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Permanecer en la vid

Reflexión dominical 29.04.18

La viña, la vid, la uva, el vino… todo esto tiene una gran tradición en el pueblo de Israel, por eso Jesús la tomará también repetidas veces en el Evangelio para dar a entender al pueblo lo que es el Reino de Dios y cómo se entra y permanece en él.

Es lógico en este momento citar al profeta Isaías en su delicioso capítulo cinco, que empieza así:

“Voy a cantar a mi amigo el canto de mi amado por su viña:

Mi amigo tenía una viña en un fértil collado.

La entrecavó, quitó las piedras y plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un lagar.

Esperaba que diese uvas pero dio agrazones”.

Sabemos que el cantor es Isaías, su amigo es el Señor y la viña representa a Israel.

Así se resume toda la historia del pueblo de Dios.

Podremos encontrar citas bíblicas sobre la viña en Jeremías, Ezequiel y también en el salmo 80,9-19 y sobre todo en el evangelio de Jesús que presenta varias parábolas sobre la viña y de manera especial la alegoría que encontraremos hoy en el evangelio de Juan.

Aparte del encanto poético de la comparación aparece la profundidad de las relaciones de la comunidad (Israel, la Iglesia) y cada uno de nosotros que conocemos nuestra personal respuesta a tantas delicadezas como Dios ha tenido con cada uno a lo largo de la vida.

Pero vayamos a las lecturas de este día.

  • Hechos

Los Hechos de los apóstoles nos presentan los primeros días de Pablo, convertido en predicador y “al que todos tenían miedo porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo”, ya que había perseguido tanto a la Iglesia.

Como siempre el Señor vela y Bernabé salió fiador de Pablo quien pudo explicar su conversión. Finalmente San Lucas en este párrafo nos explica cómo se iba estableciendo la Iglesia en la fidelidad al Señor y se iba multiplicando animada por el Espíritu Santo.

Esto mismo tenemos que hacer hoy, cuando parece que la Iglesia se va desintegrando a los ojos de muchas personas.

La fidelidad a Dios y la confianza en el Espíritu de Jesús tienen que mantenernos en la paz y crecimiento del Reino. Que esta es la voluntad de Dios.

  • Salmo responsorial

El salmo propuesto en este domingo es un fragmento del 21 que nos habla de la fidelidad a Dios y de cómo la Iglesia debe ir creciendo y hablando de Dios de una a otra generación para que todos lo conozcan y sirvan.

  • San Juan

El apóstol nos habla de cómo el guardar los mandamientos es una de las pruebas del amor que tenemos a nuestro Dios.

Dicho de otra forma: los mandamientos hay que guardarlos (no cumplir por cumplir). Y se “guarda” lo que se ama.

Cuando guardamos los mandamientos se da este dulce intercambio: nosotros permaneceremos en Dios y Dios en nosotros.

Este amor supone la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida:

“En esto conocemos que permanece Dios en nosotros: por el Espíritu que nos dio”.

  • Verso aleluyático

Nos repite un verbo muy querido por San Juan, sobre todo al tratar la vid y los sarmientos, como veremos en el Evangelio.

Precisamente de allí está tomado este versículo:

“Permaneced en mí y yo en vosotros.

El que permanece en mí da un fruto abundante”.

  • Evangelio

Comienza con la gran afirmación con que Jesús define, de otra forma asequible a nosotros, el “yo soy”.

En la parábola tenemos también una aplicación muy concreta y más profunda que la que nos daba Isaías:

En ella el dueño de la viña es el Padre, Jesús es la viña misma y podríamos decir que el Espíritu Santo es la savia, la vida que va desde el tronco a cada una de las ramas que somos nosotros.

En el plan de Dios todos estamos llamados a formar parte de esta vid, que es la humanidad participando de la divinidad. De ahí que Jesús recalque de muchas maneras que hay que “permanecer” unidos en la vid.

Quien permanece, da fruto y fruto abundante para la vida eterna.

Quien no permanece se seca, lejos de Dios, y se queda fuera de la salvación.

Amigos, tengamos en cuenta la conclusión del parrafito de hoy:

Nuestra vida es para glorificar a nuestro Dios y Creador y Jesús nos advierte que la forma que tenemos de glorificar al Padre es dar fruto abundante, cosa que solo es posible si estamos unidos al Hijo y dentro de nosotros abunda la savia del Espíritu Santo: el amor.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo