El 7 de octubre de 1571, en la batalla de Lepanto, una de las más grandes batallas de la humanidad, se reunieron 606 naves de combate marino equivalentes al 75% de las galeras, galeazas, galeotas y fragatas disponibles en todas las flotas del mundo, y se enfrentaron más de 218,000 hombres, de los que murieron casi 38,000.
Fue en el golfo de Lepanto (actual golfo de Corinto), frente a la ciudad de Patrás, en el Peloponeso, en Grecia, donde se enfrentaron los turcos del imperio Otomano contra la coalición cristiana conocida como la Liga Santa. En una plausible estrategia militar, Juan de Austria comandó a la cristiandad en la defensa del ataque perpetrado por el comandante Alí Bajá.
Los turcos se habían ido apoderando paulatinamente de diversos territorios cristianos, acosaban frecuentemente y sin piedad a las embarcaciones cristianas y amenazaban con invadir Europa. Fue necesario emprender una expedición naval conformada por la Liga Santa que se reunió en Mesina, de donde partió hacia el golfo de Lepanto donde ya se encontraba la flota turca desde el 29 de septiembre.
La batalla comenzó con el ataque frontal de ambas flotas desplegadas en línea y con el intento de los turcos de envolver solamente el ala derecha cristiana, ya que el ala izquierda se extendía casi hasta la costa. En ese intento, las dos alas comprometidas -la derecha cristiana y la izquierda turca- mantuvieron combate alejadas del resto de los contendientes y en la que los barcos de la Liga Santa llevaron en principio la peor parte, pero el fracaso del asalto frontal de los otomanos y el auxilio de la reserva cristiana a su alejada ala derecha dieron la victoria a la cristiandad.
Gran parte del mérito de esta victoria se debe a un joven que con 25 años de edad adquirió la enorme responsabilidad de comandar la flota de la Santa Alianza, se trata de Don Juan de Austria, hijo natural del emperador Carlos I y de una humilde mujer de nombre Bárbara Blomberg, y hermano del rey Felipe II. Juan de Austria vivió pocos años, solamente 33, en los que nada material dejó a nadie, nada más que pudiese superar su victoria en Lepanto, y en su testamento escribió que nada poseía en el mundo que no fuese de su hermano y señor el Rey.
Otro gran mérito de la victoria es para el papa San Pío V, de nombre Antonio Ghislieri, cuya vida y pontificado se caracterizaron por su gran humildad y por su inagotable actividad. Nació el 17 de enero de 1504 en Alessandría, Italia. A la edad de 17 años profesó en la Orden de Predicadores, en Vigevano, y tomó el nombre de fray Miguel. Estudió filosofía y teología en Bolonia y enseñó en Pavía. En 1551, el papa Julio III lo designó Comisario General del Santo Oficio. En 1556 el papa Pablo IV lo nombró obispo de Sutri y Nepi, en 1557 lo creó cardenal y en 1560 lo hizo obispo de Mondovi, en Piamonte. En 1566, a la edad de 62 años, fue elegido Papa, y de inmediato se dio a la tarea de visitar a pie todas las iglesias de Roma, llevó el estilo de la Orden de los Dominicos a la Curia Romana, publicó el Breviario, el Catecismo y el Misal Romanos del concilio de Trento. Siempre vistió el hábito dominico, y es por esa devoción suya que hasta ahora el papa viste sotana de color marfil. Murió en Roma el 1 de mayo de 1572, a la edad de 68 años tras un pontificado de siete. El 22 de mayo de 1721 fue beatificado por Clemente X, y canonizado por Clemente XI el 22 de mayo de 1721. Su cuerpo se venera en la capilla del Santísimo Sacramento de la basílica romana de Santa María la Mayor.
Ante la amenaza de destrucción y muerte con la inminente invasión otomana, el papa san Pío V tuvo la visión de constituir la Liga Santa para defender la Fe en Lepanto mientras imploraba la protección de la Virgen María con el santo Rosario entre sus manos, rezando, mientras se libraba la batalla del 7 de octubre, fecha en la que quedó establecida la festividad de Nuestra Señora de la Victoria y del Rosario.
En Lepanto, la Virgen María intervino prodigiosamente en favor de la cristiandad, la Liga Santa logró frenar en seco el expansionismo turco por el mediterráneo occidental y romper con la superioridad naval del Imperio Otomano para el resto de la Historia, y el papa san Pío V logró defender y salvaguardar la fe en Jesucristo.