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Cristo resucitó, ¿y nosotros?

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El acontecimiento nuclear de nuestra fe es la Resurrección de Jesucristo.  Sin un convencimiento de fe en esta fundamental verdad ni hay Iglesia ni hay cristianos.

El acontecimiento nuclear de nuestra fe es la Resurrección de Jesucristo. Nada nuevo para un cristiano bien formado. Sobre este cimiento descansa toda la estructura de la Iglesia y de las personas que la formamos. Sin un convencimiento de fe en esta fundamental verdad ni hay Iglesia ni hay cristianos.
 
NUESTRA RESURRECCIÓN.
 
El apóstol S. Pablo escribiendo a los fieles de Corinto, se expresa de este modo claro y contundente: ”Si se predica que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo decís algunos que los muertos no resucitan?.Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó nada podéis esperar de vuestra fe y aún seguís en vuestros pecados. Y también los que entraron en el descanso junto a Cristo están perdidos. Si sólo para esta vida esperamos en Cristo, somos los más infelices de todos los hombres. Pero no. Cristo resucitó de entre los muertos. El ha sido el primero, como primicia de los que duermen. Un hombre trajo la muerte y un hombre también trae la resurrección de los muertos” (1ª Cor.15,12-21).
 
CONVERSIÓN Y BAUTISMO.
 
El leif motiv de la predicación de los Apóstoles fue precisamente el anuncio de la Resurrección de Cristo.
He aquí lo que se dice en los Hechos de los Apóstoles:”El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra. Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo constituyó Señor y Mesías. Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:¿Qué tenemos que hacer ,hermanos?.Pedro les contestó: Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo. (Hechos 2.14, 36-39).
 
EVANGELIZACIÒN- CONVERSIÓN.
 
Sin el anuncio gozoso de Cristo Resucitado (evangelización), no puede darse el encuentro normal con Dios ( conversión ).
 
Siempre en la Iglesia se ha dado este orden. Cuando una persona ha conocido el anuncio de Cristo resucitado y se ha arrepentido de sus pecados, se ha vuelto a El (conversión), entonces y sólo entonces, se procedía a su bautismo (sacramento ). Es decir a la sacramentalización deberá preceder la evangelización y ésta a la conversión. Nunca al revés. El bautismo, por así decir, sella el compromiso de seguir a Jesucristo, como miembro de su comunidad eclesial.
 
SITUACIÓN ACTUAL.
 
Uno de los problemas más serios que se presentan a los pastores de la Iglesia, sobre todo en los países de larga tradición católica, como en España, es encontrarse con una gran masa de gente bautizada que está sin evangelizar y por consiguiente sin conversión personal. Si han recibido el bautismo de mayores no hay problema. Pero si han sido bautizados de pequeños, con mínimas exigencias de fe a sus padres y padrinos, tendremos cristianos de nombre ( la mayoría ),pero no de convicción y de vida (minoría).
 
Según mi humilde opinión, se ha apostado, hasta ahora en España,-época de cristiandad- por una pastoral de número –sacramentalización- pero carente de conversión y de vida cristiana. Los resultados no han sido ni pueden ser satisfactorios.
 
HOMBRES NUEVOS.
 
Un verdadero cristiano es aquel que unido a Cristo resucitado por el bautismo, vive y se esfuerza en cualquier circunstancia, en vivir su misma vida, como testigo suyo en medio del mundo.
 
He aquí cómo se expresa S.Pablo: ”Por el bautismo fuimos sepultados con Cristo para compartir su muerte, y así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Si hemos sido injertados en él y participamos en una muerte semejante a la suya, también participaremos de una resurrección como la suya”.(Rom.6,4-5 ).
 
En la carta a los cristianos de Colosas dice también:”Puesto que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios “(Col.3.1)
Según esto, es un contrasentido, llamarse y considerarse cristiano y vivir como “hombre viejo” carente de la gracia de Dios -en pecado- y afanarse sólo por las cosas terrenales y caducas.
 
DIVERSAS PRESENCIAS DEL RESUCITADO.
 
Sabemos que Cristo resucitado se hace presente de muchos modos y maneras:
*En su Iglesia-“Yo estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos”.
*En la Asamblea – “ Donde dos o más, se reúnen en mi nombre allí estoy Yo en medio de ellos”
*En el prójimo-“Lo que hicisteis a uno de estos, los humildes, a Mí lo hicisteis”.
*En el amor y gracia santificante-“Si alguien me ama, mi Padre le amará y vendremos a él y haremos morada en él.”
*En la Eucaristía-“Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”.”Yo soy el pan de vida. El que come de este pan vivirá para siempre”.
 
La unión más perfecta con el Resucitado es la que se da en la común –unión, al recibirlo en la eucaristía. En este sacramento, Cristo resucitado se nos da como comida y alimento para la vida eterna.
Con razón decían los santos que una sola comunión o una sola misa bien hechas o celebradas sería suficiente para hacernos santos. Lástima que la rutina, la indiferencia, la falta de fe o reflexión, malogren estos frutos en gran parte de los cristianos practicantes e incluso en personas religiosas o almas consagradas.
 
¿Y NOSOTROS QUÉ?
De mil modos y maneras en nuestras celebraciones litúrgicas oímos y proclamamos que Cristo ha resucitado. Sabemos que como miembros del cuerpo, de Cristo formamos una sola cosa con el Resucitado, que es nuestra cabeza.
 
Ahora bien. ¡Cuántos contrastes, cuántas incoherencias, cuántos pecados y desamores en nuestra vida cristiana¡ .Y no sólo a nivel personal, sino de Iglesia y comunidad del Resucitado.
-Vivimos ajenos a las realidades trascendentes y espirituales, inmersos en le materialismo de la vida.
-Una inmensa mayoría de bautizados viven como “hombres viejos”-EN PECADO Y SIN APENAS FE Y ESPERANZA.
-No somos testigos contagiosos del Resucitado y llevamos una vida opaca, anodina y mediocre, como los que no creen ni esperan en nada.
-No valoramos las diversas presencias de Cristo Resucitado y sobre todo descuidamos el trato con Cristo en la Eucaristía. Muchos bautizados ni oyen casi nunca su Palabra-única que tiene VIDA ETERNA-ni se acercan a recibir fuerza espiritual en la comunión.
-Grandes sectores de la Iglesia-sin exceptuar a sacerdotes y religiosos-VIVEN COMO DORMIDOS en esta sociedad secularizada y materialista. No son ni sal ni luz para el mundo. La causa de todo el descuido de la oración y el poco trato personal y amoroso con Cristo Resucitado en la Eucaristía.
 
CONCLUSIÓN.
 
Todos deberíamos hacer nuestro el contenido del himno que recitamos en el breviario en el tiempo pascual:
 
Pascua sagrada, ¡oh fiesta de la luz!
despierta tú que duermes y el Señor te alumbrará.
 
Pascua sagrada, ¡eterna novedad!
Dejad al hombre viejo/revestíos del Señor.
 
Pascua sagrada. La sala del festín
se llena de invitados que celebran al Señor.
 
Pascua sagrada. ¡Cantemos al Señor!
Vivamos la alegría dada a luz en el dolor.

(Artículo publicado por primera vez el 26 de abril de 2002)