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¿Qué queremos para nuestra Sociedad?

Este es un tema que tiene sus complejidades. ¿Queremos una sociedad ordenada según los criterios de Jesucristo? Habría que empezar por decir que entendemos por esto. Porque no se trata de convertir a todos de manera forzada, como ocurrió en otras épocas. Se trata, como dice Jesús nuestro Rey, de ser la sal, la levadura que influye en la sociedad. Pero no queremos una sociedad donde todos sean levadura o todos sean sal. Un tema que da para mucha discusión. Independientemente de que hoy en día no podemos ser otra cosa que una minoría, pero una minoría transformadora.

Pero, ¿podremos transformar la sociedad si desconocemos nuestras propias creencias? ¿Si ignoramos nuestra propia misión? Si hay algo que debemos reconocer es que conocemos poco y mal sobre nuestra propia iglesia. En una encuesta nacional elaborada por el IMDOSOC se decía que el 70% de los católicos mexicanos no conocemos el nombre de nuestro Obispo. Y seguramente el número sería igual o peor si preguntáramos que dicen sus cartas pastorales. Por otro lado, seguramente este número sería aún mayor si preguntáramos en que cree la Iglesia. Y no hablemos de las razones por la cuales la iglesia cree en lo que propone. El camino fácil es decir que lo creemos por la fe, es decir, sin razones. La parte difícil es reconocer que cada parte de nuestro Credo está basada en razonamientos. Y que los misterios de fe, propiamente dichos, muy básicos, no son lo único que debemos saber.

Hablando sobre la sociedad: ¿sabemos que es lo que enseña nuestra iglesia sobre nuestra sociedad? Porque no se trata únicamente de que toda la gente forme parte del culto. Se trata, primordialmente, de una visión de la sociedad basada en una doctrina social cristiana, muy desconocida, pobremente transmitida y, sobre todo, sin muchas ideas concretas para su aplicación. Claro, todo eso existe. Pero se ha quedado en una minoría; la Sociedad en general no sabe la posición de la Iglesia en temas políticos, sociales, económicos, humanos, más allá de hacer el bien sin mirar a quién.

No, no se trata de encontrar culpables. Se trata de poner soluciones. No podemos pretender transformar la sociedad sin una idea de cuáles son los criterios para lograr lo que nuestro Señor Jesucristo desea para ese cambio. A pocos seglares nos quita el sueño nuestro poco conocimiento de estos temas. Y tampoco podemos quedarnos esperando a que nuestro clero, ya de por sí escaso y muy ocupado, sea el que tome la iniciativa y nos esté empujando. Esta es tarea del seglar. Y hay que emprenderla de inmediato.

Por Antonio Maza Pereda