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Epifanía, la manifestación del amor

Reflexión homilética del 6 de enero de 2019

Isaías

El profeta Isaías nos presenta en un bellísimo estilo oriental a Jerusalén como si fuera una persona muy especial e importante.

Jerusalén es como una doncella maravillosa, predilecta de Dios, que llama la atención de los hombres por su belleza.

La belleza es comparada en este caso con la luz.

La luz que brilla en Jerusalén es de Dios y viene de Dios o mejor, el Dios que viene a ella es luz.

Pero ha llegado el momento de Dios y ahora todos los pueblos son invitados a acercarse a la luz y revestirse de Dios, lo mismo que Jerusalén que representa al pueblo escogido.

Las cosas han cambiado.

Se acabó el Antiguo Testamento en que Dios llamaba solo a un pueblo privilegiado.

A partir de este momento Dios llama a todos los gentiles que, por la belleza de Jerusalén, llegan a Dios.

Bajo estas bellísimas imágenes está profetizada la Iglesia, que el Apocalipsis descubrirá más hermosa todavía con estas palabras:

“Y vi la ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se adorna para su esposo”.

Salmo 71

Hoy es el día de los “gentiles” (se llama así a todos los que no pertenecen al pueblo de Israel).

Es el día en que Dios llama a todos los pueblos representados en los Magos que vienen de lejos con regalos a adorar al Señor.

Es la fiesta de todos.

Hoy desde la cuna de pajas de Belén Dios llama a toda la humanidad.

Y los hombres se acercan a Él representados en los Magos.

Amigo, no te quedes atrás.

Dios nos llama a todos con su luz maravillosa que deslumbra y atrae a los hombres de buena voluntad.

¡Misterio del “Dios-con-nosotros”!

Efesios

Pablo aclara el profundo sentido de esta fiesta de Epifanía o manifestación de Dios:

Con la venida de Cristo quedó claro “que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa de Dios” en Cristo, dada a conocer por el anuncio del Evangelio.

Aleluya

Medita un parrafito del Evangelio de Mateo: Los Magos llegan a Jerusalén con una gran noticia que casi nadie conoce:

“Hemos visto salir su estrella y venimos a adorar al Señor”.

Qué distintas reacciones produce la cercanía de Dios. Lo veremos en el Evangelio.

Pero ya desde ahora piensa que tu salvación la tiene Dios y te la ofrece: todo depende de cómo la acojas tú.

Evangelio

No es fácil entender el sacrificio y la fe que supone esta frase de San Mateo:

“Unos magos de oriente se presentaron en Jerusalén”.

Reflexionemos:

+ Estudio de los astros y distinguir entre ellos una estrella muy especial.

+ Buscar en los libros, sobre todo en la Biblia, el significado de aquel astro.

+ Formar una caravana, reunir gente, provisiones y los regalos muy especiales para un hipotético rey.

+ Suponer que un rey nace normalmente en la capital y por tanto dirigirse a Jerusalén.

+ Presentarse en palacio preguntando: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?”

Nadie sabía nada pero cuánta seguridad llevaban y cuánto tiempo emplearon aquellos Magos que venían tan decididos, ya que Herodes concluye que los hechos resumen todo este tiempo en un par de años que anotará él para realizar su infame hazaña.

Admiramos la maldad que oculta el rey de Israel, enfermo y viejo, que se muere de miedo pensando que un bebé crecerá y podrá destronarlo.

¡Cuánta maldad cargamos los humanos y cómo disimulamos nuestras intenciones!

Pero Dios y la verdad triunfan porque Dios es el Señor de los tiempos.

Los Magos vuelven a ver la estrella que les conduce hasta el lugar, sin duda una casita sencilla, en la que ahora vive la Sagrada Familia.

Dios les ha regalado una fe maravillosa para descubrir que aquel Niño de una familia humilde es Dios y lo adoran y ofrecen dones simbólicos:

Incienso, como a Dios; mirra, como a Redentor y oro como a Rey.

¿Hasta dónde llega tu fe para reconocer a Dios en los pobres y sencillos de hoy?

Porque Dios sigue acompañando la historia humana.

Por Mons. José Ignacio Alemany Grau

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