jueves, diciembre 13, 2018
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Se enfada uno ¡Qué le vamos a hacer!

Me enfado, no puedo evitarlo, cuando leo algunos blogs, páginas de información católica o columnas de «opinadores» que no tienen el menor escrúpulo en mentir sobre lo que hace, dice o piensa el Papa.

Todavía me enojo más cuando leo noticias en las que se manipula groseramente y sin vergüenza alguna sus declaraciones, que son además por lo usual supuestas o, a lo más, rumores improbables, con la intención de hacer creer que Francisco niega este dogma, desprecia a este Cardenal, malquiere a esta orden religiosa… Y lo peor es que la tergiversación es con frecuencia evidente y bochornosa y los que la hacen se dan golpes en el pecho afirmando su amor a la verdad y a la Iglesia…

Yo estoy feliz con este Papa. También lo estaba, y no menos, con Benedicto XVI y también con Juan Pablo II. Afirmo fundadamente que Francisco es un buen Papa. Es más, que es una gracia para la Iglesia de hoy.

Pero los fuleros no cesan. Por ejemplo se dice, se rumorea -que no se sabe ni siquiera si la noticia tiene veracidad alguna- que al reunirse con la familia de una adolescente desaparecida hace veinticinco años Francisco ha comentado a los padres que su niña está en el cielo. ¡Y la noticia que se da es que el Papa «la ha canonizado sin ceremonia»!, llegando a preguntarse el comentarista sobre qué sabe Francisco sobre la desaparición de la muchacha cuando la va dando por fallecida, insinuando que algo de culpa tiene en el hecho, aunque sea de encubrimiento. Es sencillamente miserable y quien lo dice, que escribe sin inmutarse en un medio católico de los que quieren ganar fama criticando a Francisco, se queda más ancho que largo.

Otros se sacan de la manga que no cree en el Infierno -del que ha hablado y no pocas veces- o, ya en el colmo de la estupidez, que no cree en la inmortalidad del alma.

Todo esto me parece repugnante, sobre todo cuando se busca, de la manera más retorcida y adulterada, sacar de quicio sus palabras para darles la interpretación más negativa posible que viene a  resultar, por exagerada y maquiavélica, completamente falsa, absurda y ridícula ¡Pero ahí que la escriben y esperan que la gente se lo crea!

Se enfada uno ¡Qué le vamos a hacer!

Por Marcelo López Cambronero