jueves, marzo 21, 2019
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Santa María custodia de Dios

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Santa María es una muchacha joven. Pero no tiene miedo a Dios, porque Dios está con ella, dentro de ella.

 


En cierto modo, podemos decir que su viaje (de Nazaret a Ain Karim, el pueblo de Zacarías e Isabel) fue la primera “procesión eucarística” de la historia: María, sagrario vivo del Dios encarnado, es el Arca de la Alianza en la que Dios visitó y redimió a su pueblo”.

Reflexionemos un poco sobre la riqueza de estas palabras que el Papa Benedicto XVI pronunció el día de la Visitación de la Virgen a Santa Isabel, el 31 de mayo de este año.

María es joven, pero no tiene miedo a Dios.

Los hombres temen a Dios. Es cierto. Muchas veces el respeto que se pone por delante es para marcar distancias. Sabemos que hay hombres que no comulgan porque prefieren su vida de pecado. Pero también hay otros que no quieren complicarse la existencia recibiendo a Dios Eucaristía.

Frente a todo esto la joven María se atreve a “cargar” a Dios en sus entrañas virginales. Y es que hace falta ser muy niño, muy simple, para no extrañarse de las cosas grandes. Para el niño lo sublime es lo más natural.

Eso le pasó a la Virgen: Ella aceptó el plan del ángel porque le venía de Dios.

Puede ser que lo pensara, y más posible que no pensara, en las complicaciones con sus padres, con la gente del pueblo y sobre todo con José al que amaba… Entendió que Dios pedía.

Su alma pura sabía que a Dios no se le niega nada y desde lo más hondo del alma le salió: “si soy su esclava… pues que se haga en mí lo que tú dices”.

Y el Verbo de Dios bajó hasta ella. Con el poder de su Espíritu Santo se encarnó.

El Papa insinúa esta bella idea: como el sacerdote coloca en la custodia la hostia consagrada, en la que está realmente presente Jesús… de la misma manera el Espíritu Santo colocó al Verbo de Dios en el cuerpo virgen de Santa María.

¡Desde entonces….!

Sin duda que tú sabes qué era el Arca de la Alianza:

Era el tesoro de Israel. Hecha de maderas preciosas y revestida de oro, encerraba el vaso del maná, la vara de Aarón florida y las tablas de la ley.

Desde la encarnación del Verbo, María llevaba el nuevo “legislador”, Jesús, el nuevo Moisés que nos dio la nueva ley, la del amor…. Contenía también al nuevo sacerdote, Jesucristo. Y, finalmente, contenía no el maná “del que comieron los antepasados en el desierto y murieron” sino a Aquél que se haría “Eucaristía”, pan y vino consagrados y transformados en el cuerpo y la sangre de Jesús.

Donde iba María, custodia santa, iba Jesús bendiciendo; algo así como también en el Antiguo Testamento el Arca de la Alianza llevaba por doquier la bendición de Dios….

De esta manera el cuerpo de Santa María era la primera custodia que se paseaba, con Jesús, por las calles de Nazareth y entraba en las casas y salía al campo y participaba en las pequeñas reuniones del pueblo… y en cada uno de estos retiros, aquella “joven atrevida” metía Dios!! La gente no lo sabía, pero allí estaba Dios.  Dios vivo y encarnado.

Buena lección para nosotros que somos tan difíciles para evangelizar con palabras que comprometen y sobre todo con la vida que se entrega:

Muchas veces el miedo a Dios es porque no lo llevamos dentro.

Hemos roto con Él, pecando, y nos parece que está asegurado el castigo y hasta la maldición y condenación. No creemos de verdad que Dios es amor y misericordia y que nos espera siempre.

La lección que nos da la joven María es muy distinta:

Cada cristiano debe imitarla: En el bautismo se nos metió Dios en el corazón.

La Trinidad Santa habita en nosotros. Así nos convertimos también en custodia de Dios y debemos ser también arcas de alianzas entre los hombres y Dios.

Cada cristiano debe ser bendición para todo hombre que se le acerca.

Más todavía: cuando comulgamos en gracia de Dios nos hacemos portadores de Dios entre los hombres: cargamos a Jesús Eucaristía con el cuerpo que le dio la Virgen Santa.

¿Qué más? Todo esto nos santifica a nosotros y nos hace “cristóforos” que así se llamaba a muchos cristianos porque esa palabra significa “portadores de Dios” entre los hombres y para ellos.