martes, septiembre 18, 2018
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De la filantropía a la caridad cristiana en tiempos de Facebook

Según los datos más recientes, uno de cada cuatro estadounidenses realizaron voluntariado en 2011, de acuerdo al estudio «Volunteering and Civic Life in America 2012» realizado por «The Corporation for National and Community Service». La recaudación de dinero (26,2%), conseguir, preparar, distribuir o servir comida (23,6%), tareas domésticas y de transporte (20,3%) o asesoramiento y enseñanza (18,6%) son las actividades que 64,3 millones de ciudadanos de los Estados Unidos apoyaron más. En tiempo, eso se traduce en más de 8 mil millones de horas (el estudio puede verse en este enlace http://www.volunteeringinamerica.gov/).

Aunque los datos del análisis resultan positivos, se debe observar que la población de la Unión Americana supera los 308 millones de habitantes. En rigor, se trataría más bien de una minoría comprometida en acciones sociales.

El dato contrasta con lo que empíricamente se constata en tantas ocasiones en las redes sociales, en eso que podríamos llamar una nueva forma de «solidaridad digital».

Sucedió en 2012 con el caso «Bringing Home the Browns»: a las 34 semanas de embarazo, mientras su esposo se encuentra en Afganistán, una joven madre de nombre Heather entra en coma y el bebé tiene que nacer por cesárea de emergencia. La historia se hizo viral y la página de Facebook (http://www.facebook.com/BringingHomeTheBrowns), donde se han ido contando las peripecias sucesivas, cuenta con más de 1,1 millones de seguidores. O qué decir de otra de las grandes historias virales de 2012: el policía neoyorquino que haciendo su trabajo de patrullaje por las gélidas calles de su ciudad se topa con un mendigo al que le compra y regala unos zapatos y calcetines. En ese instante pasa por allí una turista de Arizona, hace la foto con su teléfono y la cuelga en la red. A las pocas horas millones de personas conocen el hecho en multitud de ciudades del planeta.

Es verdad que muchas de esas historias y situaciones son ampliamente populares gracias al potencial viral de las redes sociales. De otro modo quedarían en lo oculto y esto es ya algo positivo. En este sentido, la acción de «compartir», convertirse en fan o señalar con un «me gusta» públicamente en la web refleja una gran sensibilidad hacia historias y testimonios humanos que apelan precisamente a la solidaridad.

En la era de los social network las historias de vida también conmueven el corazón humano. Sin embargo, son pocas las acciones que fuera del ámbito digital conducen a acciones concretas para mejorar lo que en la red ha despertado interés. La «solidaridad digital» queda reducida a un «me gusta».

¿No se trata en el fondo de una redefinición de lo que en otro tiempo se llamó filantropía? Ciertamente en el ámbito confesional católico la situación puede ser un poco más preocupante pues apunta a desvirtuar el concepto de caridad cristiana. Y es que mientras la filantropía es un valor humano que supone dar cosas, la caridad cristiana implica darse a sí mismo porque alguien –Dios– se ha dado primero por uno, porque antes hemos recibido. La filantropía es horizontal, se queda en el plano humano; la caridad cristiana es, además, vertical, apunta a lo alto, a lo trascendente.

En la red circula una imagen que presenta a un niño de la calle pidiendo ayuda a una joven. En un primer momento el niño invita a la chica a ayudar a los niños necesitados, y le extiende el vaso recolector. La respuesta de la joven, presentada en un segundo momento, recoge gráficamente lo que hoy se entiende por «solidaridad digital»: «ya les di un “me gusta” en Facebook».

Según un estudio de DoSomething.org, una tercera parte de los jóvenes estadounidenses son solidarios y participan en tareas de voluntariado porque algún amigo les ha invitado o son movidos por el testimonio de sus amigos. La amistad con Jesucristo es precisamente el motor de la caridad cristiana. Los cristianos comprometidos en obras de caridad encuentran precisamente en su relación de amistad con Dios las motivaciones necesarias para poner los medios adecuados para transformar la vida de las personas que precisan de una especial ayuda.

«Si un hermano o una hermana andan desabrigados y desprovistos del sustento cotidiano, y uno de vosotros les dijere: “Id en paz, calentaos y saciaos”, mas no le dais lo necesario para el cuerpo, qué aprovecha», escribió el apóstol Santiago en su carta a los cristianos de origen judío dispersos por el mundo.

Aplicando y extendiendo la reflexión de Santiago al ámbito de la «solidaridad digital», a los cristianos y no cristianos dispersos por el continente digital, se puede decir que de poco sirve un «me gusta» si no va acompañado de la acción no sólo de dar sino de darse. Y eso apunta al mundo real donde los «me gusta» se traducen en acciones concretas.

Por Jorge Enrique Mújica | http://twitter.com/mujicaje