lunes, abril 22, 2019
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Sínodo de obispos en Roma

Hemos vivido intensa y fructuosamente el Sínodo que ha tenido lugar en Roma el pasado mes de octubre, con el tema “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”.

Eramos 270 padres sinodales de todos los continentes –de muy variadas culturas e idiomas-, así como otros participantes, expertos, auditores y delegados fraternos de diferentes confesiones cristianas.

En espíritu sinodal hemos orado, reflexionado y dialogado sobre la familia a la luz de la misericordia.

Este Sínodo de 2015 dio continuidad y culminó el Sínodo de 2014, el cual a su vez tuvo una preparación con cuestionarios respondidos por las Conferencias Episcopales y diversos Organismos cualificados. De modo que el tiempo de “camino sinodal” abarcó cerca de dos años.

El mismo Papa Francisco, desde el inicio del Sínodo de 2014 invitó a vivir un espíritu de colegialidad y sinodalidad por el bien de la Iglesia y de las familias. La palabra “Sínodo” significa etimológicamente “caminar juntos”. Condición general de base, dijo el Papa, es “hablar claro y con parresía (valentía); escuchar con humildad y acoger con corazón abierto. Todo esto con mucha tranquilidad y paz, porque el Sínodo se realiza ‘cum Petro y sub Petro’ (con Pedro y bajo Pedro) y la presencia del Papa es garantía y custodia de la fe”.

Dado que durante el Sínodo de 2015 hemos celebrado el 50º aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos, fue ocasión para que el Papa Francisco enfatizara cómo en estos 50 años “hemos experimentado de modo cada vez más intenso la necesidad y la belleza de ‘caminar juntos’”.

El Papa Francisco dice también:

“[…] El Sínodo constituye una de las herencias más preciosas de la última instrucción conciliar. […]Verdaderamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia en el tercer milenio.”

“Una Iglesia sinodal es una Iglesia a la escucha, en la conciencia de que escuchar es más que oír. Es una escucha recíproca en la que cada uno tiene algo por aprender. Pueblo fiel, Colegio episcopal, Obispo de Roma: uno a la escucha de los otros; y todos a la escucha del Espíritu Santo”.

“El Sínodo de los Obispos es el punto de convergencia de este dinamismo de escucha conducido a todos los niveles de la vida de la Iglesia”.

Al concluir el Sínodo y recibir de los padres sinodales el documento final, el Papa decidió que fuera publicado, de modo que ya lo tenemos al alcance por los medios electrónicos. Ahí podemos advertir la amplitud y profundidad, la apertura y sobre todo el espíritu de misericordia con que se trató el tema de la familia.

El Papa nos ha insistido en una actitud pastoral de misericordia para atender a muchas familias heridas. Nos recuerda algo semejante a lo que decía san Juan XXIII al inicio del Concilio Vaticano II: “El primer deber de la Iglesia no es distribuir condenas o anatemas sino proclamar la misericordia de Dios, de llamar a la conversión y de conducir a todos los hombres a la salvación del Señor (cf. Jn 12,44-50).”

Y recuerda también posturas idénticas de Pontífices que le han precedido: “El beato Pablo VI decía con espléndidas palabras: ‘Podemos pensar que nuestro pecado o alejamiento de Dios enciende en él una llama de amor más intenso. […] Dios es bueno con nosotros. Él nos ama, busca, piensa, conoce, inspira y espera. Él será feliz –si puede decirse así- el día en que nosotros queramos regresar y decir: ‘Señor, en tu bondad, perdóname’. He aquí, pues, que nuestro arrepentimiento se convierte en la alegría de Dios.”

“También san Juan Pablo II dijo que ‘la Iglesia vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia […] y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora.”

“Y el Papa Benedicto XVI decía: ‘La misericordia es el núcleo central del mensaje evangélico, es el nombre mismo de Dios.”.

De modo que no es novedad el énfasis que el Papa Francisco hace de la misericordia; pero puede sentirse novedoso ante un mundo despiadado y agresivo. Acojamos y unámonos a este llamado cálido y entusiasta para que en espíritu sinodal propongamos, vivamos, anunciemos y celebremos el Evangelio de Jesucristo, que es Evangelio de la Familia y la Vida.