miércoles, febrero 13, 2019
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¿Es posible hablar sin saber?

Salta la noticia: un tribunal ha empezado a investigar posibles delitos de un importante político. En seguida, la prensa, los blogs y miles de mentes empiezan a opinar.

Mientras los jueces reúnen pruebas, analizan las informaciones, proceden con mayor o menor pericia, cientos de personas lanzan sus “sentencias” a favor o en contra del interesado.

Muchas de esas sentencias surgen desde un vacío total de pruebas. ¿Cómo es posible esto? Porque hay quienes están a favor o en contra del político en cuestión, y aprovechan el inicio de la causa judicial para lanzar a los cuatro vientos sus respectivos puntos de vista.

Lo extraño del caso es que muchos de los que condenan o de los que absuelven no conocen la realidad de los hechos. Tampoco tienen pruebas ni han analizado los aspectos legales del asunto. A pesar de ello, escriben y hablan con una facilidad que sorprende.

El ser humano, según enseñan algunos filósofos, es un buscador de verdades. Sobre algunos temas, es difícil encontrarlas, especialmente cuando una cortina de humo o cuando la complejidad de algunos asuntos hacen que la investigación sea sumamente difícil.

Por eso es una actitud sapiencial y prudente, sobre tantos temas humanos, esperar antes de hablar. Porque el corazón que ama la verdad y la justicia prefiere analizar bien cada asunto antes de adherirse a una opinión cuando faltan informaciones sobre el mismo.

Otros, sin demasiada prudencia y con actitudes a veces rencorosas, a veces lisonjeras, hablan sin saber. Quizá, porque existe la casualidad, lo que digan sea verdad, y esa verdad un día será probaba públicamente. Pero ello no quita que la actitud interna de quien juzgó sin conocimiento de causa haya sido equivocada.

¿Es posible hablar sin saber? Por desgracia, sí. Como también es posible detener todo juicio cuando nos faltan datos y cuando nuestras palabras pueden absolver a un culpable o condenar a un inocente.

Sólo desde actitudes prudentes y serenas avanzaremos, aunque sea lentamente, hacia sociedades un poco más justas, más equilibradas y más abiertas a la búsqueda de la verdad, sobre todo en aquellas situaciones en las que está en juego la buena fama de personas inocentes.