155 y luego hacia Third avenue; en el camino le gusta voltear a ver la imagen de 35 metros de la Virgen de Guadalupe “comienzo a sentirme en casa”, dice Silvestre.

No es el único, el padre Torre –rector del templo franciscano- afirma que “desde la inauguración del mural, el sur del Bronx parece ser más hospitalario con los latinos, lo sienten más como su hogar”.

La Virgen, por tanto, recuerda al hogar, la patria simbólica del mexicano. A propósito, Cornell recoge el testimonio de un matrimonio neoyorkino: “En Newburgh, mi esposo y yo, hospedamos a un conocido migrante que regresaba de un viaje que había hecho a México. Esta ocasión, volvía con un adolescente de 19 años quien por primera vez estaba en Estados Unidos. Pronto, ambos consiguieron trabajo en una farmacia cercana y un lugar dónde rentar. Mientras preparaban sus cosas para dejarnos, les dimos unas pequeñas insignias con la imagen de la Virgen de Guadalupe en ellas. El joven amigo, que había resistido cualquier muestra de emoción durante su largo y difícil viaje con otros indocumentados cruzando la frontera y que soportaba estoicamente sus primeros días de inmersión en una cultura extranjera; ahora, mientras contemplaba la pequeña réplica de esa imagen tan familiar para él, apartaba su rostro para esconder las lágrimas que habían aparecido tan espontáneamente”.

Tener nuestra madre

Por si fuera poco, la Virgen de Guadalupe es, para los guadalupanos fuera de México, algo más que sentirse en casa, también es la presencia maternal que vela por sus hijos y les da aliento para enfrentar los desafíos de una tierra nueva.

“En la vida cotidiana, la virgen mestiza ocupa un lugar decisivo, tanto para los mexicanos que viven en México como aquellos que residen en el extranjero. No importa que no sean católicos practicantes –o que incluso rechacen la religión-, ellos admiran a la Virgen y le piden su intercesión”, explicaba Agnès de Fraissinette, lingüista francesa que estudia la importancia de la religiosidad mariana en la vida de los migrantes. Para la investigadora, “vivir en un país extranjero suele ser una dura prueba para la mayoría de los migrantes, especialmente para aquellos mexicanos que no cuentan con formación profesional”.

Fraissinette contempla en la misma piel morena de la Virgen mestiza, la oportunidad con la que los migrantes mexicanos aceptan y dan a respetar su dignidad y su humanidad: “Ellos están en la mirada de la Virgen morena y, por tanto, en los ojos de Dios y en los de ellos mismos. La Virgen mira en sus corazones y en sus almas, y les da valor. Entonces, una vez que se aceptan y se sienten amados, pueden creer en sí mismos y abrirse a otras realidades”.

La devoción a la Virgen de Guadalupe en el extranjero, sin embargo, es sutilmente diferente que en Santuario del Tepeyac en México. Para Fraissinette, la mayoría de los guadalupanos en México acuden a la Basílica mariana porque saben que allí se apareció la Virgen (40%, según un estudio de Paolo Giurati) pero son menos quienes celebran a Guadalupe por ser “dispensadora de gracias y favores” (20%). Por tanto, al no estar cerca del Tepeyac, los devotos guadalupanos miran en la Virgen morena al modelo maternal que es fiel esposa y madre incondicionalmente dedicada a su familia. Así: “nuestra madre del Cielo les da seguridad y fortaleza para estudiar, trabajar y convivir en una ciudad extranjera, dedicados fielmente a su familia y a sus seres queridos, aunque estos se encuentren lejos”.

Cornell comparte otro testimonio, ahora de un migrante veracruzano: “Él lleva en su cartera una imagen de la Virgen de Guadalupe que recibió durante una misa en una granja donde trabajó años atrás. La estampa tiene los bordes raídos y la imagen desgastada pero aún se distingue claramente el tradicional ícono guadalupano. Aquella misa coincidió con la promesa del migrante para dejar su alcoholismo y, por tanto, su recuperación está intrínsecamente relacionada a la Virgen. Cada vez que él siente el deseo de beber dice sentirse contemplado por Guadalupe y, por ella, respeta su promesa. Tras mudarse a una nueva ciudad, el migrante buscó un grupo latino de Alcohólicos Anónimos por su propia cuenta. Al estar en un país extranjero, sin mayor compañía y supervisión que la imagen de Guadalupe, sabe que ésta le asiste, como una madre, para que cumpla con su trabajo y sea él quien apoye a su familia en México enviándole dinero”.

Conclusión

La presencia de la Virgen de Guadalupe fuera de México no es sólo importante para los sacerdotes misioneros o para las casas religiosas fundadas en el país que hacen comunidad fuera del continente americano. Los sencillos símbolos y gestos de la estampa guadalupana siguen siendo profundamente actuales para sus devotos. Ya sea por el sentido maternal o por la remembranza del hogar, la nación guadalupana habita el mundo con la confianza de sentirse cobijada por estas palabras: “Ten por seguro que lo agradeceré bien y lo pagaré, porque te haré feliz y merecerás mucho que yo recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo”.


Publicado en El Observador de la actualidad No. 1118