lunes, marzo 18, 2019
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La gran aventura de mi vida

Siempre quise tener una vida extraordinaria, y pensé muchas formas de lograrlo. Un día decidí que no buscaría más. Dejaría a Dios hacerlo por mí. Por eso una mañana de 1989 me detuve camino al trabajo en un parque cercano. Me sentía cansado del tipo de vida que llevaba. Trabajar, hacer dinero, endeudarme, adquirir bienes…

Era un “loco” soñador. Quería cambiarlo todo. Darle sentido a mi vida. Gastarla en algo que valiera la pena. Algo grande.

Todavía me veo bajándome del auto en ese parque solitario. Estaba por cumplir 33 años. Me senté en una banca, mientras veía a mi alrededor a los que iban apurados a sus trabajos. En ese momento pensé: “Jesús murió a los 33. Yo los cumpliré en una semana”. Entonces tomé una resolución que cambió mi vida para siempre. “A partir de los 33 viviré para Dios”.

Desde ese momento, empezaron a ocurrirme hechos extraordinarios… increíbles. Y me di cuenta que podía llamar a Dios de otras formas: TERNURA INFINITA. AMOR ETERNO. PADRE.

Aprendí el valor de la palabra Misericordia. Su misericordia y Su perdón.

Un día rezando frente al Sagrario me pareció escuchar esta voz interior que me urgía: “Escribe. Deben saber que los amo”. Regresé a mi casa y me senté a escribir y contar mis vivencias y las de otros, con el buen Dios. Desde entonces no he parado.

Dios es celoso de sus hijos. Cuando te decides por Él, hará lo imposible por llamar tu atención y te consentirá como al más amado de sus hijos. Es impresionante! Lo he visto cientos de veces en diferentes personas.

En esos días hacíamos con mi familia, los libros en casa. Todo era artesanal. Recuerdo esas largas horas compaginando, imprimiendo, armando los libros.

Descubrí que podía convertir mi trabajo en oración.

He querido que Dios me lleve en la palma de su mano sin comprender la mayoría de las veces a dónde vamos. Es en esos momentos me repito: “Confía Claudio, debes confiar”.

Quise una vida extraordinaria. En vez de esto encontré algo mejor, la gran aventura de mi vida: la Búsqueda de Dios. Y me siento agradecido por ello.

Cuando te abandonas en las manos de Dios, empiezas a darte cuenta del inmenso Tesoro que tienes disponible. Él abre nuevos caminos, te hace llegar a momentos que nunca soñaste y que son maravillosos.

Seguí escribiendo y fundamos una Editorial Católica y Familiar: Ediciones Anab. Lo increíble era cosa de todos los días. Y continúa siéndolo.

A diario enfrentamos obstáculos, pero la gracia de Dios siempre los sobrepasa.

Tenemos más de sesenta libros, superando la mayoría doce ediciones continuas. Están presentes en librerías de más de 15 países. Y continuamente recibimos testimonios bellísimos como éste:

“En este momento me estoy leyendo “Lo que Dios quiere de mi”. No lo he terminado pero le confieso que hubo una parte en que lloré terriblemente. Sentí una necesidad muy grande de un abrazo de Dios.

Siento que hay tanta gente que ama a Jesús, y, aunque yo estoy plenamente consciente de su poder y de quién es Él, es mucho conocimiento histórico y bíblico. Aun así siento que no lo conozco o no lo tengo verdaderamente en mi vida, por eso cuando leo de esa gente que está enamorada de Él y vive para Él, me pregunto: cómo lograron eso?”

Cada cierto tiempo me parece que el buen Dios me coloca en una encrucijada. Él siempre es Nuevo y sorprendente. Siempre deja una profunda huella en mi alma. Sé que será otro comienzo. Uno mejor.

En este momento te escribo y trato de hallar las respuestas. Anhelo descubrir con mis limitaciones humanas lo qué me pide, qué busca, qué debo hacer.

Anoche casi no dormí. Recé por horas con esta oración de san Francisco: “¿Quién eres Tú, quien soy yo?”.

Luego, extenuado, reconocí lo poco que sé y me abandoné en su Amor: “Soy tuyo… Aquí estoy Señor…”.

Quiero entender tantas cosas.

Mientras, espero, sigo escribiendo, continúo el camino, mi búsqueda de Dios, seguro que algún día lo veré y por fin comprenderé…

www.edicionesanab.net