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Corrupción y pecado

“Corrupción y Pecado” es el título de un libro del sacerdote Jorge Mario Bergoglio, ahora Romano Pontífice, publicado en 1991, y del que L´Osservatore Romano (16-8-2016) anuncia su reedición. Lo escribió con ocasión de un caso de violencia e impunidad en La Argentina. Dada la situación que estamos viviendo y lo dicho por el Señor Presidente al  inaugurar la “Semana Nacional de Trasparencia 2016”, pienso nos puede interesar. Allí dijo el Mandatario: “Si hablamos de corrupción, no hay nadie que pueda aventar la primera piedra”, pues “está en todos los ámbitos de la sociedad”. “Todos somos parte de un modelo que hoy estamos desterrando”. Algunas reflexiones del ahora Papa Francisco nos ayudarán a comprender mejor de qué se trata. Cito y acomodo:

1°. “Hoy día se habla bastante de corrupción, sobre todo en lo que concierne a la actividad política. Es una ´palabra cargada´ de significaciones y se corre el riesgo de forzar la reflexión para que se acomode a ella”. No es fácil hablar de corrupción y resulta peligroso reducirla a mecanismos culturales y estructurales.

2°. “Toda corrupción social no es sino consecuencia de un corazón corrupto… porque es del corazón de los hombres de donde salen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos…”, enseña Jesús. No hay corrupto exterior que no lo sea en su interior.

3°. Pero el corazón humano se valora “en la medida en que es capaz de amar o de negar el amor (odiar)”. Por eso Jesús, “nos llama la atención sobre esta adhesión finalística de nuestro corazón inquieto: Donde está tu tesoro allí está también tu corazón (Mt 6,21). Conocer el corazón humano entraña necesariamente el tesoro al que ese corazón está referido”. El tesoro  ennoblece o envilece el corazón.

4°. ”La corrupción está unida intrínsecamente al pecado”, aunque “no hay que confundir pecado con corrupción. El pecado, si es reiterativo, conduce a la corrupción”. “No todo pecado es corrupción”, porque la corrupción tiene una malicia mayor. La acumulación de pecados no hace la corrupción, sino el empecinamiento en él. Es pecado de cualidad.

5°. San Pablo dice de los romanos: “No tienen excusa: en efecto, habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron ni le dieron gracias… Por el contrario, se extraviaron en vanos razonamientos y su mente insensata quedó en la oscuridad”. El corrupto pone su corazón en los ídolos –dinero, placer, poder- y se empecina en ello. Es ciego y no se da cuenta de su ceguera. Por eso, “podríamos decir que el pecado se perdona, la corrupción no puede ser perdonada”.

6°. “En el corrupto existe una (auto)suficiencia básica, que comienza por ser inconsciente y luego es asumida como lo más natural… Es una actitud del corazón referida a un tesoro que lo tranquiliza, seduce y engaña: Alma mí, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida (Lc 12,19)”. Pero el corazón no se sacia. Busca siempre más. La corrupción no se puede ocultar, “es un desequilibrio que sale fuera y, como sucede con toda cosa encerrada, bulle por escapar de la propia presión… y, al salir, desparrama el olor: da mal olor. Sí, la corrupción tiene olor a podrido”.

7°. “De aquí que la corrupción, más que ser perdonada, debe ser curada. Es como una de esas enfermedades vergonzosas que se trata de disimular”. Sólo descubierta se puede curar.

Conclusión: La Trasparencia y la Rendición de cuentas son la manifestación de la enfermedad, no la curación. El remedio está en el cambio de corazón. Dios es el autor, el Evangelio el camino y la Iglesia el lugar.

Mario De Gasperín Gasperín