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El Papa, los Habsburgo, el Emperador

El 5 de noviembre de 2016, el papa Francisco recibió en el Vaticano a más de 300 integrantes de la familia Habsburgo. “Me alegra recibirlos con motivo de la peregrinación jubilar que han efectuado como familia”, les dijo el Papa.

La Casa Habsburgo ya no es reinante aunque fue una de las más poderosas de Europa gobernando principalmente a Austria y España entre los siglos XIII y XIX. El primero de los Habsburgo fue Maximiliano I, abuelo de Carlos I de España y V de Alemania.

La dinastía se dividió en 1521 con el inicio de una rama austriaca además de la española. A partir de 1556, los de Austria heredaron el título de emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico. Ambas ramas desaparecieron en el siglo XVIII, pero surgió la rama de los Habsburgo-Lorena con la descendencia de María Teresa, la última de los austriacos, quien contrajo matrimonio con Francisco Esteban, Duque de Lorena.

Con la disolución del Sacro Imperio Romano Germánico en 1806, con Francisco I como emperador, nació el Imperio Austro-húngaro, que prevaleció hasta 1918 con su derrota en la Primera Guerra Mundial.

Formaron parte de la dinastía, el emperador de México, Maximiliano I, y el beato Carlos de Austria, de quien el papa Francisco refirió a sus familiares: “Carlos de Austria fue ante todo un buen padre de familia, y como tal, un servidor de la vida y de la paz. Había conocido la guerra, porque fue soldado raso al comienzo de la Primera Guerra Mundial. Asumió el reino en 1916, y sensible a la voz del Papa Benedicto XV, hizo todo cuanto estaba en su mano por la paz”.

El emperador de México, Maximiliano I, segundo hijo del archiduque Francisco Carlos de Austria y de Sofía Guillermina de Wittelsbach, Princesa de Baviera, nació en Budapest el 6 de julio de 1832. Mientras él se formaba en la Marina, al otro lado del mundo, en México, el anhelo de un Estado monárquico independiente motivó al pueblo mexicano a proclamar a su libertador, Agustín de Iturbide, como su emperador. Lamentablemente, el imperio de Agustín I de México sólo duró nueve meses, pues se impuso un gobierno republicano promovido y financiado por Estados Unidos y la masonería, que lo destronó y asesinó. Pocos años después, tras una derrota republicana gracias al apoyo militar de Francia, se encomendó al Partido Conservador encontrar un príncipe europeo católico que sí respetara las tradiciones de la nación a fin de restaurar el Imperio mexicano.

Maximiliano de Habsburgo-Lorena llegó a Veracruz con su esposa, Carlota Amalia, el 28 de mayo de 1864. Al encontrarse con un pueblo dividido por las guerras, decidió unificar a la nación, gobernar con justicia, abolir el trabajo de niños, cancelar deudas de los campesinos, prohibir castigos corporales y restaurar la propiedad común, en lugar de servir a Francia. En consecuencia, Napoleón III retiró sus tropas en 1867; pero Maximiliano también se había negado a regresar a la Iglesia sus bienes expropiados por la masonería republicana, una extraña negativa que provocó que la Santa Sede y los conservadores mexicanos le retirasen su apoyo. El Emperador, sólo y sin protección, prefirió quedarse en México y enfrentar con su reducido ejército el sitio de Querétaro, donde los masones lo apresaron y ejecutaron.

Antes de morir fusilado junto con sus generales, el 19 de junio de 1867, el emperador de México entregó una moneda de oro a los siete soldados del pelotón y proclamó: “Perdono a todos y pido a todos que me perdonen y que mi sangre, que está a punto de ser vertida, se derrame para el bien de este país; voy a morir por una causa justa, la de la independencia y libertad de México. Que mi sangre selle las desgracias de mi nueva patria. ¡Viva México!”. La emperatriz Carlota murió trastornada de la mente 60 años después, en 1927. En sus momentos de lucidéz buscaba al Emperador.

Durante su encuentro con los Habsburgo, el papa Francisco les invitó a considerar que la presencia espiritual del beato Carlos Habsburgo entre ellos, propicie que esta familia “no mire al pasado con nostalgia, sino que, por el contrario, sea una presencia activa en el hoy de la historia, con sus desafíos y sus necesidades. De hecho, algunos de ustedes desempeñan papeles de primer orden en las organizaciones de solidaridad y promoción humana y cultural, así como en el apoyo al proyecto de Europa como una casa común asentada en valores humanos y cristianos” y les aseguró: “Acompañaré con la oración el camino de su familia”.

Actualmente, la cabeza de la dinastía es el archiduque Carlos de Habsburgo-Lorena.

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