Septiembre deja una huella histórica en las relaciones entre dos naciones que, durante un tiempo que rebasa a las décadas y se podría decir siglos, nunca realmente tuvieron relaciones. El Papa Francisco ha iniciado la armonización de las relaciones entre China y el Vaticano. Un primer paso complicado tratándose de la segunda potencia económica mundial.
Incluye la creación de una nueva diócesis. El portavoz del Papa, Greg Burke, ha dicho no es el final de un proceso, sino el comienzo […] El objetivo no es político, sino pastoral. Un país con 12 millones de católicos y unos 40 millones de cristianos, en 2030 podría ser la mayor población cristiana del mundo con 247 millones, lo que representaría un gran paso en la evangelización del siglo XXI.
Se reconocerán por parte del Vaticano, a los obispos nombrados durante las últimas décadas y de mutuo acuerdo los futuros. Se pone fin a las dos iglesias que convivían hasta ahora: la oficial, controlada por una Asociación Patriótica y la clandestina por obispos. Ahora habrá solo una. A cambio, Pekín reconoce al Papa como jefe único.
Las connotaciones políticas son descomunales en medio la guerra comercial entre Pekín y Washington. Mientras China considera a Taiwán parte de su territorio y no está dispuesto que sus socios mantengan relaciones diplomáticas con dicho país, el Vaticano, sin embargo, es uno de los pocos países que la reconocen como un Estado.
Por ello, una oficina en Pekín es estratégica para la labor pastoral.
Por Sergio Ibarra