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Encontrar un mar

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Me pregunto por qué en las noticias se calla la bondad de los verdaderos héroes. No lo sé y, me permiten que se los diga, tampoco me preocupa tanto. Ellos están construyendo nuestro mundo, en silencio, ladrillo a ladrillo, con sus buenas obras.

 

San Juan de la Cruz, el santo que logró eternizar la palabra poética, escribió una frase que creo debería ser el lema de cada cristiano: «Donde no hay amor, pon amor y encontrarás amor». Así de simple y así de profundo. Y estoy plenamente seguro que la buena señora Lucía Adame se sonreirá al leer esto.

Lucía es la directora de un Centro de ayuda para la Mujer en Tijuana, México. Desde hace seis años se ha desgastado, junto con diversos colaboradores, en la atención a mujeres con embarazos no deseados, ayudándoles a tener a sus hijitos.

«Hemos atendido a más de tres mil mujeres y, gracias a Dios, hemos podido salvar la vida de muchos bebecitos», me comentaba en un mensaje.

Pero, como todo en esta vida, las dificultades no se hicieron esperar. Empezaron a tener un mal momento económico y no sabían cómo salir a flote. Después de muchos intentos, decidieron poner un anuncio en el periódico, pidiendo ayuda.

Pasaron los días y llegaron los primeros donativos, pero el trabajo seguía multiplicándose; diversas mujeres acudían solicitando protección. Entre ellas, venía siempre Lupita, a la que habían socorrido unos años antes, pero que seguía yendo por pañales, leche o un simple consejo.

Lucía recordaba perfectamente el niñito de Lupita y las complicaciones con que había salido adelante. Se consiguió que la admitieran como trabajadora doméstica en una casa, pero ni eso le servía para atender adecuadamente a su hijito.

Aquel día, Lucía suspiró, pensando que el trabajo no parecía terminar, pero le lució su mejor sonrisa, segura de que Lupita necesitaría mucho cariño. Su sorpresa fue mayúscula cuando ella sacó de su bolso un sobre con 500 pesos. Seguramente se le pintó a Lucía un signo de interrogación en la cara, pues Lupita le dijo:

«Gracias a ustedes tengo mi bebé y les debo mucho. He visto su anuncio en el periódico, pidiendo ayuda. Aquí está mi contribución… pequeña… pero con mucho amor». Y terminó: «Y no va a ser la última, ¿eh?».

A Lucía -¿a quién no?- se le llenaron los ojos de lágrimas. «Esta pobre mujer no tenía ni qué comer y nos daba su ayuda». Y, ¡ay de ella si se lo negaba!

Me pregunto por qué en las noticias se calla la bondad de los verdaderos héroes. No lo sé y, me permiten que se los diga, tampoco me preocupa tanto. Ellos están construyendo nuestro mundo, en silencio, ladrillo a ladrillo, con sus buenas obras. Un día nos daremos cuenta que el edificio está ya en pie y que será imposible destruirlo.

Qué razón tenía el bueno de san Juan de la Cruz: el cariño construye bellamente, y, además, con unos cimientos muy sólidos. Por eso escribía en poesía, pues es como mejor se expresa la belleza de la entrega auténtica: como la de Lupita, que supo dar cariño ahí donde aparentemente no había, encontrando así  todo un mar de amor.