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Cuarto Domingo de Adviento – Navidad

Reflexión homilética 24 de diciembre de 2017

Este año, el IV domingo de Adviento coincide con el 24 de diciembre, que es el día de noche buena y vigilia de Navidad.

Antes de reflexionar respondamos al problema práctico que algunos presentan: ¿Me basta la misa de Gallo para los dos días?

La respuesta es simple: No basta, debo asistir dos veces: la del 24 porque es domingo y la del 25 porque es fiesta de precepto. Ya sabemos que para el 25 la liturgia tiene tres esquemas distintos: la de medianoche, la de la aurora y la del día, cada una de las cuales tiene oraciones y lecturas diferentes. Puedes elegir la que quieras.

Como se trata de dos días especiales abordaré dos breves temas distintos, uno para el domingo IV y otro para Navidad.

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Y LA DEJÓ EL ÁNGEL

En este cuarto domingo leemos el evangelio de la Anunciación: Dios que respeta siempre la libertad, podemos decir que en resumen envía al ángel Gabriel para hacerle una pregunta a la Virgen María:

  • ¿Aceptas ser Madre del Hijo de Dios?

Tenemos muchos puntos concretos para reflexionar en este bellísimo, y yo diría poético, pasaje:

+ Un saludo motivado por tres cosas.

La presencia del Señor en el alma de la Virgen; la gracia que ha llenado el corazón de María desde su propia concepción y la alegría que produce la presencia de Dios.

Esto debemos tenerlo muy en cuenta nosotros porque si, de verdad, queremos tener la alegría de Dios, es preciso vivir en gracia y si hace falta, será bueno incluso confesarnos para comulgar en esta Navidad.

+ La presencia verdadera de Dios en el alma no produce temor:

“No temas María”, dijo el ángel.

Cuando al Papa Juan Pablo II le agradecían su mensaje: “No tengan miedo”, él respondía: No es mío, eso es del Evangelio.

Este es precisamente uno de esos pasajes evangélicos.

+ María, que ha sentido en su corazón que Dios le pedía vivir virginalmente con José (estudia a fondo las palabras de este párrafo evangélico), no entiende cómo Dios le pide que tenga un Hijo.

+ El ángel explica a María el plan de Dios:

El Niño no será hijo de José pero sí de ella y, por un milagro especial, del Espíritu Santo.

+ Antes de irse el ángel da una  especie de consejo a la Virgen: tu pariente, la anciana Isabel, está encinta de seis meses: “Para Dios nada hay imposible”.

+ Cuando la Virgen María entiende el plan de Dios solo tiene una respuesta: “Aquí está la esclava del Señor. Hágase en mí según tu Palabra”.

+ Con esto quedó todo claro y “se fue el ángel”.

Y María comenzó a actuar como una mujer encinta… pero era Dios a quien llevaba en su seno.

 

DIOS HA VISITADO A SU PUEBLO

Estas palabras son las de Zacarías cuando recuperó el habla al nacer su hijo, Juan el Bautista.

Ahora nosotros tendríamos muchos textos que meditar sobre la Navidad. Son cuatro los esquemas que responden esta fiesta: la vigilia y tres momentos especiales: medianoche, la aurora y a lo largo del día, como decíamos antes.

Entresaquemos unos pensamientos de las lecturas del Evangelio:

+ La genealogía: Jesús, por la descendencia de su padre legal, san José, desciende de David.

+ A los pastorcitos, representantes del pueblo sencillo que siempre está ansiando conocer noticias, se les presenta un ángel que les da la mejor:

“Os traigo una buena noticia: hoy en la ciudad de David os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor”.

Por fin en la historia pudo decir el ángel que traía “una gran alegría para todo el pueblo”.

Cuántas veces al sentarnos frente a la televisión esperamos una alegría y qué pocas veces la encontramos.

“Vamos derechos a Belén a ver eso que ha pasado y que nos ha comunicado el Señor”.

Esta vez sí valía la pena ir a conocer de cerca el gran acontecimiento de la redención.

Fíjate bien que son los pastores los que confirman la fe de José y de María porque “al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel Niño”.

+ A San Juan se le representa con el águila porque así como esta ave se remonta con los ojos fijos en el sol, el evangelista se remonta a lo más alto de la Trinidad desde el comienzo de su Evangelio.

Qué importante es meditar a fondo estos dieciocho versículos del cuarto evangelio:

La Palabra, que era Dios, “se hizo carne y acampó entre nosotros y hemos contemplado su gloria”.

Y la gloria que pudieron contemplar los hombres el día de Navidad es la que corresponde “al Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad”.

Y… ¡ojo amigos!:

“A Dios nadie lo ha visto jamás”.

Esta afirmación es verdadera Palabra de Dios… y entonces, ¿cómo podemos conocer a Dios?

Aprende bien que solo a través de Jesús conocemos a Dios:

“Dios Hijo único que está en el seno del Padre es quien nos lo ha dado a conocer”.

Por eso todos en este día nos deseamos una Feliz Navidad, porque es el cumpleaños del Verbo encarnado.

¡FELIZ NAVIDAD!

José Ignacio Alemany Grau, obispo