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El mayor nacido de mujer

Reflexión homilética 24 de junio de 2018

Muchas personas saben de san Juan Bautista poco más o menos que el dicho: “Cuando san Juan baje el dedo”.

¡Qué poco! ¿No?

Ni siquiera saben que el dicho se refiere a la imagen que lo representa, señalando con el dedo a Jesús, que aparece en medio de la multitud y él comenta:

“Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

Y no bajará el dedo porque así lo dejó el mármol o el yeso…

Pero Juan Bautista es el más grande de los hombres, porque así lo definió Jesús:

“Entre los nacidos de mujer no hay ninguno mayor que Juan Bautista”.

Se le llama “Precursor” porque fue delante de Jesús preparando al pueblo para recibirlo, como dijo su padre Zacarías el día que recobró el habla:

“Y tú niño irás delante del Señor para preparar sus caminos”.

Nació seis meses antes de Jesús, como se lo anunció el ángel Gabriel a María.

El día de su nacimiento es muy grande para la Iglesia, porque sabe que al nacer venía ya santificado por el encuentro que tuvo su madre Isabel el día que la visitó su prima María:

“En cuanto tu saludo llegó a mis oídos la criatura saltó de alegría en mi vientre”.

Precisamente porque es el único de quien conocemos que nació en gracia, celebramos su fiesta como “solemnidad”, la única dedicada a un nacimiento. Naturalmente excepto el de Jesús y de María.

Por ser solemnidad, a pesar de ser domingo, celebramos hoy a san Juan Bautista.

  • Prefacio

La Iglesia en el prefacio de esta fiesta nos hace un resumen de la grandeza del Bautista.

Les invito a meditar por qué recordamos la grandeza del Precursor, cuya imagen se encuentra en catedrales, templos grandes y pequeños, y en tantas casitas, aunque sea en una pequeña estampa.

Dios ha sido glorificado en este gran santo.

Ojalá nuestra vida también glorifique al Señor:

“Al celebrar hoy la gloria de Juan el Bautista, precursor de tu Hijo y el mayor de los nacidos de mujer, proclamamos tu grandeza.

Porque él saltó de alegría en el vientre de su madre, al llegar el Salvador de los hombres, y su nacimiento fue motivo de gozo para muchos.

Él fue escogido entre todos los profetas para mostrar a las gentes el Cordero que quita el pecado del mundo.

Él bautizó en el Jordán al Autor del bautismo, y el agua viva tiene, desde entonces, poder de salvación para los hombres. Y él dio, por fin, su sangre como supremo testimonio por el nombre de Cristo”.

  • Isaías

Se trata del segundo “cántico del siervo del Señor” que se refiere a Israel y la liturgia lo aplica al Bautista, porque ve en el relato algunas coincidencias:

+ “El Señor me llamó desde el vientre materno”.

+ “El que me formó desde el vientre como siervo suyo”.

+ “Te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”.

  • Hechos

En los Hechos de los apóstoles San Pablo alaba la humildad de Juan Bautista:

“Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias”.

Él vino a bautizar a todos con un bautismo que no era sacramento, sino un acto de humildad.

Los bautizaba con agua, solo como “un bautismo de conversión”.

Pero no quiso engañar a nadie ni que pudieran confundirle con el Mesías. Por eso las palabras de humildad que hemos recordado antes.

En su humildad reconocía no merecer ni ser esclavo de Jesús, cuando afirmó:

“No soy digno de desatar la correa de sus sandalias”, que era oficio de esclavos.

  • Evangelio

Nos recuerda los comentarios del nacimiento de Juan en su pequeño pueblo Aim Karin, a la hora de ponerle el nombre.

Aunque para nosotros ese momento perdió su importancia familiar, en aquel tiempo sí la tenía.

De ahí la discusión de Isabel, y luego la del padre Zacarías cuando, milagrosamente, recuperó el habla en aquel momento, diciendo:

“Se va a llamar Juan”.

La conclusión que sacó el pueblo fue una realidad:

“¿Qué va a ser de este niño?

Porque la mano del Señor estaba con él”.

Pronto Juan se retiró al desierto para hacer penitencia y en su momento comenzó a evangelizar a todos, cumpliendo su peculiar misión: preparar el camino a Jesús.

Ten presente que tú también, desde el bautismo, tienes la misma misión que Juan Bautista.

Por José Ignacio Alemany Grau, obispo